Archivo de Julio, 2008

Julio 28, 2008

Diccionario de bolsillo

diccionarios21.jpgQueridas caris:

Con esta rapidez mental que me caracteriza durante el estío (y también el resto del año, que diría mi santo), caigo en la cuenta de que julio se acaba. O sea, que algunas de vosotras habréis regresado incluso de vuestras vacaciones (ya lo siento, ya). Pero este post-regalo (que no es posterior, sino texto bloguero) no es de un solo uso ya que puede guardarse para temporadas venideras. (Hannah, hija, a ver si te explicas mejor que a veces no hay quien te entienda. Vale, ya voy.)
  Caris climatéricas: esto va de un diccionario multilingüe de urgencia por si os encontráis en apuros menopáusicos durante las vacaciones allende nuestras fronteras.

MENOPAUSIA
En inglés: menopause (pronuncia como cuando un niño pequeño dice “bueno pues…”; o sea, “menopos” con acento en la “e”)
En francés: menopause (lo mismo, pero con el acento en la “o)
En italiano: menopausa (para que luego digan que el italiano es difícil)

SOFOCO
En inglés: hot flash (lo juro, no es un helado ni una golosina)
En francés: bouffée de chaleur (recuerda decir la segunda parte para que no te manden al salón de desayunos en el hotel)
En italiano: vampate (pues de fácil, nada)

MALA LECHE
En inglés: bad temper (advertencia: si se os ocurre decir “bad milk”, os enviarán al hospital para trataros de disentería)
En francés: mauvaise humeur (aunque suene a salsa de algo)
En italiano: irritabilità, malumore (vale, no es para tanto)

SEQUEDAD VAGINAL
En inglés: cervical dryness (que no tiene nada que ver con las cervicales)
En francés: sécheresse vaginale (se escribe parecido al italiano)
En italiano: secchezza vaginale (se escribe parecido al francés)

INSOMNIO
En inglés: insomnia
En francés: insomnie
En italiano: innsonnia

De acuerdo, para esta última palabra no hace falta saber idiomas. Y siempre nos quedará, también, el universal lenguaje de los signos. Por ejemplo, para “sofoco”, podemos abanicarnos con la mano. Aunque pensándolo con más calma… ¿cómo signaríamos “menopausia”, “sequedad vaginal” o “mala leche”?

P.D.: Gracias a Esther y Antoinette por su ayuda para la realización de este diccionario.

Deja tu comentario

Julio 21, 2008

Lo bueno y lo malo del verano

abanico-2.jpgQueridas caris:

De toda la vida, me gusta mucho más el verano que el invierno: los días son más laaaaaaaaaargos, no es necesario vestirse como una cebolla, hay jornada intensiva y todo me parece mucho más intrascendente y digerible (entre otras cosas, porque sus señorías están también de vacaciones).

Recuerdo mis tiempos de becaria en agencia, cuando rezábamos porque hubiera algo más jugoso que los habituales “accidente-en-piscina-municipal”, “epidemia-de-legionela-por-aire-acondicionado” o “abandono-de-animales-en-carreteras-y/o-abuelitos-en-hospitales” (hay que ver lo burros e insensibles que podemos llegar a ser los periodistas; y lo bien que funcionan en verano las redacciones con los becarios).

Y también me gusta esta estación porque mi mente divaga más de lo habitual (véase el párrafo anterior como muestra) y se ralentiza. Así como algunos mamíferos hibernan o disminuyen la velocidad de sus funciones corporales con el frío para revivir con el aumento de las temperaturas, a mi me pasa exactamente lo contrario.

El coste intelectual de estas líneas me sale a párrafo por día, así que comienzo la cuarta jornada de este post con lo bueno y lo malo de este mi primer verano climatérico:

· Lo bueno es que los sofocos se disimulan más porque, en la calle, hace un calor del demonio. Nadie se extraña de que el sudor te caiga a chorros en estas circunstancias.

· Lo malo es cuando te sucede en la oficina o el centro comercial, con el aire acondicionado a la temperatura ideal para las focas (me refiero a los animales) antárticas.

· Lo bueno es que el bronceado y un pareo disimulan un poco la celulitis.

· Lo malo es que no hay pareo ni bronceado que oculten la celulitis, sobre todo cuando te vas a bañar.

· Lo bueno son las ensaladas, los gazpachitos, el pescado…

· Lo malo son los irresistibles helados de postre o las tapas del aperitivo o el pan con ese aceite tan rico o la copita nocturna.

· Lo bueno es que te arreglas con cualquier vestidito y ya está.

· Lo malo es que ese vestidito que te gusta cuesta un ojo de la cara.

· Lo malo es que ya no hay cole y quedan por delante tres meses de caos familiar total.

· Lo bueno es que hay campamentos de verano (que te cuestan el ojo que te quedaba después de pagar el vestido).

· Lo bueno son las rebajas y los mercadillos veraniegos.

· Lo malo es la pasta que te gastas en trapitos baratísimos que no te pondrás nunca porque, cuando llegues a casa, te sentarán como un tiro.

· Lo bueno es que el abanico oculta tanto tu cuello-pavo como tus arrugas de expresión y realza tu mirada.

· Lo malo es que, como no tienes ni idea del lenguaje del abanico, a lo mejor le estás diciendo al atractivo madurito de la mesa de enfrente: Déjalo ya, chato, que eres muy mayor para mí.

· Lo bueno es que pierdes de vista a tu jef@ durante semanas.

· Lo malo es que todo lo bueno se acaba.

· Lo bueno es compartir más tiempo con tu pareja, tus hijos, el resto de tu familia…

· Lo malo es compartir más tiempo con tu pareja, tus hijos, el resto de tu familia…

2 Comentarios

Julio 15, 2008

Morfotipos

botijo.jpgQueridas caris:
De mi escapada playera –además del bronceado glamouroso que me ha durado más o menos tres duchas- os traigo fresquitas otras observaciones. Por ejemplo, la referida a los morfotipos masculinos (aclaro, por si alguna os habías quedado con la duda tras el post anterior: también me fijo en ellos, incluso más).
¿Os acordáis de aquellas conclusiones del ministerio de Sanidad, allá por febrero? Además de costarnos un millón de euros a los contribuyentes, ese estudio antropométrico de las españolas nos metía a todas en el saco de las “cilindro”, las “campana” o las “diábolo”. Por si os pica la curiosidad, me defino como diábolo con obstinada tendencia hacia la campana.
De las cosas tronchantes que leí por aquellos días, rescato este diálogo tan impagable como surrealista:
En la tienda de ropa, dos dependientas geométricas -fuera de toda morfología oficial- atienden a las clientas: “Vanesa, mira a ver qué quieren esas cilindras; tengo que despachar a estas diábolas porque la campana de la jefa ya me está mirando mal”.
Recordaba yo estas palabras mientras tostaba mi body serrano al sol, al tiempo que observaba los cuerpos masculinos. La verdad es que prefiero tomarme a risa lo de equiparar las siluetas femeninas con tres objetos. (Apunte: en algunos países, cada talla dispone de tres largos distintos, lo que soluciona bastante el problema del tallaje.)
Puestos a comparar, ¿por qué no hacer lo mismo con ellos? (vale, sólo por pasar el rato). Por la escasa vestimenta, este tipo de observación es más sencilla en la playa (Hannah, ¡eres un lince!).
Mi bloc de notas aún está emborronado de crema y arena, pero todavía puedo leer algunas de mis anotaciones sobre morfotipos masculinos:

- Fideo cabellín, también en modalidades mini y extra larga.

- Botijo, tamaños surtidos.

- Campana (ellos también), cervecera mayormente (el pantalón puede quedar por encima o por debajo de la línea media, indistintamente). Creo que la estadística patria caería abrumadoramente en esta categoría.

- Armario ropero de la abuela (las medidas de ancho y alto coinciden).

- Pirámide invertida (no los he visto en la playa, pero anuncian calzoncillos y colonias en las revistas que he leído allá). ¡Ojo!, no confundir con el archiconocido y sobredimensionado macarra playero.
En mi pandilla de hace demasiados veranos –mucho antes de que se inventaran los estudios antropométricos-, las chicas ya diferenciábamos los traseros masculinos entre “peras” o “manzanas”. Aunque a ellos les decíamos que lo primero que nos atraía de un chico eran sus ojos.
Nenas, de algo hay que escribir en verano. Disfrutad.

2 Comentarios

Julio 9, 2008

Primer día de playa

bolsa2.jpgQueridas caris:

He estado unos días (tres) en la playa aprovechando resaca post-selectividad/preinscripción-universitaria y campamentos de verano (benditos sean, señor). Quería cambiar mi moreno estepario de jardinera en lucha contra las malas hierbas (que me crecen mucho más sanas que flores y arbustos ornamentales) por otro dorado y glamouroso.

Siempre me ha acechado la inseguridad corporal, pero –por los cambios en esta etapa climatérica que todas conocéis ya- temiendo estaba este momento playero.

Allí que me fui con mi santo y dos más. Quiero decir pareos: uno para la parte superior del cuerpo y otro para la inferior. Abrigadita, me oculté tras la gigantesca bolsa playera (de regalo con revista femenina) donde guardo todos los cachiperres que suelo llevarme: el periódico (que es un incordio leer si sopla el viento); el libro (que no termino nunca porque me duermo en la página uno); las cremas para el cuerpo y la cara (que no uso porque es más cómodo utilizar la misma para todo y así sólo se pringa de arena un bote); los crucigramas (soy malísima y me pongo de mal humor); el disc-man (pero siempre se me olvidan los CD’s); la mini-radio (fshshshsh, esto no coge ni una emisora); las gafas, las chanclas, el neceser, la banda del pelo y el pulverizador refrescante (todo, de regalo con revistas femeninas).

Miré a mí alrededor para comprobar que no había nadie observándome (a veces se me olvida que soy invisible) y me dispuse a despojarme de los dos pareos y a soltar toda la parafernalia restante.

Una hora después, reflexionaba conmigo misma sobre el hecho de que nunca he practicado el top-less: no me siento cómoda porque soy de una generación que sólo veía como lo hacían las guiris, aunque me importa un comino lo que hagan las demás.

Miré a mí alrededor una vez más para comprobar, esta vez, el panorama de cuerpos femeninos al sol. Y llegué a una conclusión: admiro a las guiris de mi edad y mayores, incluso. A ellas les da igual lucir esa panza cervecera que se desparrama por encima de bikini. O descubrir ante el tanga los socavones de la celulitis. O dejar que el pecho les caiga hasta el sótano 2 cuando se quitan la parte de arriba.

Es más, creo que hay mucha sensualidad en ellas, y no por sus ojos claros, su pelo rubio o su acento extraño (disculpas por los topicazos). La clave está, en mi opinión, en ese disfrutar de sus cuerpos sin complejos.

Tras estas hondas reflexiones, me levanté de la hamaca y encaminé mis pasos decididos (y achicharrados por la arena que quemaba) hacia la orilla. Y me dije a mí misma: Hannah, querida, estás estupenda para tu edad.

(NOTA: Mujer guiri = toda aquella cuyo lugar de nacimiento o residencia se sitúe a más de 20 kilómetros a la redonda de mi pueblo)

2 Comentarios



Hannah es Amparo Mendo, una periodista de raza, con un currículum que así lo avala: fue redactora jefe de la revista GEO, corresponsal en Washington para la agencia EFE, profesora de Comunicación en la Escuela de negocios ESERP, directora de contenidos de canales digitales, jefe de prensa de una productora audiovisual y actual blogger de excepción para AR. Todo un lujo... ¡a vuestro servicio!
Últimos posts
Archivo
Enlaces