El viaje
Queridas caris:
Como en muchos aspectos de la vida social, nosotras tenemos una gran desventaja a la hora de preparar un viaje. Esta honda reflexión me venía a la mente mientras me sacudía un sobresalto contemplando a Susan Sarandon en una escena de cama de Pasión sin barreras (1991), que relata los encuentros sexuales entre una mujer y un hombre de edades y clases sociales diferentes. La Sarandon luce en ella un cuerpo estupendo… y, además, una pelambrera en las axilas que casi me hizo caer del sofá.
No pude terminar de ver la peli. El motivo no fue el mencionado susto, sino mi santo que, como es habitual en él, me sacó de mi enmimismamiento al grito de “¡¿Todavía no has hecho la maleta?!” (escribo los signos de interrogación y exclamación porque aún no he dilucidado si fue una pregunta o una interjección).
Claro, ellos lo tienen fácil: meter la ropa (eso suponiendo que se hagan su propia maleta, que no es el caso de todos); y, como mucho, afeitarse antes de salir. Pero a nosotras la cosa se nos complica muchísimo más. Dejando aparte toda la intendencia que hay que dejar prevista cuando te marchas dos o tres días -tanto si los colocas como si dejas en casa hijos, suegros, padres, perros, gatos o plantas (incluso todo a la vez)-, mi estado previo de revista personal incluye las siguientes dudas:
• ¿Debería ir a la pelu? (pertinaces raíces blancas asomado descaradamente sobre el tinte castaño)
• ¿Y depilarme? (enhiestas y negrísimas cerdas en la “línea del biquini”, en las piernas, alguno en la barbilla –cosas de la edad- y un sombra sobre el “labio superior”)
• ¿Manicura y pedicura? (aún me muerdo los pellejos; para los pies necesito una lupa porque ya ni me los veo)
• ¿Algo de bronceado exprés? (no he estrenado todavía las toallitas bronceadoras que me recomendó Esther)
Como en muchas familias, procuro estrujarme el cinturón y sacudirme los gastos superfluos. Entre ellos, peluquería, depilación, pedicura, manicura y cabina de rayos UVA, aunque nunca he llegado a ejecutar esta última partida presupuestaria, como os contaba hace poco.
Pero hacerse una misma todo eso supone tiempo, mucho tiempo. Y al igual que hace ya décadas que mis equipajes son bastante livianos (el aprendizaje comienza cuando los niños son pequeños y tienes que reducir tus propios bultos ante sus porsiacasos), también he aprendido a relativizar mi equipaje de dudas.
¿Canas? Un poquito de maña con la laca y el cepillo. ¿Manicura y pedicura? Si hay tiempo, bien; si no, lo justito: cortar y limar. Sin embargo, no consigo pasar por alto la depilación: quizá porque he interiorizado tanto un determinado concepto estético que me veo sucia y deslucida cuando asoma el vello enemigo.
Siempre he sentido envidia de las guiris que visitan nuestras playas sin pudor alguno de mostrar sus pelambreras axilares o perniles. A Dios gracias, las cosas han evolucionado mucho y ya tenemos epiladies y ceras tibias o frías (¿os acordáis de los berenjenales con el cacharro y la peste a cera por toda la casa?). Y siempre nos quedará la cuchilla para salir del paso.
Lo dicho: pasa una eternidad hasta que puedo hacer la maleta. Me marcho con un grupo de amigos (somos 18: en nuestro entorno no existe la expresión “petit comité”) a La Rioja. Organizamos cada año unas jornadas gastronómicas que tocan ahora en ese rincón privilegiado de nuestra geografía. Y mientras ellos se van a catar lo que quede de vino, nosotras hemos decidido cortar la maratón de comercio y bebercio (también hay visitas culturales, no vayáis a pensar…) con una escapada a un spa durante una tarde entera. He aquí la clave de mi obsesión depilatoria.
¡Feliz puente de San Isidro a todas las que podáis disfrutarlo!

5 Comentarios
1. Esther | Mayo 14, 2009 at 20:03
Querida Hannah:
Recuerdo a mi hermano, en su época de conquistador internacional, diciéndonos a las hermanas ante la vista de unas axilas pelín pobladas: ¿¿¿¿Es que sois italianas???? (en mi lejana adolescencia todavía las italianas no se depilaban). Mi termómetro del tiempo son mis uñas: si tengo tiempo, las llevo pintadas (además a mí me gustan bien coloreadas, nada de tonos “nude” ni nada de eso), si no, pues corta, lima y ya está. Es verdad que ahorras dinero, pero nunca sacas tiempo de hacerte cosas.
En lo que concierne a la línea del bikini, no sé si depilarme por fin o comprarme unas cuentecitas de colores para hacerme trencitas… No añadiré más. Pero si me fuera con vosotros a La Rioja (la envidia me corroe, aunque con la semana que llevo estaba deseando coger el fin de semana y no moverme nada de nada) seguro que algo me hacía, porque la verdad es que da un poco de angustia tanta pelambrera. Yo doy gracias por ser rubia (bueno, por haber sido rubia, ejem) y tener un vello que no se ve, si no ríete tú de la línea del labio superior…
¡A disfrutar, chicas!
2. Maria Coimbra | Mayo 15, 2009 at 20:42
Al final todas coincidimos en los problemas esos agobiantes que tapan con mucho acierto los de verdad.
El tiempo que pasamos preocupándonos por esas cositas hacen que todo lo demás parezca algo obligatorio y por tanto con la preocupación justita. Ya sabemos que está, que no tiene solución, que tenemos que vivir así. Pues venga, vamos a preocuparnos por cosas que pueden estar o no y que nos hacen un poquito felices cuando mejoran.
Lo de los flecos en los cucos, porque claro, no van a ser míos, es horroroso. Y mientras trato de solucionar eso paso un buen rato, hasta que llega el tirón de la cera. ¡juerrrrrr! Aún me acuerdo de la primera vez -más que de la otra- que me hicieron la cera. ¡qué dolor!. Al final, el dolor es el mismo, pero el cuerpo se acostumbra. O al menos eso decía mi madre ante todo tipo de dolores.
Las uñas me gustan de colores de esos que se notan. Claro horrorosos las más de las veces. Pero las tengo bonitas. Y mientras me miran las manos, no ven que la cara va lavadita y que a poco que me descuide hay algo de sombra por ahí encima también. Sin embargo las de los pies, nada de nada, cortísimas y ya.
Pero a la hora de hacer la maleta lo que más me incomoda es echar mano, a última hora, claro, de la lista esa que voy preparando una semana antes. Que no se me olvide…… y son tantas cosas que al final parezco un dibujito animado de un lado a otro de la casa.
Pero pensar en tres días fuera , merece la pena.
Venga Hannah, disfruta, y piensa que ojalá tuviéramos que estar haciendo maletas cada poco para pasarlo bien con los amigos.
Y lo de la intendencia, pues mira que se apañen. Que al final todos son capaces de salir de todo.
Para las que tengan la suerte de pillar los tres días, ¡PASADLO BIEN POR VOSOTRAS Y POR LAS QUE NOS QUEDAMOS!
3. RM | Mayo 17, 2009 at 18:08
Querida guapa, no te preocupes de esas cosas y disfruta, no te pase como a mi que el primer día comí judías y me cayeron mal para el resto, todos con el vinito y alegres y yo con cocoa cola y mustia, todo el mundo me preguntaba que era lo que me pasaba.
Me llevaban un montón de ventaja en alegría y eso es lo que importa.
Seguro que estás guapísima y divina de la muerte, bebe y disfruta que bebiendo vino bueno como es el de la Rioja nadie se va a fijar si llevas o no las uñas pintadas, ríete que es lo único que la gente valora.
4. CarlaVidal | Mayo 17, 2009 at 20:31
Pues es verdad que entre las uñas, la pelu, y los pelos se complica bastante la maleta. Y mucho más por estas fechas. Pero lo que no perdono son mis bolas chinas, las he descubierto hace unos meses y ya no pueden faltar en mi maleta.
Echad un vistazo al blog de las bolas chinas http://lasbolaschinas.wordpress.com te explican sus propiedades, como se utilizan, como se colocan, experiencias, …
Carla
5. Valle | Mayo 18, 2009 at 14:29
Hola chicas:
Con eso de hacer las maletas hay que tener mucho cuidado chicas y si no…
El marido llama a la casa y le dice a su señora, cariño me acaba de salir una oportunidad única para irme de pesca por una semana, pero me tengo que ir ya. Por favor, prepárame el equipaje con las cosas de pescar, ropa y no se te olvide el pijama azul de seda.
Una hora más tarde pasa por su casa y su señora le tenía todo listo.
Se despide y se va.
A la semana regresa y la señora le pregunta:
Cómo te ha ido?
Bárbaro, le contesta él. Lo único que te olvidaste fue del pijama.
A lo que la mujer con una sonrisa le responde:
No, no me olvidé. Lo puse en la caja de los anzuelos.
Besazos a todas, jajajajajajajajaja.
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