Censura a las puertas de palacio 17 Octubre, 2008

10:30 am. Jueves 16 de octubre. Puerta principal del Palacio de la Zarzuela. Mientras los informadores gráficos esperan con paciencia en el control de acreditaciones para un acto rutinario de Casa Real, un coche oscuro se acerca a la barrera de seguridad. Dentro, la Duquesa de Alba, con sus mejores galas, en visita-consulta a nuestra Reina. El motivo: que la soberana aliviara el mal de amores de la Duquesa, empeñada en una boda casi rechazada por todos con el funcionario Alfonso Díaz. En ese instante, un conocido y curtido fotógrafo de la prensa rosa, repara en la imagen del coche y dispara su cámara. Un recalcitrante sargento de la guardia civil le requisa la cámara y se arma la marimorena. No había autorización para hacer las fotos, como tantas veces. Al final, nos quedamos sin saber los detalles de la conversación entre la noble y la soberana, y desde luego, sin las imágenes de la duquesa entrando en Palacio. Lo que sí garantizamos es que la visita se produjo. Lástima.

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La habilidad hecha “barón” 10 Octubre, 2008

De una agudeza inclasificable y habilísimo negociador, Barón Rojo nutre a esta banda de mil ideas y dos mil sonrisas. Un clásico de la redacción, aunque tiende más al rock urbano que al adagio.

Y, para demostrar que no se duerme en los laureles, ahí va su primer post:

“Yo no me perdería esta reunión”

Acabo de cotillear por ahí, y no salgo de mi asombro, que nuestra duquesa más famosa y veterana de España sigue erre que erre con la idea del matrimonio. Como ya sabéis, el afortunado pretendiente es un funcionario llamado Alfonso Díez, con cara y cuerpo de pseudointelectual vivido, cuyas intenciones últimas no están todavía muy claras. El caso es que comentan las malas lenguas que el ínclito Alfonso estaría dispuesto a reunirse con los hijos de la superduquesa para hablar del asunto nupcial. No me lo puedo creer. Ya estoy viendo al pertinaz jinete cabalgando a la cita cual abanderado del honor y los buenos quehaceres (pese a sus deslices nocturnos en lugares de dudosa reputación) junto a sus hermanos Carlos, Alfonso y Fernando para defender la reputación de la familia (y por supuesto, la herencia); y por otra parte, a la “pequeña” duquesita, con su infiel Gonzalo, como adalid de la libertad de su señora madre, acompañada del bohemio editor Jacobo, y su “fielesposaexpresentadoradetelevisión”. Imaginaros al ya famoso Alfonso tratando de explicar a los nobles vástagos sus sinceras intenciones: “La quiero, no quiero dinero”. No sé si podré soportarlo.

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