Archivo para Diciembre, 2008
Se va 2008. El año en el que España ganó la Eurocopa y en el que murió Paul Newman. El año de la Davis y en el que Nadal se llevó Wimbledon y Roland Garros. El año en el que nos dejó Heath Ledger. El del Oscar de Bardem y la tragedia de Spanair. En el que Ingrid Betancourt volvió a respirar el perfume de la libertad y Daniella, Knox Leon, Vivienne Marcheline… nos regalaron sus primeras miradas. Un año de luces y sombras, como todos los años. En 2008 una mujer embarazada pasó revista a las tropas y un hombre negro alcanzó la Casablanca. Una aristócrata octogenaria quiso casarse y José Tomás cortó cuatro orejas en Las Ventas en una tarde, la del 5 de junio, que ya es historia. Un año de muchas sonrisas, como todos los años. Y con ellas me quedo. Ellas han puesto luz a un mundo que amenazó con vestirse de oscuridad y en el que la palabra crisis ha retumbado al son de los tambores de una guerra que parece querer librarse en el campo de batalla de nuestras ilusiones. Desde aquí, enviamos aliento y el deseo de que este blog sea una trinchera para la alegría. ¡Feliz 2009!
Escarlata

Por fin, han llegado las felicitaciones de la Familia Real, un poco más y nos comemos las uvas con ellas en vez del pavo navideño.
Ahora entiendo a doña Letizia cuando le brillan los ojos cuando habla, en muchas ocasiones, de sus dos hijas. La verdad es que están preciosas como se puede ver en el christmas de los Príncipes de Asturias. Eso sí, parece que son muy distintas. Mientras Leonor sonríe, la pequeña Sofía parece observar. Su madre siempre dice que también son diferentes en cuanto al carácter. La mayor como don Felipe, la pequeña como ella… eso en resumidas cuentas, porque cuando se pone a hablar de sus dos pequeñas, puede estar horas y horas.
Es una pena que en la fotografía no se vea más el sofá dónde están sentadas las niñas, ya que es el del salón de casa de los Príncipes, un buen detalle para cotillear un poquito más.
La de la Infanta Elena era la esperada, como ya no está Marichalar, saco a los niños, que están bien guapos y así me ahorro polémicas. Eso sí, da un poco de frío ver a Felipe (que no le gusta lo de Froilán) y a Victoria en bañador cuando vivimos el invierno más frío que yo recuerdo.
Los hermanos Urdangarín han crecido, eso está claro, pero por lo demás, podría ser la felicitación del año anterior. La buena será la del año que viene, que veremos los efectos que han tenido en el pequeño Miguel la operación que le tuvieron que hacer hace dos semanas en la mandíbula por culpa de una horrible caída.
No crean que la de los Reyes se me olvida. Pero es que prefiero, sinceramente guardarme la opinión, diré simplemente que es realmente aburrida.
Magnolia

Admirada y Franriverista Miss Tallas:
Te escribo estas cuatro letras para poner en tu conocimiento que Fran me gusta, pero prefiero al hermano, y no me refiero a Paquirrín, como puedes suponer. Y no es que yo vea un traje de luces y pierda los cuatro principios que me quedan, no –y para demostrártelo ilustro esta misiva con los mozos vestidos de calle, menos Paquirrín, que lo pongo en bañador, desafiando con toda su amplitud, a lo ancho y a lo largo, el frío de diciembre–, es que los tres hermanos son un claro ejemplo de lo caprichoso de la Naturaleza.
Me puede la pena al pensar lo que Mendel se exprimió la sesera experimentando con sus guisantes para que luego venga Paquirrín y rompa los moldes de la genética (y los que le pongan). Yo miro a Fran y veo a un chaval apuesto, fino, torerito, con aire de niño bien. El moreno de tu copla, Miss Tallas. Pero asoma Cayetano y la que esto firma empieza a bendecir la dieta mediterránea, a Paquirri, a Carmina la divina (a mí plin, soy Ordóñez Dominguín), al Niño de la Palma y hasta el Niño del Remedio, que nada tiene que ver con la familia aunque la sonrisa de Cayetano me parezca un milagro (y el Niño del Remedio es muy milagrero, dice mi tía).
Tiene Cayetano una cintura, Miss Tallas, que embebe como los vuelos de su capote. Las manos fuertes, la piel morena. Cara de bandolero. Perlas como dientes. Andares… ¡de torero!
Pero miro a Paquirrín y ¡ay! ¿no lo cambiarían en el hospital? –pienso–. ¡Si es que tiene unos mofletes que me recuerdan a los tomates en septiembre! No, no voy a describir a Kiko, si su hermano Fran dice que liga porque es muy gracioso y divertido, yo me lo creo. Tengo que alimentar mi fe y éste puede ser un buen principio.
Escarlata
Yo, taurina lo que se dice taurina, soy más bien poco. Vamos, Escarlata es para mí el Cossio mismamente. De pases, espadas, verónicas y demás, no sé nada, no hablo nunca, no vayamos a meter la gamba. Pero de toreros, si hay que hablar se habla. Dice mi enciclopedia andante, o sea, la citada Escarlata, que Fran Rivera, es un diestro del montón, pero que a guapo, y a esta opinión me sumo yo, no le gana nadie. El espíritu de Manolete se ensombrece al lado de tanta belleza masculina: Ordóñez, Rivera y Dominguín en su máximo esplendor. El otro día el destino me brindó una de esas posibilidades que da la vida sin esperarla, aunque al contrario que en las películas, la dejé correr. Me hallaba yo con una amiga en la estación de Atocha, viendo el invernadero natural que decora su interior, cuando oigo una voz que pregunta suavemente “¿te gustan las tortugas?”. Al levantar la vista veo frente a mí, en cuerpo y alma al guapo Fran, que no me formulaba a mí la comprometida pregunta de los reptiles, sino a su hija Cayetana, oye, igual que él, qué ojos, y qué pelo moreno. Claro, que la niña me ocupó dos segundos de mis pensamientos, porque rápidamente mi cabeza se puso a trabajar: ¿le pido una entrevista? ¿le extiendo un klinex para que me estampe su autógrafo? ¿le doy la mano? ¿le doy mi móvil? ¿le pido el suyo? ¿me hago una foto con él? ¿Le digo lo pochola que es su hija? ¿le pregunto dónde se ha comprado ese abrigo camel que le queda como un guante?…. y así me hice otras 300 preguntas, tratando de separar al torero de cortos pases que describe mi compañera Escarlata del apuesto varón que tenía delante, separado de mí por unas tortugas de invernadero. Cual Ave (me refiero al tren), el momento pasó, veloz y silencioso. Yo me quedé viendo cómo el bello torero se iba, al resguardo de otras decenas de miradas parecidas a la mía, dando la mano a su hija en lugar de dármela a mí. Con su porte inequívoco de galán, que se lo digan a la triste Blanca Martínez de Irujo o a la explosiva Vicky Martín Berrocal, a la que le unen, de momento, los maledicentes rumores. Decidido. A mí, como a la duquesa de Alba, también me gusta Fran, aunque sea de yerno.
Miss Tallas
Tras pasear por el centro de Madrid, que deslumbra con tanta bombilla y árbol de “diseño”, tengo la sensación de que estamos a las puertas de la Navidad. Me gusta la Navidad, aunque sé que está pasado de moda decirlo, ¡me encanta la Navidad!… comida, regalos, reuniones con los amigos y la familia ¿cómo no me va a gustar?
En esta fechas también se esperan las queridas tarjetas de felicitación. Cada año, y por culpa de la tecnología, son menos las cartas navideñas que van llegando. Pero hay algunas que no fallan: las de la Familia Real. Cada Navidad llegan se abren, se estudian, se comentan y se publican. Pero ¿cómo serán las de este año? Tenemos muchos interrogantes sobre ellas: ¿Habrá hecho la Reina otra de las suyas con el photoshop o para darnos a todos con ella en las narices felicitaran las fiestas con otra imagen bucólica de Zarzuela nevado? ¿Podremos ver por fin a las Infantas Leonor y Sofía en la de los Príncipes de Asturias? Hace tanto que no vemos a la pequeña, que si no fuera por el membrete de la casa del Rey ni sabríamos que son ellas. ¿Y la Infanta Elena? ¿volverá a sacar a sus dos hijos para no tener que pensar en qué hacer con Marichalar? Le recomiendo que mande una foto del caballo con el que suelen montar por las mañanas en El Club de Campo de Madrid, ¡un magnífico ejemplar!. Y por último, sólo espero que los Urdangarines se hicieran la tradicional foto familiar que mandan cada año antes del pequeño accidente de Miguel en el colegio. Desde aquí le deseamos que se mejore pronto.
Sean como sean las postales familiares de nuestros “royal”, las veremos en todos lados publicadas, comentadas y estudiadas. En “Diezmis y Diretes” también lo haremos. Prometido.
Magnolia
Abdominales y méritos deportivos aparte, ¿qué le ven las chicas a Feli? No digo yo que no sea normal que un gran tenista –como es él– tenga éxito entre las mujeres (dándole bien a la raqueta o al balón, uno ya tiene medio camino de la seducción andado y a las pruebas me remito), pero de ahí a tener una legión de admiradoras y soltar una Miss y llegar la rubia presentadora va una cancha de tierra batida (por lo menos).
Este chico, después de pasear su almibarada pose –melena al viento, bien nutrida de mascarilla– por playas y piscinas, tipazo al descubierto, con su Miss, ahora goza del aplauso y el visto bueno desde la grada de la presentadora que mira a quien baila en TVE 1. Y mira a quien torea en Las Ventas. O miraba. Porque hace no mucho sus olés y palmas eran para el diestro Israel Lancho, pero, en las últimas semanas, los tendidos lloran ausencias fuera de temporada y las pistas de tenis han echado humo, y allí estaba ella, sonriendo como ninguna. Ocupando palco familiar en menos que Lancho da un bajonazo.
Si esto prospera, que se preparen las Urgencias de los hospitales españoles, las subidas de azúcar Anne-Feli, Feli-Anne prometen dejar en shock a más de uno (a mí la primera).
Escarlata
Todos los años por estas fechas espero la dichosa llamada. Pues eso, era un viernes tranquilo en la redacción del Diezmi, pero no, sonó el teléfono. Lo cojo y llega la noticia “Letizia y la Reina van a ir al Rastrillo a eso de las doce”. Vaya, ya está aquí El Rastrillo. Todos para allá. Desde que me dedico a lo que me dedico, me llama mucho la atención el efecto que produce la presencia de cualquier miembro de la Familia Real en las mujeres de más de 65 años. Gritos de “guapa, guapa…” carreras, empujones, codazos y quejas porque: “nena, me estás quitando el sitio, que llevo aquí una hora esperando a la Sofi y te me pones delante”. “Perdone señora, es que intento trabajar y este es el sitio de la prensa”, digo yo intentando ser educada y poner en práctica eso que mi madre siempre me enseño de “respeta a los mayores”. “¿Trabajar? Llevar un boli y una libreta es trabajar? Pues así también trabajo yo”. Es verdad, señora, que razón tiene. El Rastrillo demuestra que la locura colectiva por la Familia Real en este segmento de edad femenino no tiene clase social. Da igual que sea la visita de la Reina en una localidad del sur de Madrid con una renta baja, que las señoras de La Moraleja que cada año visitan El Rastrillo. Las primeras te pegan con un bolso de mercadillo, un “Luis Vuiton” y las segundas se hacen hueco cerca de la Reina apartándote a golpes con un “Louis Vuitton”. Es decir lo mismo. Para saludar a doña Letizia y decirle: “que guapa eres pero muy delgada, hija” no existen colegios de pago o públicos, chalet o piso, Borja o Paco, jamón serrano o chorizo… todo vale. Pues eso, que ya ha pasado El Rastrillo, que vuelvo a casa con un par de bolsazos más en mi currículo de plumilla y con una frase: “que mala cara tienes”, que dicha por quien me lo dijo me hizo ir a cambiarme de look horas después.
Magnolia