Archivo de Febrero, 2009

Febrero 25, 2009

Pé y Margarita

oscar011.jpgQueridas caris: Hoy pensaba hablaros de Pé. No he visto Vicky, Cristina, Barcelona, la peli por la que ha conseguido el Oscar, y no puedo opinar sobre su trabajo en ella. Pero me he alegrado muchísimo por el galardón: como española, como casi vecina suya y porque estoy hasta el moño de las envidias patrias con los que triunfan dentro y fuera de nuestras fronteras. Nunca hay trabajo y esfuerzo detrás, sino sólo mucha suerte según estos agoreros.
Aunque mi santo aún intenta convencerme de que refrene mi entusiasmo excesivo, no descarto la idea de colgar una pancarta descomunal en la terraza con el mensaje “¡ENHORABUENA! TE QUEREMOS, PÉ”.
Observaba en la alfombra roja los trajes haute côture (traducción: de los que cuestan el sueldo de un año), las joyas (el de diez) y el glamour (que no tiene precio, ¿o sí?), cuando algo me crujió en el cerebro. Por esas extrañas conexiones de mis neuronas, un nombre y una imagen aparecieron en mi mente.
En el último día de clase, siempre muestro a mis estudiantes de Comunicación un vídeo antes de llevármelos al bar de la esquina para celebrar el fin de la tortura (soportarme durante varias sesiones de tres horas cada una). La mayoría me odia un ratito porque se emocionan tanto que no pueden reprimir las lágrimas (se les pasa en seguida con las cañas).
Al final, repito cada año las mismas palabras: de estas imágenes extraigo dos conclusiones. La primera, que -sea cual sea nuestra situación en la vida- no conviene olvidar nunca en qué lado del mundo y de la sociedad hemos caído. La segunda no es importante porque es académica.
Recurro a estos cinco minutos y medio cada vez que me entra un ataque de conmiseración conmigo misma, mi situación familiar / laboral o mis circunstancias vitales. Os presento a Margarita Rojas:

Ver el vídeo: http://nadietanfeliz.blogspot.com/2008/10/blog-post.html

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Febrero 19, 2009

Tópicos

vino.jpgAviso a navegantes:

• Me gusta leer revistas, pero no sólo las que tratan de cocina, belleza, salud, moda, decoración, hijos (que también)… También las de actualidad, psicología, historia, literatura, sociología, política internacional… Nunca me compro las de cotilleo, pero sí las leo en la pelu.

• Me encanta la tele. Tras una interminable jornada laboral-familiar, considero un lujo tirarme en el sofá para desconectar viendo un capítulo de CSI, una gala de Gran Hermano o un debate de 59 segundos. A veces, incluso, soy capaz de ver los tres programas al mismo tiempo. Aunque a otras horas, también me engancho a algunos documentales. Prometo que soy la misma persona.

• Veo la tele y también me apasionan los libros. Y los leo.

• Estoy segura de que, si la menopausia tiene en mí efectos psíquicos adversos, no serán por “perder la capacidad de engendrar hijos, que generará una crisis de identidad” (juro que lo he leído hoy mismo). Es más, estoy deseando perder de vista tanto esa capacidad como a su prima, la señora de rojo que sale en los anuncios de compresas.

• No es mi caso, pero tengo amigas a las que les gusta ver el fútbol. Y saben tanto o más que ellos del tema (o sea, casi nada). Y no comparto la idea de que, si no has jugado cuando eras niñ@, no puedes opinar de deportes. ¿Cuántos tíos conocéis que hayan conducido un fórmula uno para que puedan hablar con conocimiento de causa sobre Fernando Alonso?

• Cuando me reúno con mis amigas, hablamos de trapos, sí. Y de sexo y de política y de la crisis y de nuestros hijos y de nuestros padres y de nuestros trabajos. Y también de ellos.

• Estoy hasta el gorro de las dietas de la alcachofa, la sopa de cebolla, la piña y el pomelo. Sé de sobra lo que es una dieta equilibrada. Intento practicar 30 minutos de ejercicio al día (aunque casi nunca lo consigo). Conozco los cambios de mi cuerpo con la llegada de la menopausia y no por ello voy a renunciar a una chocolatina o a una copa cuando me apetezca.

• Me gusta el sexo, a pesar de mi edad. Y espero que me siga gustando durante mucho, mucho tiempo.

• Y me ha chiflado esta frase: La vida no debería ser un viaje a la tumba con la intención de llegar seguras, con un cuerpo atractivo y bien conservado; sino un viaje para llegar patinando al otro lado, con una tableta de chocolate en la mano y una copa de vino en la otra, hecha polvo y gritando: ‘¡Uaaaaaauuuu… menudo viaje!’.
Desconozco a su autora, pero brindo con vosotras por ella mientras me zampo un bombón.

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Febrero 10, 2009

Hoja Excel

etxebarria.jpgQueridas caris:

El patio está tan revuelto que da miedo hasta asomar la gaita por la ventana. Me refiero a la crisis. Todos los días llegan a mis delicados apéndices auditivos noticias de despidos, ventas y cierres de medios. Todas las semanas recibo la llamada y el currículum de algún compañero “por si te enteras de algo por ahí”. Da miedo. Porque muchas de esas empresas siguen dando beneficios, aunque no tantos como en años anteriores, claro. Como el civismo, la moralidad y la ética no son valores que estén en alza.
Hoy me ha llegado una nueva modalidad de castigo laboral. A una amiga y colega la han trasladado de sección… y al carajo veinte años de carrera. O eso, o a seguir soportando el acoso laboral con horario de 14 a 22 horas incluido.
Mi amiga tiene cuatro hijos, dos de ellos aún muy pequeños y otros dos en la universidad. No había muchas alternativas. Para colmo, se lo han vendido como un “proyecto de gestión para demostrar sus dotes organizativas de cara a su futuro profesional”. La jeta de la jerga es de juzgado de guardia.
Es cierto que ella es una profesional muy organizada. Y, como todas, tiene que hacer malabarismos para sobrellevar (lo de conciliar es un decir) la familia y el trabajo.
Así que hemos llegado a la conclusión de que, al paso que vamos, tendremos que aprender a usar las hojas Excel hasta para planificar un kiki con nuestras parejas. (Además de excelente profesional y mejor madre, mi amiga tiene además un sentido del humor por el que sus jefes deberían pagarle un plus. A mí siempre me duele la mandíbula después de hablar un rato con ella. Y eso es impagable.)
Llego a casa y recibo un correo de Nora (una de mis proveedoras habituales) con un texto de Lucía Etxebarría, del que os reproduzco una parte:
Nuestra sociedad ha convertido el goce en un modelo, y el goce inmediato en el valor supremo.
Y un niño no es goce ni inmediatez.
Un hijo implica renuncia y perspectiva.
Y sobre todo, implica aceptar que la perfección no existe.
Usted, que me lee ¿está con los nervios de punta porque no le da tiempo a
hacer todo lo que debería?, ¿tiene diez kilos de más?, ¿no tiene tiempo
para ir al gimnasio y, si lo tuviera, lo emplearía en dormir?, ¿desearía
que a veces fuera él el que se ocupara de la compra, de la colada, de los
biberones y de la visita al pediatra?, ¿a veces se enfada, a veces está
harta, a veces llora y a veces, mucha veces, no está en condiciones de dar
lo mejor de sí misma?
Estupendo.
Bienvenida al Club de las Malas Madres.
Recuerde: no somos las mejores pero somos la mayoría. (*)

Lucía es una madre joven. No sabe que esas emociones no remiten al crecer las criaturas y madurar nosotras. Son como el conejito de Duracell (las emociones, digo): duran y duran y duran.
Hoy me ha salido un poco depre, caris, pero es lo que hay.

(*) Para leer el texto completo, pincha aquí

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Febrero 3, 2009

EpCC

hanahcivil.jpgQueridas caris:

El título de este post no es una errata. He seguido de lejos la polémica sobre la asignatura Educación para la Ciudadanía. “De lejos” quiere decir que no he leído ni uno sólo de los libros en los que se explica, así que no puedo opinar con conocimiento de causa. Pero lo que sí propongo es impartir una materia que se llame Educación para la Convivencia Cívica. Desde el jardín de infancia, pasando por Primaria, Secundaria, ESO, Bachillerato, FP, formación universitaria, masteres varios, administraciones locales, autonómicas y estatales; y hasta en las empresas públicas y privadas
Ya está dicho. Deduciréis, mis hábiles lectoras, que Hannah Malauva se ha levantado hoy con ese ánimo que hacer honor a su apellido. Pero no es para menos. Os cuento.
El sábado pasado me pilló de lleno la segunda nevada de la temporada volviendo a Madrid desde Galicia. Monumental atasco en el túnel de Guadarrama porque la A-6 estaba cortada en el kilómetro 36. (Inciso: si España estuviera en latitudes nórdicas, pongamos por caso, ¿nos colapsaríamos cada dos por tres de esta manera?)
A la entrada del túnel, los carteles luminosos señalaban claramente (con un aspa roja y con letras) que el carril izquierdo estaba cortado y no se podía circular por él, reservado al paso de la máquina quitanieves. Ante mi sorpresa y la del resto de los conductores que respetamos aquella prohibición, no uno, ni dos, ni tres coches, sino toda una caravana de listos –que, con su actitud, nos estaban llamando imbéciles a los demás- se adentraron por aquel carril en el túnel. Luego, claro, colapsaban la salida al tener que incorporarse a la fuerza –por la nieve- al carril de su derecha.
Todavía no me he recuperado. Como tampoco he podido asumir aún que las vacas de la Cow Parade dispersas por Madrid hayan padecido los mayores destrozos conocidos en cualquier país por el que han pasado. Como sigo sin entender por qué ya nadie respeta el “dejen salir antes de entrar” en los vagones del metro. Y no digamos ceder el asiento a una mujer embarazada o a una persona mayor en el transporte público. Al igual que me avergüenzan los coches en doble fila porque “total, son cinco minutillos de papeleo en el banco” (que alguien tiene que perder por tu cara bonita si le has bloqueado); o porque “tengo que dejar a los niños en el colegio” (algunos de ellos carísimos); o porque “voy a comprar pan y no tardo nada”.
Hace unas semanas, un joven amenazó con “rajarme la garganta” porque buscó mi complicidad cuando un señor mayor –cuyo coche había bloqueado- le dijo que era una falta de civismo, máxime habiendo sitios de aparcamiento disponibles. Por supuesto, se la negué. Además de soltarme la lindeza, se subió en su automóvil dispuesto a empotrarse contra el mío… con mi hijo pequeño dentro. La autocensura me impide reproducir aquí lo que salió por mi boca (¡con lo que invirtieron mis padres en la educación de la nena!).
Y una guinda para el pastel: dos señoras, británicas ellas, haciendo cola en dos cajas del súper abarrotado de gente. Por supuesto, la primera que llegó dejó pasar a la otra. ¿Adivináis quien estaba detrás? Pues Hannah les espetó, en su mejor inglés BBC, que aquello no se les ocurriría hacerlo ni por asomo en el país de su Graciosa Majestad. ¿Y qué me contestaron? Pues que estaban hartas de padecerlo en sus propias carnes por parte de nuestros compatriotas.
Puede que cada vez me esté pareciendo más a la abuela cascarrabias o puede que esté menopáusica perdida o ambas cosas. Pero ¡por el amor del cielo, que alguien proponga YA la Educación para la Convivencia Cívica! En caso contrario, estoy dispuesta a solicitar asilo político en otro país cuyos habitantes no hayan desterrado de su vocabulario la palabra CIVISMO.
Espero vuestros comentarios.

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Hannah es Amparo Mendo, una periodista de raza, con un currículum que así lo avala: fue redactora jefe de la revista GEO, corresponsal en Washington para la agencia EFE, profesora de Comunicación en la Escuela de negocios ESERP, directora de contenidos de canales digitales, jefe de prensa de una productora audiovisual y actual blogger de excepción para AR. Todo un lujo... ¡a vuestro servicio!
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