Septiembre 1, 2008

La vuelta

Cesto ropaQueridas caris:
Mi más sentido pésame a las que, como yo, os reincorporáis hoy a la rutina. Si habitualmente estoy espesa como un puré de guisantes, lo de esta temporada no tiene nombre (¿crema de polvorones, quizá?). Mis aterrizajes de septiembre siempre han sido muy, pero que muy lentos, pero en este mi primer año perimenopaúsico me noto la neurona como más densa.
Al igual que todas, pago bien caro el haberme marchado quince días de casa y del trabajo. El pecado laboral son esos miles de correos-e que aguardan agazapados (los muy…) en la bandeja de entrada y la montaña de “pendientes” (es que no aprendo: por mucho que intente dejar adelantado antes de irme, siempre me pilla, arrasa y cornea el toro a la vuelta).
El pecado doméstico también tiene forma de montaña… de ropa sucia, ropa tendida, ropa para planchar. Así que, tras pasarme todo el fin de semana atada a ese electrodoméstico con ojo de buey (no pienso darle el gustazo de nombrarlo), decidí irme de marcha por las calles de mi pueblo.
No, no es que me fuera de botellón. Simplemente, decidí hacer un poco de ejercicio. Es cierto que, tras la experiencia ultraterrena del Camino de Santiago y el hecho de haber dejado de fumar, estoy más en forma que nunca. Pero también lo es que la ropa que dejé en el armario ha debido encoger durante estos quince días de ausencia.
En fin, que me eché a las calles para ejercitar mi trote cochinero, expresión que me ha descubierto este verano mi santo en una perspectiva de mi retaguardia (no quiero ni pensarlo). Como siempre, la mía fue una idea poco original: cada dos por tres me tropezaba con vecinas caminando, montando en bicicleta, haciendo footing… Supongo que a ellas también les ha encogido la ropa (¡cielos!, ¿será una especie de epidemia?).
Ejercicio, lo que se dice ejercicio, hice más bien poco. Entre saludo y saludo, creo que no caminé más de diez pasos seguidos. Pero lo que más me llamó la atención fueron nuestras conversaciones.

Ejemplo:
Mujer 1: ¿Qué tal las vacaciones?
Mujer 2: Pues muy bien, acabamos de llegar.
Mujer 1: Y qué, ¿haciendo ejercicio para bajar las tapitas de los aperitivos?
Mujer 2: Pues no, es que me han descubierto la tensión por las nubes. Yo, que siempre la había tenido en el sótano 2…
Mujer 3: Eso no es nada, mujer. Yo lo he pasado fatal con el calor y los sofocos.
Mujer 4: No tenéis ni idea  de lo que es pasarlo realmente mal, que es cuando estás de vacaciones y no puedes dormir por el insomnio, como yo.

Recordé los tiempos en que estaba embarazada y veía preñadas por todas partes.
Bienvenidas.

Consultorio
Querida Esther: efectivamente, me temo lo peor. Ese sudorcillo que mencionas suele ser consecuencia directa de la distensión muscular. Te aconsejo que te apuntes a la piscina para nadar a braza. O, en su defecto, que a partir de ahora no estés (casi) nunca sin sujetador. Si lo superas, sigue siendo una liberación llegar a casa y quitárselo.

Resultado del sorteo
La respuesta correcta al acertijo del post  “Adivina, adivinanza” era “1 y 3”, las escenas reales. Lamentablemente, nadie acertó, razón por la que me iré a merendar conmigo misma.

3 Comentarios

  • 1. Lara  |  Septiembre 2, 2008 at 9:01

    jajajjaa…bienvenida a la jungla de nuevo!Qué dura que es la vuelta!..Tienes toda la razón Hannah! Un saludo!

  • 2. Laia  |  Septiembre 2, 2008 at 10:04

    Esther, te propongo la prueba del lápiz. ¿Qué que es esto? Ni más ni menos que colocarse un lapicero debajo de las tetillas. Si se te sujeta, malo. La física está haciendo de las suyas. ¿Pero y si no se cae? Fantástico. Están tersas y maravillosas. No obstante, para mantenerlas haz lo que te recomienda Hanna, sujetador hasta que nos entierren, que el cielo quiera que sea muy muy tarde y podamos pasar sofocos y alegrías; insomnios y juergas; malas leches y diversión

  • 3. Esther  |  Septiembre 2, 2008 at 22:30

    Debe de ser los propósitos del nuevo curso, porque yo hoy también he decidido andar media horilla sin que nada ni nadie me lo exija… He conseguido unas ampollas (con perdón) en los pies, porque me rozaban los tacones (ya, es que no lo tenía previsto), y luego, ya que estamos aquí “a corazón abierto” (si ya me lo decían en el colegio: las metáforas es mejor no imaginárselas), también un roce con las alitas de la compresa, que llevo dos reglas en veinte días y a) o pillo una anemia o b) igual me llega ya la menopausia y me libero.
    Laia, la prueba del lápiz me la hice (con el corazón más encogido que si fuera la prueba del Predíctor) y felizmente cayó al suelo (juro que no cogí un lápiz de carpintero). Hannah, detecto cierto sadismo en tu respuesta a mi consultorio, pero son las contraindicaciones de la sinceridad. Si se me siguen cayendo, siempre puedo hacer lo que decía una amiga mía: me las remeto por el pantalón, y listo ;-)
    Feliz septiembre para todas, besitos

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Hannah es Amparo Mendo, una periodista de raza, con un currículum que así lo avala: fue redactora jefe de la revista GEO, corresponsal en Washington para la agencia EFE, profesora de Comunicación en la Escuela de negocios ESERP, directora de contenidos de canales digitales, jefe de prensa de una productora audiovisual y actual blogger de excepción para AR. Todo un lujo... ¡a vuestro servicio!
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