Archivo de Agosto, 2008

Agosto 27, 2008

Viaje en coche

hannah_coche.jpgQueridas caris:

Para rematar el verano (y huir de la caló), cambiamos rincón malagueño por esquinita gallega en un lugar paradisíaco de las Rías Altas. Parada, fonda y lavadora en los Madriles. Y ¡hala!, otros setecientos kilómetros en dirección contraria. Es otra de esas actividades en que se notan los años (me refiero al coche; y a la lavadora).

A pesar de las paraditas para estirar las piernas, cuando llegamos al destino tengo la sensación de que mi cuerpo ha adquirido la forma de una alcayata y que jamás recuperaré mi perfil original (el de ahora, no el de hace diez o quince años; ya quisiera yo…). Debe de ser cosa de la menopausia, como los sofocos. Aunque nunca nos ponemos de acuerdo sobre la temperatura del aire acondicionado (él es más hábitat polar), ahora al menos puedo quitarme la manta de viaje de vez en cuando (38 grados de temperatura exterior).

También me he observado otro síntoma: mi santo a veces trasmuta en un alien cuando viajamos en el coche y conduce él. Las palabras mágicas son:

-Por favor, para en cuanto veas un sitio decente. Me estoy haciendo pis.

Una extraña expresión le recorre entonces el rostro, los ojos le brillan y dice:

-Vale.

A partir de ese momento, pueden pasar 200 ó 300 kilómetros sin encontrar un sitio decente, ni siquiera un sitio. Mi síntoma no es su trasmutación, porque esto le pasa desde que le conozco. Mi síntoma es que mi vejiga ha debido reducir su capacidad con los años y ya no aguanto tanta distancia. Es más, tiene la dichosa manía de avisarme cada dos horas exactas. Además, esa reducción viene acompañada de gruñidos ininteligibles (míos) con mención especial a la familia (la suya). Y a más gruñidos, más sonrisas sádicas.

La escena termina cuando comenta que el depósito está casi vacío (el mío desborda), se detiene en una gasolinera y servidora sale corriendo.

De vuelta en el coche, decido ponerme al volante para detenerme cuando me dé la real gana (o a mi vejiga). Mi santo intenta entonces hacer las paces acariciándome el brazo por debajo… jugueteando con un trozo de carne que –entonces me doy cuenta- se columpia de un lado a otro.

Definitivamente, tengo que hacerme mirar todo esto cuando vuelva.

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Agosto 20, 2008

Los Jos

olimpiadas1.jpgQueridas caris:

Otra escapadita a un precioso rincón malagueño, donde sobrevivo a la experiencia de compartir espacio (de mis padres) y horario intensivo (24 horas) con progenitores (los míos), hijos (también míos) y santo (ídem). Y donde recuerdo (por si me había olvidado) por qué los hijos nos fuimos de casa, por qué los padres debemos echarles (a nuestros hijos, no a los padres) y por qué las relaciones abuelos-nietos son maravillosas… durante las visitas del fin de semana. (Si alguien me pide que lea o vuelva a escribir esto del tirón, no seré capaz.)

Pues a lo que iba: con 38 grados en la costa, sólo hay dos opciones. O bien se queda uno sumergido en el agua hasta las 8 de la tarde para salir con los dedos estilo milrayas (opción infantil y juvenil); o te enclaustras dentro de casa, a ser posible con el aire acondicionado puesto a todo trapo (sección adultos climatéricos y edad de oro). Y ya que estás dentro, pues alguien enciende la tele y, mira tú por dónde, están los Jos (que no es una serie de culto, sino los Juegos Olímpicos en nuestro argot familiar). Yo es que lo paso fatal, oiga: ¡cómo sufro con los atletas desde el sillón!

Aprovecho la sequía agosteña de tráfico (en la red) para lamentarme (en estas líneas) de la diferencia horaria con China (ya sé que soy una eurocéntrica): me pierdo las retransmisiones matutinas porque a esas horas no veo la tele; y las vespertinas, porque estoy durmiendo la siesta. Gracias al insomnio, consigo ver las de madrugada, pero tengo la sensación de que a esa hora sólo repiten una y otra vez las carreras del inmenso Michael Phelps (¡hijo, podías ponerle un poco más de entusiasmo cada vez que te cuelgan un oro al cuello, por muy acostumbrado que estés!).

Y otra reflexión: vale que en Occidente hayamos cedido a la magia oriental de la ceremonia de inauguración y otras zarandajas para olvidarnos de que China es un país donde se vulneran los derechos humanos sistemáticamente. Pero no quiero ni pensar en lo que les habrán dicho/hecho a sus atletas para que ganen la cantidad de medallas que llevan; ni siquiera, en lo que habrá sido de los que no hayan pasado la criba previa a los Jos. No es cuestión de restar méritos a sus deportistas, pero es que no me fío un pelo de los regímenes totalitarios.

En penúltimo lugar, estoy hasta el climaterio de la tabarra de Los Angeles Times con la dichosa foto de la selección de baloncesto en la que posan con los dedos rasgándose los ojos: ¡Ya está bien, qué poco sentido del humor y qué ganas de encizañar! (creo que, dado el enorme e internacional predicamento de este blog, la exclamación será más que suficiente para que se den por enterados los del LAT).

Y en último puesto, con diploma olímpico, expreso mi deseo de que si l@s directiv@s de alguna tele se encuentran leyendo estas líneas (un suponer), tengan el detalle de encargarme para Londres 2012 un programa similar al que en estos días nos ofrece La 2 desde Pekín con Gomaespuma (también adoro a Rubén Amón, su risa contagiosa y, sobre todo, cómo escribe).

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Agosto 12, 2008

El musical

menopausia.jpgQueridas caris:

Estoy como el ying y el yang, la cara y la cruz, el polo positivo y el negativo… (perdón, es que acabo de subir del chiringuito, donde han caído las dos jarras de tinto de verano que me han inspirado la primera frase de este post).

Quiero decir que estoy, al mismo tiempo, contenta y triste. Y pensaréis que es un estado propio de la menopausia –que lo es-, pero os explico el porqué: me alegra un montón comprobar que tengo lectoras inteligentes que no se llevan el portátil de vacaciones (ya lo hago yo por ellas, de nada).

El reverso tenebroso es que, durante este mes de agosto, me siento más sola que el Tato en este rincón del ciberespacio. ¡Holaaaaaaaaaaa!, ¿hay alguien ahíííííííí? (no recuerdo si esto lo decía Mudler, Scully o la voz en off).

Pues todo esto lo he deducido yo solita al ver como decaía el número de comentarios, salvo los de mis fieles e incombustibles Nora, Esperanza y Esther (por favor, si es posible, escribid las tres a la vez para que haya más bulto).

Así que, entre sonrisas y lágrimas (¿conocerían el capitán Von Trapp y la ex monjita María la bebida veraniega?), buceo por la red con la esperanza de algo que llevarme al portátil… y de que los efluvios no me arrojen a los brazos de Morfeo, donde roncaré durante al menos dos horas (otro de los efectos de la menopausia: el ronquido, digo, no el dormir).

Y de repente, ahí está, como la puerta de Alcalá. Doy tal respingo en la hamaca que no sólo no me duermo, sino que lo que es arrojado (al suelo) es el portátil. Porque, caris, acabo de leer lo siguiente: MENOPAUSE: THE MUSICAL. Y luego un subtítulo que, traducido, sería algo así como “la hilarante celebración de las mujeres y el cambio”.

Ya existe un musical sobre la menopausia, y –desgraciadamente- la idea no es mía. Desde 2001, ha recorrido Estados Unidos (donde nació) de costa a costa, además de otros doce países.

Con versiones de melodías muy conocidas de los años 60 y 70, la historia se desarrolla en unos grandes almacenes, donde se encuentran cuatro mujeres que, aparentemente, no tienen nada en común salvo un sujetador negro. Las desternillantes letras hablan de nuestros cambios de ánimo, las arrugas, los sofocos, las pérdidas de memoria, la falta o el exceso de sexo. Casi muero de risa con la versión de “Fiebre del sábado noche”.

Además, durante la gira 2005-2006, el espectáculo recaudó medio millón de dólares para la prevención e investigación sobre el cáncer de ovarios. ¡Y en 2009 anuncian una versión en español para “nuestras hermanas hispanas”!

Así que, desde este humilde blog, ruego encarecidamente a Don José Luis Moreno, a Don José Velasco o a los socios de Stage Holding –todos ellos expertos en la producción de musicales- , que se pongan manos a la obra para comprar los derechos en España. Estoy segura de que seremos muchas las que querremos sumarnos a las 10 millones de mujeres que se han reído ya con el espectáculo (aunque algunos no se fíen de mis dotes adivinatorias).

Y para que vean y veáis, caris, que todo esto no ha sido producto ni del tinto de verano ni de la siesta posterior, toda la información necesaria está en www.menopausethemusical.com.

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Agosto 4, 2008

Camino de Santiago

camino_de_santiago1.jpgQueridas caris:

Definitivamente, mi santo y yo no debemos estar muy bien de la cabeza (lo mío estaba claro desde hace tiempo). Nuestro hijo pequeño se iba, durante una semana entera, a un campamento de verano en la playa. El mayor estaba trabajando durante todo el mes de julio para sacarse unos eurillos. Lo cual no significa que se haya independizado económicamente ni siquiera ese mes (según me ha notificado), pero ha servido para poner mil excusas a las obligaciones caseras porque “está agotado” (18 añitos, la criatura). Aunque, claro, hay que perdonárselo todo porque hemos tenido unas impresionantes notas de bachillerato y selectividad (a mi me decían que era mi obligación).

Total, que ahí estábamos mi santo y yo con unos días de asueto por delante. ¿Nos decantaríamos por algún hotelito con encanto? ¿Quizá por un paquete con circuito termal, baños de arcilla, masajes y spa? ¿O nos iríamos a unos de esos alojamientos donde te ponen una pulserita y nos tumbaríamos a la bartola? (esta expresión siempre me ha parecido un poco gruesa).

Pues nada de eso, caris queridas: de lunes a sábado nos fuimos a hacer el Camino de Santiago a patita, el tramo del llamado Camino Francés entre O Cebreiro y la capital gallega. ¿Y para qué?, os preguntaréis. Pues no os puedo contestar porque aún estoy buscando la respuesta. Eso sí, es mucho más baratito que las otras opciones planteadas y, además, he conseguido dejar de fumar (por tercera vez en mi vida). También he conseguido unas ampollas horrorosas en los pies y creo que me van a nombrar socia de honor de Compeed porque he arrasado con sus cajitas verdes en todas las farmacias del Camino.

Allá que nos fuimos los dos con nuestras mochilas, yo disfrazada de hippy con un pañuelo en la cabeza y unos pantalones anchos de algodón, un, dos, tres, pasito a pasito, cuatro horas por la mañana y dos o tres después de comer, como duelen los pies…

- ¿Y por qué nos adelanta todo el mundo?- le pregunto a mi santo.

- No se si habrás observado que la mayoría son, como mínimo, entre quince y veinte años más jóvenes que nosotros- me responde.

Sólo vemos una pareja británica mayor que nosotros, que también nos adelanta.

Durante todos esos días, puedo aseguraros que ni rastro de sofocos (puedes confundirlos al subir una cuesta que no se acaba nunca), ni de insomnio (es que caes rendidita en la cama), ni de mala leche (no te quedan fuerzas, ni siquiera aunque hayas dejado de fumar).

Y en cuanto a la experiencia de pareja, la recomiendo: hemos delirado de cansancio juntos, hemos caminado en silencio durante horas y bajo la lluvia durante un día entero, nos hemos reído (por ejemplo, ante la cara de estupor de unos ciclistas que nos pasaron por segunda vez sin saber que habíamos atajado una etapa en taxi porque nos faltaba un día)… Todo eso une mucho.

También se aprende que, cuando la mochila pesa, el suavizante del pelo es un artículo de lujo y que puedes pasarte una semana sin ver la tele. Incluso, sin leer un libro (que también pesa un montón en la mochila).

Entré en la catedral sollozando a moco tendido.

-¡Pobrecita!, mirad como llora- comentaba una señora en mi oreja pensando que, además de hippy, debía de ser sorda o guiri (podéis imaginaros mis pintas).

Pues sí, nenas. Me caían unos lagrimones como puños porque lo había conseguido: hacer el Camino –que tiene mucho de mágico y telúrico (Hannah trascendental)- y dejar de fumar. Y porque, a partir de aquel momento y durante lo que quedase de verano, mis pies sólo iban a ver chanclas, fueran donde fueran.

P.D.: Aunque los paisajes del Camino son espectaculares, una de las cosas que más se fija en la retina son las pantorrillas del que camina delante de ti. ¿No os parecen estupendas las de mi santo? (sólo para mirar, lagartas).

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Hannah es Amparo Mendo, una periodista de raza, con un currículum que así lo avala: fue redactora jefe de la revista GEO, corresponsal en Washington para la agencia EFE, profesora de Comunicación en la Escuela de negocios ESERP, directora de contenidos de canales digitales, jefe de prensa de una productora audiovisual y actual blogger de excepción para AR. Todo un lujo... ¡a vuestro servicio!
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