Archivo para Octubre, 2008
Estamos de cumpleaños. Y de polémica. El primero sabe a dulce, por la tarta; la segunda a almendras amargas.
Cumple la Infantita tres hoy y la Reina 70 pasado mañana, dos Escorpios como la copa de un pino. La una con cara de princesa de cuento, la otra con carácter firme y una discreción con la que se ha ganado a fuerza de silencios y corrección el respeto de los que son monárquicos, de los que no lo son y de los que no saben no contestan.
Dando esto por sentado y, aunque doña Sofía ha desmentido las controvertidas supuestas declaraciones vía comunicado oficial, me pregunto por qué se habrá metido ella en estos jardines teniendo ya los de Zarzuela, tan apacibles.
Sea como sea, les deseamos a las dos que los cumplan muy felices, que el paso de los años es motivo de alegría –pensad, si no, en lo contrario– y ley de la naturaleza. Naturaleza que hoy le regala a Leonor la lluvia, testigo mudo y feliz de la noche de su nacimiento, de la boda de sus padres y de sus tres preciosos y revoltosos años.
En la imagen, la Reina sonríe durante un acto en El Salvador. No sabemos, Majestad, si le conviene cruzar el charco con la que está cayendo aquí.
Escarlata
Cambiaron los croissants por canapés, el desayuno por un cóctel y la mítica Audrey, por la siempre-stupenda Elle McPherson, pero la película era la misma, la de los diamantes de la 5ª Avenida de New York. Y el color de escena, el archi-chic azul Tiffany. La inauguración de la primera joyería Tiffany en España es ya un hecho consumado. Ya no tenemos que volar a las USAS para contemplar sus famosísimos diamantes. Basta con acercarnos a la milla de oro madrileña, José Ortega y Gassett, al número 10 y, con o sin cruasanes humeantes en las manos, meter la narices en su escaparate y si, por esas circunstancias de la vida, no podemos comprarlos, al menos, visitarlos.
La inauguración estuvo brillante a pesar de que yo no destaqué nada de nada. Me tracé -en un alarde de homenaje a Audrey- un eye-liner pelín más ancho que los profesionales porque tiendo a salirme y empiezo a rellenar y rellenar y al final la linea acaba convertida en banda ancha. Me puse guantes negros de espumilla hasta el codo pero nadie reparó en ellos. Es imposible competir con el trío la-la-la: Carmen Lomana, Nati Abascal y Cuqui Fierro. Pero yo, y no ellas, me llevé a mi marido para adentrarle en ese maravilloso mundo de las piedras preciosas. Y ellas, y no yo, que ya están metidas de cabeza en él, no recibieron la respuesta que me asestó mi santo: “Ya sabes amor que me gustas minimal”. Que es lo mismo que decir: Piedrecitas, las del campo. La fiesta se acabó para mí. Y, en honor a la verdad, debo reconocer que, ya en la cama, y después de absolverle de sus pecados, pensé: que razón tiene el jodío, en la cama -al menos- cuanto más minimal, mejor. Y soñé en color, en un color azul Tiffany muy, muy relajante…
Tina Hollywood
Sí, lo que para algunos puede llegar a ser un lujo –dadas las circunstancias–, para otros el lujo reside en sus sueldos. Y no lo digo yo, lo cantan las cifras. Echad un vistazo a esta lista y temblad, temblad malditos, condenados a vivir pendientes del Euríbor y el fin de mes. Y es que trabajar cara al público tiene su precio. O lo que es lo mismo, la fama cuesta (lo siento, ya de niña empezaba a sentir afición por las series. No he olvidado “Fama”. Oh, my God!) y aquí es donde vais a empezar a cobrarla.
Pero no queda aquí la cosa. Y al berrinche que me llevo al ver esas cantidades hay que sumar que una de las actrices de televisión mejor pagadas al otro lado del charco es Ellen Pompeo. Es decir, la novia que todas quisiéramos ser: la del doctor Macizo. Pensar q
ue, además de cobrar lo que cobra, juega a los médicos (literal) con Derek (Patrick Dempsey) me corroe. Y no es envidia, no. Ni sana ni insana. Es algo peor. Aun así, a pesar de los pesares, no perderé detalle de sus andanzas amorosas en la quinta temporada de Anatomía de Grey, que empieza hoy. Cobren lo que cobren, sean como sean, nos hacen la vida más agradable. Y eso no tiene precio.
Escarlata
Hoy me siento lunes, aunque es viernes. Una tristeza invasiva se apodera de mí, un peso gris en el alma, un dolor agudo me oprime el pecho.
Y es que no levanto cabeza desde la última edición de “¡Mira quién baila!”. El suceso fue el que sigue: con el pulgar desgastado de tanto hacer zapping y la mente embotada en toses y malestar general, van a dar mis cansados huesos con este espacio, ejemplo vivo de la horterada nacional, pero no estaba servidora, precisamente, para leer a Nietzsche, así que se dejó llevar por las hordas del fácil entretenimiento esperando, no sin ansiedad, ver a la grácil Obregón a ritmo de rap, pasodoble o lo que se tercie, que ya se encarga ella de recordarnos que vale para todo.
Pero, ¡ay!, cuál fue mi sorpresa y con ella mi disgusto al saber que nuestra Anita estaba lesionada y no podía -muy a su pesar, porque ella es muy trabajadora. Mucho. Vamos, que cualquier día va a formar un sindicato- deleitar a su público con el bailecito que había preparado con el simpar Poty.
Ver la magnitud del drama y entregarme a una bandeja de buñuelos para compensar el bajón fue todo uno. Ana, Anita, la actriz, la bióloga, la presentadora, la guionista… ¿lesionada? Ana, la única mujer española que podría inspirar una Barbie… ¿de baja? Esa muchacha de “taytantos” que sigue comprándose la ropa en “joven” y no en “señora”, ¿con una fisura en una costilla?
No me lo puedo creer. Si Ana -ejemplo de tesón y capacidad de trabajo- cae, caemos todos. Y eso le pasó a su compi Ortega Cano, apodado desde ese día en mi imaginario como “Rostro Pálido”, pues apareció blanco como la cal a dar saltitos por el escenario mientras Anne, la sonriente Anne, contaba que había sufrido una bajada de tensión o similar.
Vamos, maestro, véngase arriba, que no se le vio a usted esa mala cara ni cuando le salían bravísimos victorinos por la puerta de chiqueros.
Y a ti, Ana, qué decirte, hija, que te cures, que media España suspira por tu costilla y la otra media por el resto de tu cuerpo. ¿No es suficiente aliciente para que te veamos el próximo lunes moverlo?
Escarlata
Tina, me dejas sin habla. Ni en siete vidas podría perder yo, imagino, los tres millones de euros que Fefé ha perdido en “siete” días. Pero a la que sí me imagino, no perdiendo, sino ganándolos, es a Tita Cervera, un lince para los negocios, dicen. Lista entre las listas. Y debe de serlo, porque en tiempos de vacas flacas ella se compra la vaca más gorda: una casa de dos mil metros construidos (sí, no me he equivocado) valorada en seis millones de euros, que seguro que está a precio de ganga dado el momento inmobiliario. Vamos, que seguro que ha ganado de un plumazo casi lo que Fefé ha perdido. ¿Y quiénes van a vivir en ella? Pues Borja, Blanca y su Sacha. Si les dejan, claro, porque no sé qué opinará tan selecto vecindario de los tatuajes XXL del nene o de los tangas XXS de ella. Os contaremos.
Penélope Glamour
Estoy de bajón. Sólo de pensar cómo lo estará pasando don Fernando Fernández Tapias, nuestro Fefé del cuore, después de haber perdido 3 millones de euros de una sentada, se me abren las carnes. Y cómo lo estará llevando esa dulce esposa y madre, Nurita. ¿Sabrá que lo más in ahora son las marcas blancas y que tendrá que tirar de ellas para la cena de los peques? ¿Será consciente de que se va a ver obligada a cambiar Prada por Zara o por el socorrido Tex para Carrefour hasta que escampe el temporal?
Ay Nuria, que difícil nos lo pone la vida a veces. El otro día te vimos acercarte a Oscar de la Renta y ahora lo veo claro. Debiste pensar: con este apellido fijo que me financia un modelis…pero él, lamentablemente no estaba aquí para vender moda sino para promocionar un resort de lujo en Punta Cana. Y tú ahora no estás ni para lujos ni para resorts…como mucho para un Todo Incluido en habitación estandar.
Una ayudita: todavía estás a tiempo Nuria para conseguir gratis las toallas que regalamos en Diez Minutos. Son de buen algodón, tienen unos colores ideales y, si aún no has conseguido la cartilla, llama al 902 492 492, y lo pillas. Por lo menos el ajuar lo salvas.
Al pobre Fefé se le acabó el jugar al monopoli con billetes de verdad. Tendrá que buscarse otra hucha. Ser cliente VIP de entidades financieras privadas tiene sus riesgos…Y además, que no cunda el pánico que aún le quedan otros 9 milloncejos de nada ahí aparcaditos. Con éstos, vas tirando y seguro que, de aquí a nada, se te ocurre algo brillante para multiplicarlos. Que esto Fefé es lo tuyo. Arriba ese ánimo. Suerte y nada, que la crisis, mejor o peor, pasa por todos.
Si a alguien se le ocurre alguna idea para ayudar a Fefé que entre y lo comente. Se las haremos llegar. 
Os adjunto la foto de Nuria en la inauguración de la nueva y exclusiva tienda de Oscar de la Renta, el martes 21, en Madrid. Hizo de tripas corazón para que no se le notara el disgusto y lo consiguió. Lo cierto es que iba monísima de blanco inmaculado. El descuento se lo ha ganado a pulso.
Tina Hollywood
Pues yo también estuve allí, en los Telva, como miss Tallas y, de todas, me quedo con Caritina Goyanes. Es inmensamente inmensa: se reía a borbotones, comía sin contar las calorías, rebosaba alegría y destilaba carisma. Hasta se atrevió a saltarse a la torera el dress code que pedía ir de largo. Ella mostró sus generosas rodillas a pelo y, además, no tiró del socorrido negro que siempre te resta una talla. Iba de azulverdeagua semi-ceñido, ondeando sus brazos a babor y estribor. Y a la hora de las copas, copeó. Para eso se va de fiesta. ¡Qué narices! No como yo. A ver cuando retengo mi talla que ya soy mayorcita y la 38 no debería ni sonarme. Os cuento además una anécdota a propósito de la primogénita de Cary: Estaba yo de charleta con mi amigo Frank Ariza, guapísimo y también perdido dentro de su smoking Gucci -a él la dieta post-vacacional sí le ha funcionado- y oí a mi espalda: ¡¡¡Gordi!!!…No me preguntéis por qué pero me volví. Y allí estaba Antonio, el marido de Caritina que a quien llamaba era a su flamante esposa. Qué romántico me pareció -por ella- y qué alivio -por mí-. Caritina me fascinó. Me he hecho mega fan de ella. La vi feliz, más feliz que la mayoría de las guapísimas y estilizadísimas ninfas que anoche tomaron el Palace de Madrid a golpe de alta costura. Al año que viene, prometo embutirme en mi talla..la y tantos. Ciao diezmiadictos.
Tina Hollywood
La fiesta de los premios Telva de Moda no es apta para días malos ni problemas de autoestima. Me explico. Llevo años yendo de invitada (no iba a ir de premiada, digo) y todavía me pregunto cómo consiguen los organizadores reunir a tanta guapa, alta y bien vestida por metro cuadrado en una sola velada. Vamos, que una, que no pasa del 1,60 y no frecuenta a Gucci ni Prada, se topa de año en año con esbeltas sirenas enfundadas en alta costura, que parecen llevarla con la misma soltura con la que una servidora se pone el Zara de ir a la oficina. Yo, resistente a las comparaciones, voy, observo y callo. En la última edición, de ayer mismito, asistí muda al desfile de Carolinas Herreras, Diane von Fustenbergs, Armanis, Diores y Chaneles, que ni el ropero de andar por casa de Victoria Beckham. Hasta la Infanta Cristina, que alterna con su hermana la “presidencia” de estos premios, iba hecha un pincel. Eso sí, bien española, que su modelo en blanco y negro lo firmaba Caprile. El bueno de Lorenzo esperó detrás de una columna su aparición, para ver cómo lucía su trabajo de estas semanas. Un guiño cómplice de doña Cristina a su diseñador bastó para saber que ella estaba encantada. Nosotros también, oiga, de que nos sigan invitando aunque no pasemos del 1,60 ni llevemos necesariamente Jimmy Choos.
Miss Tallas
Definitivamente, eso del amor no hay quien lo entienda. No hay más que ver a Ariadne Artiles y a Fonsi Nieto. Desde que se separaron hace poco más de un mes aparecen más veces juntos que cuando estaban casados.
Los acabamos de ver en la inauguración de una tienda de ropa masculina y, la verdad, parecían una pareja de tortolitos, tan cariñosos y atentos uno con el otro, tan sonrientes y felices. No sé. Claro que como lo suyo era “una interrupción temporal”, según dijeron en un comunicado, a lo mejor en cualquier momento dan la sorpresa.
El piloto, a quien, por cierto, vemos poco ejerciendo como tal y siempre rodeado de guapas guapísimas aunque él guapo lo que se dice guapo no es, ya ha dicho que “igual de aquí a dos años” vuelven a estar juntos.
Lo suyo parece más un contrato que un flechazo. Eso de despistar tanto no está bien. Pero, al menos, en estos tiempos que corren, dar ejemplo de personas civilizadas y bien avenidas ya es bastante.
Pink Panther
10:30 am. Jueves 16 de octubre. Puerta principal del Palacio de la Zarzuela. Mientras los informadores gráficos esperan con paciencia en el control de acreditaciones para un acto rutinario de Casa Real, un coche oscuro se acerca a la barrera de seguridad. Dentro, la Duquesa de Alba, con sus mejores galas, en visita-consulta a nuestra Reina. El motivo: que la soberana aliviara el mal de amores de la Duquesa, empeñada en una boda casi rechazada por todos con el funcionario Alfonso Díaz. En ese instante, un conocido y curtido fotógrafo de la prensa rosa, repara en la imagen del coche y dispara su cámara. Un recalcitrante sargento de la guardia civil le requisa la cámara y se arma la marimorena. No había autorización para hacer las fotos, como tantas veces. Al final, nos quedamos sin saber los detalles de la conversación entre la noble y la soberana, y desde luego, sin las imágenes de la duquesa entrando en Palacio. Lo que sí garantizamos es que la visita se produjo. Lástima.
Barón Rojo
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