¡Ahí te quedas. No aguanto más!
Hace unos días, un amigo me contaba que su mujer había decidido marcharse de la empresa en la que llevaba ya varios años, porque no podía aguantar más la actitud despótica de su jefa. Prefería renunciar al finiquito antes que aguantar y esperar a que fuera la empresa la que tomara la decisión de prescindir de sus servicios. Hasta ahí un caso más de los que se producen desgraciadamente en el mercado laboral. Pero subrayaba este amigo que su mujer hacía la número 27 en la lista de trabajadoras (porque todas las empleadas de esa empresa eran mujeres) que habían decidido huir de ese infierno laboral. Bueno, una excepción: todas menos una (es decir, 26) se habían marchado por decisión propia; una había tenido la suerte –por decirlo de una forma más suave– de conseguir el finiquito.
No pretendo con este relato blasfemar sobre esa empresa ni sobre esa directiva en cuestión más allá de lo que me sirve para utilizarla como ejemplo (ya se encargará el propio mercado de poner a cada profesional nefasto en su sitio). Lo que sí me gustaría es abrir un debate en el que analicemos por qué determinadas empresas tienen en su haber una rotación de personal desorbitada y cuáles son las consecuencias de esa estampida masiva de trabajadores para esas compañías:
- Una de las causas de esa huida podría ser un sueldo bajo en comparación con lo que se paga en otras empresas del sector o incluso en otros sectores. A la mínima oferta que reciban, se van.
- Otra, la falta de motivación de los trabajadores en su quehacer diario por una errónea gestión de tareas, plazos y objetivos. Eso lleva a la astenia laboral y al absentismo, en última instancia.
- Una más, la falta de perspectivas de ascenso en la compañía. En ese sentido, el trabajador no ve un horizonte prometedor y busca otras empresas que le aseguren un crecimiento enriquecedor personal y laboral.
En el caso de las consecuencias, la primera puede ser la desorientación, en primer término, de los clientes ante ese baile de trabajadores que entran y salen de la empresa. Eso puede llevar, en una segunda fase, a la pérdida de clientes, cansados de ese servicio. Y, por último, el final de la empresa ante la falta de clientes y ventas.
Os animo a que amplieis estas ideas.
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7 Comentarios Añade un comentario
1. Eduardo Céspedes | Abril 24, 2007 at 9:35
No hay que olvidar que es ocasiones desde la dirección de la empresa no se favorece un buen clima laboral de trabajo. Y es que no se debe pasar por alto que gran parte de la jornada diaria se pasa en el puesto rodeados de personas con quienes mantener una buena relación hace más llevadero el día.
Por otro lado, se ha de pensar, y es este punto estoy totalmente de acuerdo contigo Javier, que tanta rotación, sobre todo en puestos que de alguna forma están de cara al cliente, hace que el mercado pierda credibilidad o confianza en la empresa ya que, y aunque haya algunos dirigentes a los que les pueda llegar a sorprender, la empresa la conforman personas.
2. Javier Escudero | Abril 24, 2007 at 12:01
Efectivamente, tu lo has dicho, Eduardo: personas…, las empresas las conforman personas, no máquinas, ni servicios, ni estrategias, ni productos. Todo eso son medios para alcanzar un fin: ser productivos. Y hay muchos empresarios y/o mandos intermedios que se olvidan de ese pequeño detalle y no se dan cuentan que los resultados los obtienen los empleados, y que estos deben trabajar en un clima amable y amistoso para que esos resultados sean plenamente satisfactorios.
Gracias por tu comentario.
3. Juan Maria | Mayo 9, 2007 at 13:35
Algunas veces, el problema está en los mandos intermedios, cada uno, frustrado por no poder ascender, se cree amo de su reino. Esto no tiene por que ser malo, pero la empresa tiene que controlarlo, hay que trasmitir una política global en toda la empresa, y un ambiente de trabajo adecuado.
Lo que pasa, es que la dirección, suele pedir objetivos a los mandos intermedios, y no les importa los medios….
4. Javier Escudero | Mayo 9, 2007 at 15:33
Es posible que sea así, como tu dices Juan María, en algunos casos. Pero no debemos olvidar que en la mayoría de los casos esa actitud despótica tiene que ver con la personalidad de la que lo hace. Es decir, por mucho que a mí me presionen desde arriba hay ciertos límites que nunca sobrepasaré, y uno de esos límites es el respeto a mis compañeros, por encima de todo. Efectivamente, en ocasiones hay mandos intermedios que dirigen sus negociados como auténticos reinos de taifas, pero más por un sentimiento de ‘quiero y no puedo’ que por la preocupante consecución de resultados numéricos. Tampoco hay que olvidar que la mayoría de estos déspotas lo hacen para ocultar sus deficiencias de conocimiento y de experiencia profesional y no admiten que otros sepan más o lo hagan mejor que ellos.
5. Paco Calvo | Mayo 10, 2007 at 9:02
es lo q pasa, mucha rotacion laboral y luego….. mala atencion al cliente, baja calidad, baja productividad…. un desastre a largo plazo, eso si, esa politica le salva los muebles a corto al directivo q mantiene equilibrado el presupuesto en temas laborales (en este caso palmadita en la espalda por quitarse a 26 chicas sin finiquito) nada mas q a un media de 6000 euros hablamos unos 160.000 euros ahorrados…no esta nada mal pero luego pasa lo q pasa
6. Javier Escudero | Mayo 10, 2007 at 17:30
Pues fíjate Paco que yo creo que en la mayoría de estos casos (como el que os contaba más arriba) el objetivo último de estos directivos, cuando toman esas decisiones, no es tanto ahorrarse unos euros, sino evitar que alguien le tosa. Y eso es una sensación errónea por su parte, ya que eso esconde en el fondo (y como decía antes) carencias profesionales y personales.
7. alba | Mayo 21, 2007 at 15:58
yo trabajo en un pueblo y aparte de lo que se ha escrito aquí también una persona puede dejarlo por discriminacion por no tener hijos, o por no ser un pelota con los jefes, o no ser manipulador.
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