¿Y dónde dices que lo has leído?
Ayer saltaban a las páginas de muchos medios de comunicación la noticia de que una aplicación (Wikiscanner.virgil.gr) había permitido destapar manipulaciones de registros en la enciclopedia virtual Wikipedia. Así, se ha podido saber que la petrolera Exxon-Mobil borró de la entrada del accidente de su petrolero Exxon Valdez, en Alaska, los efectos de lo que ha sido uno de los más graves episodios contra el medio ambiente. O Microsoft los comentarios sobre el bajo éxito que está teniendo su consola XBox 360, frente a las competidoras. Y estos son solo algunos de los casos destapados.
Otro ejemplo de lo fácil que es “desinformar” en esta bendita Red es el pretendido modelo N98 con el que Nokia se enfrentaría al inbatible y casi invencible iPhone de Apple. Si tienes tiempo haz una prueba, busca en Google “Nokia N98″. Te aparecerán 243.000 resultados de páginas que comentan algo sobre este modelo. En las primeras páginas de resultados podrás observar múltiples comentarios sobre este modelo de Nokia: características, fecha de aparición en el mercado, opiniones al respecto, qué tiene y qué le falta,… Todo muy bien, salvo que sólo se trata de una imagen fake (falsa). Es sólo un diseño de un chaval francés de 17 años, colgado en una web de ilustraciones digitales (deviantart.com), que también tiene prototipos de iPod, del iMac de 30 pulgadas o de un Sony Ericsson W990i. Todo virtual, todo irreal, todo mentira.
Hace años nos dimos cuenta de que casi el 100% de los correos electrónicos que nos llegaban pidiéndonos la colaboración para un niño gravemente enfermo eran falsos. Solo querían recabar direcciones para luego abrasarnos con el spam o con los virus. Luego llegaron las oportunidades de inversión… en Nigeria; los avisos del banco pidiéndonos por favor que “rebisen su contraseña para aceder…”.
Ahora estamos viviendo un verdadero boom de información a través de blogs, bitácoras, portales, comunidades, foros, etc. que son todo un tesoro para informarse sobre muchos temas a los que no prestan atención los medios tradicionales. Está claro que Internet es un canal maravilloso y libre, pero al que siempre –como a cualquier medio de información– hay que conceder “el beneficio de la duda”.
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