Archivo de Noviembre, 2008

Noviembre 24, 2008

El invierno no es sexy

frio.jpgQueridas caris:

Lo malo de ser una free-lancera bengalí de tres al cuarto (dícese de aquella periodista que malvive de las colaboraciones) es que nunca me invitan a saraos de alcurnia. Hecho que, por otra parte, agradezco enormemente porque me importan un carajo los nuevos diseños en joyería, el champán personalizado o los guateques y aniversarios varios de la jet. Así que pulo mi analfabetismo social sumergiéndome de vez en cuando en las crónicas del papel cuché.

Mientras observaba a aquellas mujeres de photocall (que no es una agencia de modelos, sino una profesión muy lucrativa) posar ante los ídem, fui pergeñando esta reflexión que hoy os traigo. Porque ellas -perfectamente manicuradas, pedicuradas, depiladas, peinadas, bronceadas y delgadas- son mis antípodas.

(Me explico con más detalle porque así, a bocajarro, no se entiende muy bien pero es que hay lunes más espesos que otros.)

Lo que quiero decir es que Coco Chanel no tenía razón cuando dijo (¿fue ella?) aquello de que, cuando el calor aprieta, no se puede ser sensual. En mi caso, la llegada del frío y la lluvia coinciden con la hipótesis contraria. Lo confirman los siguientes hechos:

.- Las braulias de cuello vuelto vuelven al primer plano de mi cajón de lencería. ¿Quién quiere lucir encaje bajo toneladas de ropa?

.- Apuro la cita con el momento cera o epilady hasta extremos en los que mis extremidades inferiores serían la envidia en los anuncios de melenas porque yo lo valgo. Total, para eso se inventaron los pantys opacos, antes llamados leotardos.

.- La peluquería me causa idéntica pereza, por lo que acabo adoptando el look Cruella de Ville. De la manicura, mejor ni hablamos.

.- Salgo a la calle disfrazada de porteadora de Amudsen, con la precaución de envolverme en varias capas por si se presenta un sofoco. Definitivamente, mi silueta pasa así a la categoría de “cilindro” de dimensiones tipo calentador de agua.

.- A ese perfil ayuda sobremanera mi pasión por esos guisos de cuchara (patatas riojanas, alubias blancas, callos con garbanzos.) que son la especialidad culinaria de mi santo.

.- En invierno, ya me gustaría tener la “tez aceitunada” que citan los poetas, pero en mi caso creo que tira más a alcachofa pasadita. Imposible combinar con cualquier color decente, así que acabo siempre en el negro que, además, adelgaza ópticamente (según todas mis fuentes consultadas). Me consuelo pensando que (también según las mismas fuentes) es el “color de la crisis” y que “nunca pasará de moda por su elegancia”.

Mientras hojeo las páginas de las revistas, intento calcular la cantidad de horas que esas mujeres del cuché tienen que dedicarse a estar siempre perfectas, también cuando hace frío. Y no sé si envidiarlas o sentir lástima.

Aún falta casi un mes para que llegue la estación pero, caris queridas, yo ya estoy metida en pleno invierno.

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Noviembre 17, 2008

Revisión

guantes_latex.jpgRemoloneó todo lo que pudo y un poquito más. Aprovechando que tenía que acompañar a su madre al médico, le dijo:

- ¿Por qué no consultas con el doctor y te haces la revisión?

No tenía argumentos para decir que no. Así que se hizo los análisis y llamó para pedir cita. Una semana después, volvió de nuevo a la consulta.

- Todo parece estar en orden- comentó el médico tras estudiar los resultados de la analítica.

-Entonces, ¿no vas a tener que explorarme?- preguntó mientras suspiraba con alivio. Quizá, pensó, en esta ocasión podría librarse.

-Pues, a la vista de esto- respondió el doctor señalando el informe- no tendría porqué pero vamos a hacerlo para quedarnos más tranquilos- añadió mientras ponía la mano en su hombro y empujaba suavemente hacia la camilla.

-Ya sabes cómo va esto, ¿verdad?- inquirió mientras se enfundaba los guantes de látex.

Se quitó la ropa de cintura para abajo y se sentó.

-¿Así?-, preguntó.

-No, no. Boca arriba y cogiéndote las rodillas.

“Bueno”, pensó. “No es un plato de gusto, pero tampoco tan desagradable como me habían contado”.

-Te confirmo que estás estupendamente- dijo el médico poco después.

Llegó a casa contento, como siempre, y se dejó caer en el sillón.

-¿Qué tal ha ido?, le preguntó su mujer.

-Hannah, me ha dicho que todo está perfecto pero. ¡me han desvirgado!- estalló en una carcajada.

Ella refrenó su primer impulso y se mordió la lengua para no decir aquello de “pues imagínate lo que es estar abriéndote de piernas una vez al año, desde hace treinta, ante el ginecólogo”. Prefirió mirarle con cariño y acompañarle en su risa.

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Noviembre 11, 2008

Teletienda

inspiration.jpgQueridas caris:

Me hallaba devanándome los sesos sobre cómo encajar la victoria de Barack Obama en un blog sobre menopausia, cuando decidí darme una vuelta por vuestros comentarios (que es como darse un baño de ego, porque tengo constancia de que alguien me lee).

Está claro que os va la marcha, especialmente a Valle, Esther y Nora. Así que me planteé escribir sobre el tema (ya sabéis, del único).

Dudando estaba (un sinvivir: o me devano o dudo) cuando, de repente, me tropecé de madrugada con un simpático joven: desde la pantalla del televisor, se empeñaba en explicarme las virtudes de un “electroestimulador con dos zonas diferenciadas de deslizamiento que harán las delicias de la zona G”. Y no, no había puesto ningún canal “rarito” porque acababa de terminar una peli de vaqueros.

Extrañamente, no salté en la cama ni desperté a mi santo (que roncaba como un bendito) para compartir la experiencia. Lo que sucedía es que todo se explicaba de una forma tan natural que no le otorgué la más mínima importancia, más allá de un “cómo han cambiado los tiempos”.

Poco después, siguió otro sketch sobre las bolas chinas, éste con reportera en la calle preguntando a las viandantes si conocían el uso del artilugio. Muchas –también las de más edad- respondían afirmativamente e, incluso, explicaban que se las había recomendado su ginecólog@ para recuperar el suelo pélvico después del parto o superar la inconveniente incontinencia.

“Claro, Hannah”, me dije yo a mi misma a esas horas de la madrugada. “La clave está en la naturalidad. ¿Por qué no vas a poder escribir a tus caris de sexo?”. “Pues claro que puedes”, me respondí. Y me añadí con chulería un “eso está chupao”.

Pues aquí me hallo, en esa tesitura. Nunca me ha importado mucho lo que la gente hiciera con su cuerpo –siempre que fuera consentido- de puertas adentro. También me siento incapaz de decidir que es “demasiado” o “demasiado poco” en cuanto a frecuencia. Y según en qué momento de la semana, una cosa se convierte en la otra con una facilidad pasmosa.

Algunas amigas me comentan que, con la menopausia, se han vuelto muy fogosas. Otras, que todo lo contrario y que el “tema” les da una pereza tremenda. Ellos también pueden ir de un extremo al otro.

Pero, ¿quién es nadie para decirnos lo que es normal y lo que no? Y esto puede aplicarse tanto a frecuencia, como a posturas o a juguetes varios.

Definitivamente, estoy sudando la gota gorda para escribir esto. Porque una cosa es hablarlo y otra muy distinta escribir sobre ello sin que estas líneas parezcan una grosería del calibre 45 (que debe de ser muy gordo). De hecho, algunas amigas me han comentado que no pueden leerme porque se lo impiden los filtros para menores que han contratado con el acceso a Internet por sus hijos.

Vale, os leído el pensamiento: es una excusa perfecta para que no les dé la tabarra cada semana preguntándoles que les ha parecido el último post. O eso, o es que alguien piensa que la palabra “menopausia” y todo lo que la ronda (relaciones, sofocos, psicología…) es aún muy tabú.

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Noviembre 3, 2008

Palabras

diccionario.jpgQueridas caris:

Cuando era pequeña, en mi casa ya jugábamos con las palabras. Nos hemos acostumbrado a decir “violetas y trompines” (por violines y trompetas), “cabizbunda y meditabaja” (por cabizbaja y meditabunda), “maniantal” (por manantial), “agggmídalas” (por amígdalas), “sin en cambio” (por sin embargo), “sobacón” (por socavón). A fuerza de pronunciarlas así, hace mucho que me cuesta decir o escribir esos términos correctamente.

También nos encantaba hablar con la “ti” intercalada entre las sílabas de toda una frase: ¿Ties tique titu tietires titontititita? Y aún hoy soy capaz de recitar parte del cuento de Caperucita Roja al revés.

Luego, me casé con un señor (ya sabéis, mi santo) al que encima le gustaba y le gusta cambiar las letras de las canciones. Por ejemplo, esa de Ana Belén cuyo estribillo dice (he tenido que mirarlo en Internet)…

Besos, ternura,

Qué derroche de amor,

Cuánta locura

…se convirtió cuando los niños eran pequeños en

Quesos, verdura

Qué derroche de arroz

Cuánta basura

Otras palabras se han pervertido en el camino de mi cerebro a mi boca (sin yo comerlo ni beberlo) en algunos momentos. Durante un par de años, recuerdo que mi mente visualizaba “estantería” pero el ruido que emitían mis cuerdas vocales sonaba a “estantereis”. Así que decidí no volver a pronunciarla jamás. Desde entonces, esas cosas donde se apoyan libros y objetos se designan sólo como “baldas”.

También hay palabras que me apasionan, no por su significado, sino por su sonoridad. Me encantaría poder usarlas todos los días en algún momento pero resulta un poco difícil hacerlas cotidianas. Ahí van algunas:

Axioma

Blasfemia

Convexo

Ditirambo

Disyuntiva

Oxímoron

Pillastre

Zozobra

Ya os he hablado aquí de cómo mi léxico se está enriqueciendo últimamente con vocablos tipo “cacharro”, “chisme” y “cosa”. Y de cómo amigos y conocidos están siendo rebautizados al ritmo de “fulano”, “mengano” y “zutano”.

A veces me siento un poco rarita con esto de las palabras, pero estoy segura de que la mayoría de vosotras habréis jugado a repetir alguna muchas veces. Al cabo de un rato, pierde todo su significado:

menopausia, menopausia, menopausia, menopausia, menopausia, menopausia, menopausia, menopausia, menopausia, menopausia…

E incluso puede que comiences a pronunciarla de una forma extraña…

menopuafsia, menopuafsia, menopuafsia, menopuafsia, menopuafsia…

¡Albricias! Creo que tengo un nuevo palabro para el vocabulario familiar.

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Hannah es Amparo Mendo, una periodista de raza, con un currículum que así lo avala: fue redactora jefe de la revista GEO, corresponsal en Washington para la agencia EFE, profesora de Comunicación en la Escuela de negocios ESERP, directora de contenidos de canales digitales, jefe de prensa de una productora audiovisual y actual blogger de excepción para AR. Todo un lujo... ¡a vuestro servicio!
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