Archivo para Noviembre, 2008
Querida Magnolia, y yo recuerdo cuando Andrea Casiraghi hacía bullir la sangre de las adolescentes de media Europa. Cuando a su paso suspiraban y se desmayaban las jovencitas en los bailes de gala, el corpiño oprimiendo su pecho, asfixiando latidos que nacían y morían por él. Cuando las calles de Mónaco respiraban sus pasos y las aristócratas –solteras, casadas, viudas– se embebían en la brisa áurea de su melena, esencia de Chanel y Mediterráneo. Cuando el sol y el mar palpitaban en su piel, dorada por un millón de atardeceres en su yate de niño bien. Y su boca, fresca, sonreía con la inocencia y el brío que sólo da la juventud, rebosando abundancia de Moët & Chandon y delicatessen.
Pero resultó que al príncipe parece que le gusta ser pirata, la nicotina y dormir poco. Y las juergas más que las recepciones en palacio. Y claro, esas rutinas pasan factura, ¡y de qué manera! Ahora, el que fuera un dulce querubín luce una delgadez que nada envidia a la de Kate Moss y bajo su piel, ajada, se adivinan todos y cada uno de sus huesos. Su pelo, marchito, y su decrepitud invitan a regalarle un bocadillo o a llamar a la Esteban y que le diga aquello de “¡Andreíta, cómete el pollo!”. Bueno, el pollo, el pan y hasta la panceta. Todo, por devolverle al principito su antigua y saludable juventud.
Escarlata
Recuerdo cuando Letizia Ortiz Rocasolano era sólo eso, Letizia Ortiz Rocasolano. Fue una sorpresa para todos, era simplemente la “chica del Telediario”, el punto guapo (sin dejar de ser buena profesional) al feo de Urdaci (sin ganas de ofender) en el informativo de las nueve de la noche. Fue en aquella época, antes de convertirse en Princesa de Asturias cuando se habló por primera vez de la altura de los tacones de la novia del Príncipe. Un conocido periodista de cuyo nombre no quiero acordarme comentó en su columna “dominguera” (que luego convirtió en libro, para que vean lo que da de sí el tema) que los zapatos de doña Letizia medían por detrás unos 15 centímetros. La primera vez que la prometida del heredero y dicho periodista se encontraron cara a cara, ella le reprochó semejante dato y le preguntó: “¿Acaso ves que mis tacones midan eso?”
Pero de aquella anécdota han pasado ya cuatro años y los tacones de la Princesa han ido subiendo centímetro a centímetro. El pasado martes, vestida de Felipe Varela, doña Letizia eligió unas mal llamadas merceditas con dos tacones de aguja que si no llegaban a los 15 centímetros se quedaban en los 13, cómo puede verse en la foto. Puede que sea la obsesión de la esposa de don Felipe por estar a la altura, pero desde aquí le damos un consejo: “como se tropiece y se tuerza un tobillo, Señora, va a estar de “baja” por un esguince general durante una buena temporada”.
Eso sí, como ella comenta y anuncia, todo el calzado que usa es español. Le encanta Pura López y ha descubierto los maravillosos diseños de la casa Magrit… Todo Made in Spain. También podría ser todo “sabor patrio” lo que guarda en su armario, y no todo Made in Varela, que sí, que es tan español como el jamón serrano pero yo lo denominaria más bien como una buena “paletilla”.
Magnolia
Ring, ring …llamo a Cuqui, mi cotillo-amiga mejor informada. Me apetece escribir algo porque estoy harta de que mis coleguis, especialmente Escarlata (que a ésta sus ideas no se las lleva, desde luego, el viento), siempre estén sembraditas de buenos y amenos diezmis y diretes. Fijaos si estaré empanada que, para entrar en el blog, he tenido que pedirle a Magnolia (la listilla number one en trastos con teclitas) que me recordara mi contraseña. Sí, la mía…
Dígame. -Hola Cuqui, que soy Tina, que si tienes algo cotilleable para mí? No, hija, ya lo siento. Pero te puedo contar que ayer, Paloma y yo, paramos a comer en un bareto de esos de barrio, de los que yo, antes de la crisis, no habría pisado ni en caja de pino y allí, a nuestra vera, estaba la mismísima Infanta Elena de tapeo con su íntima Rita. Decirte que el olor a “eau du fritanggg du calamar” no nos lo quitó nadie pero chica, tuvo su punto. Y, además, a la salida, compró un décimo de lotería acabado en 68. Eso ya fue, la revolución. Todos a comprar no vaya a ser que tenga enchufe por eso de ser Real. (La verdad es que esta infanta mola. La semana pasada, también con Rita, hacía la compra en el súper de El corte inglés -ver foto- y el jueves 20 se vestía de operaria mileurista en una fábrica de galletas -ver la otra foto- ¡Qué humana!).

Allí, a la cola de la lotera, improvisamos una tertulia a propósito de temas de Zarzuela. Y una maripiji aseguraba que sabía de muy buena tinta (espero que no sea la del calamar del bareto) que la infantita Sofía ya camina. Que su madre, Letizia, la llama “la maciza” y que el pobre príncipe está deslomado de cogerla en brazos y que Leonor se pirra por el uniforme del cole. Vamos que ésta se viste de tierra, mar y aire, como su padre antes de los 18. Bueno Tina, te dejo que he quedado para merendar con Pati. Acaba de llegar de Nueva York y dice que por la Quinta coincidió con Ariadne Artiles, la ex de Fonsi, e Israel Bayón, el novio de la Berrocal…No quiero ser malpensada. Apuesto a que Isra estaba buscando unas maxi mallas de baile bonitas para regalarle a Vicky por Navidad y Ari, simplemente le asesoraba porque de moda ésta sabe un rato. Vale Cuqui, un beso y a ver si te enteras de algo y me lo cuentas porque con esto no hago na…No se pierda la prueba real y constatada ” La infanta va de tapas” en su próximo Diez Minutos. Besos diezmiadictos
Tina Hollywood
Pues a mí me va más la cosa lírica. Lo digo por Escarlata, que se pierde por unas manoletinas y una montera sudando el albero. Ayer me puse mis mejores galas (una hace lo que puede con un fondo de armario básico de Zara) y asistí a la presentación del nuevo disco de Ainhoa Arteta, que no canta La Traviata, precisamente, sino algún bolerazo, nanas, a clásicos como Clapton o Elvis y…. ay de mí, a mi añorado Jacques Brel.
Yo aplaudí muchísimo, emocionada como estaba por regresar a las noches de mi adolescencia y a mis guateques de instituto. Pero las fotos eran para otras, como ha de ser cuando una servidora, como ha subrayado, no va de Dior.
La baronesa (no pongo ni el nombre, que para mí sólo hay una), sin pasar por la peluquería, como siempre, fumando en pasillos prohibidos y diciendo que ella no ha visto ningún atraco en directo y menos de pieles (programas de televisión dixit). También estaba, monísima y educadísima ella, Mar Flores. Y Nuria March, que le había “prestado” el súper collar que colgaba de su espalda a la protagonista de la velada musical: un hermoso Vasari para la no menos bella voz de Ainhoa. Un lujo, para la vista y los oídos. Hay días en que una se va más contenta a la cama que si le hubieran subido el sueldo.
Miss Tallas
El mundo está loco, loco, loco. Ahora resulta que la Campa entiende a la Esteban y viceversa. Y en medio de las dos, “Ezulín”, ese ex torero, que tiene en su familia reses tan bravas (o más) que las que le salían por chiqueros cuando se ceñía de seda. Según confiesa la Campa, en el ruedo de “Ambiciones” torean los Janeiro. Y la esposísima se ha ido a las tablas, acobardada.
Y mientras la actual parece que se acerca a la ex y la madre dice que la echan de la casa y la tía otro tanto que tanto monta, el matador calla y no otorga.
O se le fue la fuerza al cortarse la coleta o está ideando una faena de Puerta Grande. De momento, silencio en los tendidos para el de Ubrique, pitos para las Bazán y sonora ovación para las que fueran enemigas viscerales, la Campa y la Esteban. Las orejas, si siguen así, se las van a cortar ellos.
Escarlata
Esta parece la semana del ayer y hoy. Me explico. Hemos visto reproducidas en la prensa unas cuantas décadas después algunas fotos históricas, como la del marinero que besa a la enfermera al final de la II Guerra Mundial, o el bebé que bucea con un dólar en la mano para gloria del grupo musical Nirvana. Los dos protagonistas viven, que en el caso de la enfermera es ya de por sí, un notición (tiene 90 tacos). Pero a mí, el aniversario que me remueve del colodrillo a los pies es el de la Nancy. Una servidora jugaba con ella, sus vestiditos y su pelo tieso (rubio, el de la mía). Y ahora, aquel recuerdo de la infancia, que en mi subconsciente guardaba cercano, ha cumplido 40. Esto es toda una pista para ilustrar mi veteranía, pero ojo lo que hemos visto la Nancy y yo en tanto lustro. He de decir que el aire Barbie que tiene ahora mi antigua compañera de juegos, es como los liftings que se han hecho muchísimas (que levante la mano la que no se ha retocado nada de nada entre las famosas) en estos 40 cortos años. Me gustaba más con su lozanía quinceañera, que era la mía, pero a lo mejor recuperarla (¿la pedirá mi hija esta Navidad?) me devuelve los 15 o incluso la edad del pupitre. Si los Reyes Magos de los 60 levantaran la cabeza…
Miss Tallas
Pues hablando de parentescos yo hoy le dedico esto a mi madre (lo siento por la tía de Escarlata y la abuela de Magnolia si les resto protagonismo). Está temporalmente en silla de ruedas como mi duquesa de Alba por un accidente doméstico y claro, ya me ha tocado manejar la silla, sin marchas ni cambio automático. Podría pasarme horas describiendo la escena, pero me limitaré a decir que jamás he pronunciado más “mami, mamá, pero mamaaaa” en menos periodo de tiempo. “Que si me das con el cerco de la puerta”, “que metas la silla marcha atrás”, “que me voy a hacer daño en el pie”… Y eso por los pasillos de casa. ¡Qué suplicio por los empedrados de Roma! No me extraña que Alfonso esté pensando en regalar a Cayetana una motorizada. Creo que voy a hacer lo mismo con mi madre. Porque “madre no hay más que una”, aunque Jesulín debió encontrársela en la calle (lo dice mi madre que romperse el tobillo le ha agriado el carácter, que no yo) porque dicen que la ha echado de “Ambiciones”.
Y otra madre que me viene a la mente es la de Raquel Mosquera, a la que con todo el respeto y seriedad del mundo, le deseamos mucho ánimo por lo que debe de estar sufriendo con los problemas de salud de su hija y los disgustos que le debe provocar volver a ver a su ex-yerno, Tony Anikpe, este viernes contando intimidades en televisión. Al parecer, la peluquera, sólo un día después de salir de un hospital psiquiátrico, ha intentado suicidarse cortándose las venas.
Penélope Glamour
Me encanta ir a Zarzuela. Muchas veces voy sólo por ser uno de esos pequeños placeres que tiene el ser “cotilla oficial del reino”. Y es en el momento en el que me subo en el taxi y le digo al conductor: “a la Zarzuela, por favor”, él me mira y me dice: “¿al palacio?” y le contesto, con voz profunda: “Por supuesto”… ufff cómo me gustaría que mi abuela me estuviera viendo por un agujerito. Pero sólo en este momento. Porque ese agujerito se tendría que cerrar, con un tupido velo, cuando llegas a la entrada y como están en obras te hacen pasar por unos barracones que los de los obreros que construyen “chaletes” en mi barrio tienen más glamour. Luego tenemos el tema de que te olisqueen los perros hasta en el más mínimo resquicio de tu bolso, que a mi me importa poco porque el mío es de Misako (una imitación del Chanel 2.55 por 25 euros que me ha conseguido una super amiga), pero que a alguna adinerada periodista que lleva Prada de verdad no le gustará nada que un chucho le husmee en el mismísimo logo.
Total que ya estamos en el autobús. Y resulta que aunque estamos acreditados más de 30, entre plumas y foteros, nos mandan un minibús para 15, así que a la mitad le toca ir de pie. A pesar de que a palacio hay que de ir de traje de chaqueta y corbata, no se dice nada del olor y alguno no se ducha para ponérselos y ese en concreto, siempre se pone a mi vera.
Vamos para arriba, entre curva y curva, vas viendo los ciervos (ya citados en este blog) y los jabalíes y llegas al palacio entre el olor y las curvas de un color verde pistacho que siempre hay algún simpático que te comenta: “trabajas demasiado, vaya carita”.
Nos toca esperar, los de las cámaras hacen cola para coger el mejor ángulo de la Princesa, mientras los redactores intercambian datos, -es curioso, este momento siempre me recuerda a cuando estaba en el colegio antes de un examen, casi siempre sin tener ni idea, y el de al lado se lo sabía todo de memoria-.
Y por fin, entramos en la sala Magnolias (de ahí el título de una servidora). Y se abre la puerta y entra doña Letizia para una audiencia que tiene prevista con 100 niños. Nos mira, nos saluda y el de prensa nos echa a todos al autobús de nuevo… ¡ya está, eso es todo! si me viera mi abuela…
Magnolia
Tengo una tía que es muy devota de San Judas Tadeo, patrón de los imposibles, que es al que dice que tendría que rezar Julián Muñoz si quiere volver a lucir dientes y palmito junto a la Pantoja. “Muchas velas tendría que ponerle Julián –añade mi tía displicente, sin levantar la vista del Diezmi– al santo. A éste o a San Antonio de Padua –patrón de los enamorados de toda la vida, hija, que lo de San Valentín fue un invento de Galerías Preciados– para pegarse otro Rocío como el que se pegó con Isabel cuando todo eran risas y abundancia y no había probado la amargura de rezarle plegarias Nuestra Señora de las Mercedes, patrona de los presos”.
¿Y lo de Joaquín Cortés, tía –la corto, porque el “Caso Pantoja-Muñoz” es uno de sus favoritos–, crees que el bebé de Cathy Asumu es suyo? “Eso sólo lo saben Dios y ellos, hija, pero, si esto no se aclara, qué va a hacer esa criatura el día de San José, que es, dicho sea de paso, el día de mayor trasiego en la mansión Preysler”.
Tíaaaaaaa –la interrumpo–, no seas faltona. “¿Faltona yo? Pero si debo de ser la única persona de España que no ha criticado la relación de la duquesa de Alba y Alfonso, que santa Rita de Casia, patrona de los funcionarios, lo proteja. Hija, qué amor tan grande, si hasta ante el mismísimo Cristo de los Gitanos llevó la duquesa a su novio, y no es pa menos, que lleva 30 años enamorado de ella. Parece mentira, ¿eh? ¡Treinta años! A mí me pasa eso…y , vamos, que no me lo creo”.
Claro tía, es que creerse eso es cuestión de fe. Y la duquesa la tiene a raudales.
Escarlata
Carmen Bazán, la eterna sufridora de los Janeiro, la mediadora familiar por excelencia…, dicen que llora por las esquinas desde que se le ocurrió ganar un dinerillo hablando hace así como un mes en un programa de televisión. Al final, no le ha salido rentable. Porque está de patitas en la calle. Y eso que hablar habló pero no criticó mucho y menos a su nuera, aunque parece que ella no lo ve así. Yo que pensaba que María José Campanario estaba calladita para pasar desapercibida mientras entra o no en el trullo. Pues menuda sorpresa que me he llevado. Resulta que no se le pone nada por medio y ha logrado lo que, según muchos, quería desde que dio el “sí quiero” a Jesulín. Ya es la reina de Ambiciones. Y hasta se ha quitado de en medio a la suegra. “Has hablado mal de mi mujer”, aseguran que recrimió el diestro a su madre alentado, según las malas o no tan malas lenguas, por su mujercita. Fue hace más de un mes, aunque lo hemos sabido ahora, como también nos hemos enterado ahora que los gritos se oyeron en muchos metros a la redonda. Tal fue la bronca que uno de los hermanos de Jesulín, Humberto, que también estaba en la finca intentó interceder por su madre, pero Campanario le hizo desistir con la amenaza de ponerle a él también de patitas en la calle. Y no sería el primero, ya que Ambiciones ha pasado de ser la casa familiar en la que vivían todos los Janeiro a ser el domicilio conyugal de Jesulín, a quien todos los dedos acusadores culpan de ser un corderillo al lado de La Campa, mujer, según cuentan, de armas tomar donde las haya. Les pediría que se ablanden y acaben perdonando a Carmen Bazán porque la pobre no encuentra consuelo, bueno a excepción de su hija Carmen, que le ha prestado su hombro para llorar y su casa para vivir.
Pink Panther
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