¡Qué suerte que me hayan censurado!
No falla. Una de las mejores cosas que le puede ocurrir a una obra cultural (o presuntamente cultural) es que algún grupo poderoso lance contra ella una campaña de condena o boicot. Si esto ocurre, el éxito de crítica y de público está más que asegurado. No hay que negarlo: nos gusta un montón tocarle las narices al Poder , o al menos que alguien se las toque por nosotros. Y para estos menesteres nadie mejor que el genial director de cine y maestro de la autopromoción Michael Moore. ¡Pasen y vean!
Tras ‘Bowling for Columbine’ (22 millones de dólares de recaudación) y ‘Fahrenheit 9/11’ (más de 220 millones de dólares en taquilla), sin olvidar el éxito de su libro ‘Estúpidos hombres blancos’ (más de un millón de copias vendidas), Moore vuelve de nuevo a la carga con ‘SiCKO’. También este nuevo documental levantará una gran polvareda (ya la está levantando), sufrirá las las furibundas críticas de la América conservadora y tal vez (como ocurrió con ‘Fahrenheit’) muchas salas se nieguen a proyectarla. ¡La polémica está servida! Cientos de noticias, reportajes, debates en radio y televisión de todo el mundo hablarán durante semanas y meses, unos a favor y otros en contra, del documental de Moore. ¿El resultado? La automática e incondicional respuesta de liberales y progresistas de todo el mundo, que abarrotarán los cines en defensa de la causa, y otros cientos de miles de personas, sin filiación política determinada, que también pasarán por taquilla picados por la curiosidad.

El recurso de la polémica es un poderosísimo instrumento de marketing, siempre que se sepa utilizar y dosificar bien. En esta ocasión, Moore ataca el sistema sanitario de EE.UU. (“Una comedia sobre 45 millones de personas sin atención sanitaria en el país más rico de la Tierra”). Una gran injusticia social, estamos todos de acuerdo; pero –todo hay que decirlo— éste es un tema poco o nada original, puesto que se trata de algo ampliamente divulgado y conocido a través de todos los medios de comunicación. Una falta de originalidad que no es ningún problema para Moore, porque para algo está su chistera mágica, de donde se saca una jugada maestra: un viaje a Cuba en compañía de 10 miembros de los equipos de restate del 11-S para que fueran tratados por los servicios médicos cubanos. ¡Esos sí que son servicios médicos, y no los de EE.UU!
¿Una calculada provocación para provocar polémica? Habría que ser muy ingenuo para ni siquiera ponerlo en duda. Y, ¡alehop!, los resultados han sido inmediatos: Moore está siendo investigado por el departamento de Comercio por una posible infracción del embargo que afecta a la isla. ¡Enhorabuena, amigo Michael! ¡Todo ha salido según lo previsto! El aparato de Propaganda de Moore ha reaccionado con rapidez divulgando ampliamente este intento de coacción y ha anunciado que han enviado una copia de la película a una “casa segura”, fuera del país, para evitar cualquier interferencia gubernamental. ¡El Poder intentando coaccionar y censurar al genio! ¡Esto es intolerable! ¡Vayamos todos, en procesión, a ver la película y así demostraremos lo rebeldes que somos!
Toda una magistral lección de marketing emocional, se mire por donde se mire. Yo tal vez pondría una única objeción, un único fallo en el guión: en donde sí que creo que se le ha ido un poquito la mano al equipo de marketing de Moore es en lo del misterioso envío de las copias al extranjero. ¿No sobraba este ingrediente? ¿No es un insulto a la inteligencia de su público?
La moraleja que podemos sacar de este caso es que la provocación y la polémica es un ingrediente de marketing que favorece el éxito de ciertos productos, fundamentalmente de los de carácter cultural (libros, películas, exposiciones, teatro…) Otro ejemplo destacado fue el del ‘El Código Da Vinci’, de Dan Brown (novela mediocre, desde mi punto de vista, que sin los torpísimos ataques de la Iglesia hubiera pasado sin pena ni gloria). Lo que ocurre es que también hay que saber provocar, sin llegar a caer en lo patético, como ocurre con otros muchos casos. Pero éste será el tema para otro post….
Públicado en la categoría: Márketing y gestión



3 Comentarios Añade un comentario
1. Paco Calvo | Mayo 21, 2007 at 22:20
buen articulo, si señor
2. Jacinto Pérez | Mayo 22, 2007 at 10:00
Lo que veo que puede ser un error en este tipo de productos es que al atacar a una parte del público, renuncia a este como cliente, y limita el número de personas que van a ir a ver la película. Como empresario yo quiero venderle a todo el mundo, sean de derechas o de izaquierdas, rubios o morenos, del Madrid o del Barça. No obtengo ningún beneficio renunciando de antemano a una parte del mercado.
3. Fernando Montero | Mayo 22, 2007 at 18:09
Hola Jacinto,
Como bien dices, lo ideal es venderle a todo el mundo y no renunciar a ningún cliente como punto de partida. Pero esto es muy difícil. En cualquier negocio, siempre se realiza algún tipo de segmentación (por tipo de producto, por precio, por imagen, por canal de distribución…) Y cualquier segmentación significa concentrarse en un target concreto, renunciando al resto.
En el caso de Michael Moore, realiza una segmentación dirigiéndose a un tipo de público muy concreto. Lo que ocurre es que para ello recurre a la polémica y la provocación, que automáticamente provocará, desde mi punto de vista, la movilización del público que en realidad anda buscando Moore.
Un saludo
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