¿Dígame? ¿En qué le podemos ayudar?
Lo he decidido: voy a emprender una campaña planetaria contra los servicios de atención al cliente que utilizan sistemas de voz electrónica… ¡vamos! de los que te atiende una máquina en lugar de una voz humana. Porque por mucho que esté perfeccionado ese sistema tecnológico, nunca podrá dar el servicio personalizado de una persona formada para dicha tarea.
Ayer tuve un incidente con mi compañía telefónica (esa que presume de tener millones de clientes). Les llamé a un número de teléfono de ‘atención al cliente’ para que me informaran de la posibilidad de cambiar de modalidad de contrato (ese que anuncian a bombo y platillo en televisión), y si me interesaba, pues cambiarme. Estuve algo más de 15 minutos peleandome dialécticamente con una máquina, que se empeñaba en que le resumiera en una palabra lo que quería. Como era imposible ponerme de acuerdo con la dichosa maquinita, en uno de esos momentos de indignación tecnológica –que incluso me dieron ganas de tirar el móvil por la ventana–, pulsé una tecla para cortar la comunicación, derrotado por la máquina, con tan mala suerte que activé no se qué servicio que autorizaba a la máquina automáticamente a cambiar mi tipo de contrato. En ese momento, empecé a recibir -de forma descontrolada para mí- una veintena de mensajes en los que se me repetía una y otra vez que había actualizado mi lista de favoritos. Eso significaba (como me explicaron después) que había perdido una serie de números preferidos y para volver a seleccionarlos tendría que pagar otra vez por ese servicio (¡haciendo caja!).
Pero no desfallecí. Me levanté de nuevo cual ave Fénix y volví a marcar el número de teléfono de ‘atención al cliente’. Ahora ya estaba prevenido y preparado. Y cuando la máquina me dijo de nuevo que le dijera qué es lo que deseaba, pronuncié la palabra mágica que nunca falla: ‘QUEJA’. Dicho y hecho, en segundos me pusieron en contacto con un operador de carne y hueso con el que pude hablar y contarle mi problema (¿o el de la compañía telefónica?). Al final, me lo solucionó, no sin antes explicarme amablemente que había sido yo el que había desactivado los servicios por mi desconocimiento del sistema electrónico.
A partir de ahora, cada vez que les llame pronunciaré la palabra mágica QUEJA para que inmediatamente la maldita máquina parlante me ponga al habla con una persona. Los avances tecnológicos están bien, pero siempre que mejoren determinados servicios. Por cierto, si acabamos con esas máquinas, crearemos más puestos de trabajo. ¡A por ellas!
Públicado en la categoría: Ingenio



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