Lujos
Queridas caris:
Hablar de lujos con la que está cayendo parece, cuanto menos, superficial. Sin embargo, observo que en los medios de comunicación aparecen cada vez con más frecuencia reportajes sobre artículos y servicios que –desde siempre- han estado sólo al alcance de una minoría. Es como si las marcas destinadas a los ricos dijeran algo así como “Vale, pero a nosotros y a nuestros clientes esto nos importa un higo”. Todo escudado en un “No pensamos rebajar la calidad de nuestros productos aunque vendamos menos”. Y aún tiene una que leer soplagaiteces tipo “El lujo hace soñar a los que menos tienen”. Con su pan se lo coman (esas firmas y los que pueden comprarlas).
Nadie duda ya de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Estoy segura de que todas conocéis a algún vecino o amigo sobre el que os habéis preguntado en algún momento cómo podía comprarse ese cochazo con su sueldo o veranear con toda la familia en Cancún.
Sin generalizar, las que hemos trabajado para la empresa privada también sabemos algo de la avaricia por los beneficios a costa de sueldos indignos, trabajos temporales y desprecio absoluto por el capital humano. Expresiones tan de moda como “gestión del talento”, “responsabilidad social corporativa”, “transparencia” o “ética empresarial” no han sido sino meros floreros (sin agua ni flores) en algunas compañías. Y como siempre, los primeros que se van al traste son los más débiles del sistema: trabajadores y autónomos, que suponen el 80% del entramado empresarial español.
Esto no quiere decir que abomine del sistema de libre mercado, ni que piense que todos los empresarios estafan. Nada más lejos de mi opinión: quiero creer que la mayoría es gente emprendedora que se arriesga y crea empleo.
Luego están los políticos. Tampoco dudo de que muchos sean honrados, pero la ventaja de vivir en un pueblo pequeño es que puedes observar de cerca cómo algunos alcaldes entran con un Panda y salen en un Audi 8. O cómo la misma rotonda va por su enésima obra para colocar una escultura absurda. Pero no hay dinero para un simple censo de personas con discapacidad, un centro especial de empleo o más trabajadoras sociales.
Hace unos días también me llamaba la atención un curioso artículo. Explicaba que, en épocas de crisis, se dispara la venta de productos cosméticos. Si durante la Gran Depresión del 29 en Estados Unidos batieron récord los pintalabios, resulta que ahora, en España, las mujeres estamos arrasando con maquillajes, coloretes y sombras de ojos. Eso sí, de marca blanca: nada de chaneles, diores, ni lancômes, sino más bien de Kristian Dios, como diría nuestra impagable Valle.
Mi legendaria ignorancia inlcuye los temas económicos, lo que quiere decir que no tengo las recetas para salir de la crisis. Pero intuyo que algo tendrá que ver la vuelta a determinados valores. No estoy hablando de religión (aunque respeto a quienes la tienen o vuelven a ella), sino más bien de la diferencia entre el ser y el tener.
Ésta es una muestra de mis lujos:
• Cinco minutos de cosquillas en el sillón con mis hijos.
• A falta de presupuesto para el spa, que mi santo me haga las burbujas en la bañera de casa.
• Redescubrir al fondo del armario una blusa que, veinte años después, ha vuelto a ponerse de moda.
• Pasear por el campo con mi perro.
• Escuchar el silencio.
• Conseguir que mi cabeza deje de funcionar como una olla exprés durante tres minutos seguidos (la brocha gorda –versión paredes y muebles- ha sido mi salvación y vocación tardía).
• Dormir más de tres horas seguidas sin despertarme.
• Ver el mar desde mi cama en Galicia.
• Hacer las paces con mi cuerpo y mis achaques menopáusicos.
• Prescindir de la gente que no me interesa.
• Engancharme a un libro, aunque los críticos le resten valor al tacharlo de best-seller (me ha pasado con los de Stieg Larsson)
• Al igual que Nora, compartir con vosotras este blog como si fuéramos viejas amigas alrededor de un café y descubrir gente nueva. ¡Bienvenidas Cata y María Coimbra!

8 Comentarios
1. Valle | Mayo 6, 2009 at 15:02
Hola Hanna:
Con la rapidez de la vida, y no estoy hablando de los años, que también, si no de nuestra sociedad, la mayor parte de las veces se nos olvida que somos seres terrenales y espirituales. La realidad es que resulta más fácil y da menos pereza cultivar lo primero que lo segundo. Pero si hay una cosa que sabemos las cuarentañeras por experiencia, es que, si no cuidamos la mente, el cuerpo sigue su lógica decadencia y nos quedamos en nada. Por eso, mis lujos los podría resumir en:
- Un café recién hecho por la mañana y tomado sorbito a sorbito sin prisas.
- Una siesta de pijama sabiendo que al despertar queda mucha tarde-noche por delante (puede parecer una pérdida de tiempo, pero a veces es necesario).
- Un paseo por el campo con la cara lavada, sin artificios y con mi perrita. Sentarme en una roquita al final del camino a mirar hacia el horizonte, sin pensar en nada, solamente mirando las nubes, el lago y sintiendo la brisilla en la cara.
-Jugar al escondite con mi gatito Merlín.
-Una peli interesante con mi chico comiendo palomitas y tapados con una mantita una tarde de sábado invernal.
Un baño caliente y oloroso un domingo sin hora.
- Sentarme en mi sillón y ver fotos de mi infancia con nostalgia, recordando anéccdotas de cada una de ellas, mientras me como ( a mi edad, jeje) una bolsa gigante de chuches, que me hace sentir más vívido ese recuerdo.
En general, todo lo que llena tu espíritu es un lujo sin más.
Besitos chicas.
2. Valle | Mayo 6, 2009 at 15:34
Chicas:
Y como me puse un poco nostálgica con eso de las fotos, os diré que un verdadero lujazo es tener una pandilla de amigas de la infancia, con “el mismo tipo” de madre, de esas de las de antes para recordar comentarios como estos, ¿no os suenan?, jajajaja, todas dijeron lo mismo una vez:
-Mi madre me enseño METEOROLOGIA:
‘Parece que ha pasado un huracán por tu cuarto.’
-Mi madre me enseñó VERACIDAD:
‘¡¡Te he dicho un millón de veces que no seas exagerado!!’
-Mi madre me enseñó MODIFICACION DE PATRONES DEL COMPORTAMIENTO:
‘Deja de actuar como tu padre!!!!!’
-Mi madre me enseñó habilidades como VENTRILOQUIA:
‘No me rezongues, cállate y contéstame: ¿Por qué lo hiciste?’
-Mi madre me enseñó LENGUAJE ENCRIPTADO
‘No me, no me… que te, que te…’
-Mi madre me enseñó técnicas de ODONTOLOGIA:
‘Me vuelves a contestar y te estampo los dientes contra la pared!!!’
-Mi madre me enseñó GEOGRAFÍA DE ESPAÑA:
‘¡Como sigáis así os voy a mandar a uno a Cádiz y al otro a La Coruña!’
-Mi madre me enseñó BIOLOGÍA:
‘¡Tienes menos cerebro que un mosquito!’
-Mi madre me enseñó LÓGICA:
‘Mamá, ¿qué hay de comer?” ¡COMIDA!’
-Mi madre me enseñó RECTITUD:
‘Te voy a enderezar de un tortazo!!!’
En fin, madre no hay más que una.
3. maria coimbra | Mayo 7, 2009 at 1:43
Con los anuncios o los programas que explican en qué gastan el dinero algunos, yo alucino, pensando que haya gente que de verdad no tenga conocimiento de lo que cuesta ganar el dinero.
Hace poco vi en un programa de tv cómo enseñaban un móvil de porcelana negra con las teclas de oro. (alucinante). Creo que eran 24.000 euros.
No aspiro a eso, nunca lo he hecho. Aún en Diciembre cuando se acerca la lotería, que es en la única en la que juego dos décimos para compartir con la family mi idea del disfrute del dinero es absolutamente distinta.
Hace ya tiempo que entendí que los lujos que a una le hacen feliz son absolutamente gratis.
Como habéis descrito los vuestros sólo diré que los comparto, van en esa línea.
Un libro, que puede ser comprado, de la biblioteca, prestado por alguien, de bolsillo, virtual. Vamos que no me trastoca el presupuesto de casa.
La siesta de hora y piiiiiiiiiiiico. Y claro el trasnoche añadido, que puede ser para leer este blog.
Un ratito (o ratazo) con el contrario.
Trabajar al ladito de casa, que me permitió llevar a mis hijos al cole y recogerlos como cualquier mamá que esté en casa todo el día.
Llamar madrugar a levantarse a las siete y disfrutar de un desayuno tranquilo como el de Valle.
Y en algunas tardes libres ponerme, como me enseñó mi madre, a reciclar un pantalón vaquero haciéndome un bolso para el verano. Que adorno con bastante mal gusto y es un cantazo. Pero que me sirve de bolso y para alegrar el ojillo a las amigas.
Ya dije que mi sentido del ridículo quedó atrás.
Lo de los cosméticos, pues también pasó. Antes salir sin darme el brochazo era como salir desnuda. Un día me planteé qué pasaría si salía con la cara lavada, y pasó que mi sonrisa se hizo más habitual, que no me preocupaban las lágrimas de pena o de risa por el rimmel, y que podía dar besos de verdad, en las mejillas o en los labios sin temor a dejar el manchurrón.
Así que ahora, las cremitas que no falten para que la cara no pique y que las arrugas se mantengan a raya, pero poco más.
Y el ratito de juego con mi gata “Grapadora” no se puede comprar en ningún sitio.
Además esta noche, así como por añadidura me ha hecho sentir bien el saludo de Hannah. -Gracias-
En fin, que ni lo ser cincuentañera me amarga la existencia.
Recordáis la vieja canción, creo que de Cafrune, que decía “Solamente lo barato se compra con el dinero”. Pues eso.
4. maria coimbra | Mayo 7, 2009 at 1:49
Valle, creo que no nos conocemos, pero el tipo de mi madre también era ese.
Qué ilustradas estas mujeres. Qué amplitud de conocimientos. Y sobre todo qué capacidad para que los aprendiéramos. Otra cosa es que los aplicásemos. Pero vamos que por ellas no quedó.
A mí, de vez en cuando, me venía una especie de sentido de culpa. Algo así como “a buenas horas mi madre iba a tolerar esto”. Vamos que me sentía acomplejadilla a la hora de educar a los críos. Aún así, creo que no me ha salido mal.
Pero dónde va a parar, mis dotes y las suyas, nada que ver.
5. Cata | Mayo 7, 2009 at 12:37
Hola Hannah!!!muchas gracias por la bienvenida oficila!me ha hecho mucha ilusion. Me presento soy tu compañera del blog de al lado Catatendencias bueno mi pseudonimo es Cata pero en realidad me llamo Gracia y mucho antes de empezar a escribir el mio, ya te seguia a ti. Me gusta mucho la frescura con la que cuentas todo, tu manera las cosas de una manera tan cotidiana y porque no como tu dices imaginar que estamos un grupo de amigas alrededor de una mesa charlando de nuestras cosas. Es la gran ventaja de lo blogs, al final se crea uan pequeña familia.besos
6. Esther | Mayo 8, 2009 at 19:42
Recuerdo el título de un libro de un francés que tuvo mucho éxito que se llama “El primer trago de cerveza y otros placeres pequeños de la vida”, o algo así. Cualquier motivo es bueno para disfrutar, apunto unos cuantos que resumen mi vida última:
Llegar a casa cansada, pero pensando: “vuelvo a casa, qué bien”.
Los días que la luna es de esas gigantes y darte cuenta, y mirarla.
Comprarte algo tonto, como un lápiz o una horquilla, y salir tan contenta de la tienda.
Que un amigo del que hace tiempo no sabes nada te llame.
Que saques la ropa de verano y encuentres un jersey del que no te acordabas.
Que te digan que recuerdas a Isabella Rossellini (lo siento, pero esto lo tenía que contar, ja ja ja, yo misma me río)
Besos
7. RM | Mayo 9, 2009 at 19:20
Guapas y caris todas.
Seré de otro mundo pero no tengo (a parte de los problemas generales de la crisis que me afecta como DAEBI) ningún problema.
Ni nostalgia, ni sofocos, ni melancolía, nada de nada.
Siempre he valorado todo y disfrutado de la vida y ahora sigo haciéndolo dentro de mis posibilidades que por culpa de la recesión han menguado,aunque no me quejo en absoluto de nada.
Mi marido es empresario serio y luchador y ha dado mucho trabajo y buenos sueldos a los empleados cuando había trabajo , ahora todo ha cambiado, y de momento tenemos que esperar que cambie el ciclo, siempre comento lo mismo: ojalá fuera como antes, todos estaríamos mas contentos.
Besos
8. NORA | Mayo 12, 2009 at 10:16
hola a todas
En realidad, si me paro a pesar, lujo es todo lo que me rodea: hijos sanos y fuertes, un marido que me quiere, salud, economía más o menos estable (con los tiempos que corren…). Sólo me hacía falta un poquiiiiiito de tiempo para mí, y, de repente, la oportunidad: ¡ Me he apuntado a clases de salsa!
Estoy disfrutando como loca ese rato en el que no pienso en otra cosa que sea no pisar a mi pareja, no derrapar en los cambios de paso y no caerme al suelo de la risa por los comentarios de mi amiga Rosa…. En fin, que vuelvo a casa feliz, como nueva.Todo un lujo.
Besos
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