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Ni Bridget Jones ni las chicas de Sexo en N.Y., que ya está bien de tonterías. ¿Cómo se puede ser sexy con un ordenador en una mano y una bolsa del súper en la otra? ¿Cómo se puede correr en el parque detrás de tu hijo con unos tacones de aguja de doce centímetros? ¿Cómo se puede lucir un maquillaje impecable retocándolo en el coche, durante los semáforos, entre una reunión de trabajo y otra en el cole de los niños? Pues si hacemos caso de los expertos, ¡Sí que se puede! El secreto está en la palabra mágica, naturalidad. Porque ya lo dijo Oscar Wilde: “Ser natural es la más difícil de las poses”.

Me llamo Cristina Divina, porque desde pequeña mi madre, mis tías, mis abuelas y sus amigas decían: “Esta niña es divina”, “esta niña es divina” y, claro, así ando yo con la autoestima por las nubes. Aunque luego mis amigas también me dicen: “querida, eres divina” y me lo empecé a creer (pero con humildad). Entre ellas me conocen como “El Oráculo” porque, según dicen, yo lo sé “absolutamente todo” pero… no es cierto; lo que pasa es que, yo, como los búhos, me fijo mucho, leo mucho y tengo buena memoria. Y con la inestimable ayuda de Internet ¡no hay tema que se me resista!

Sé por experiencia que para sobrevivir en la jungla urbana del siglo XXI, siendo una madre trabajadora de familia numerosa, y conseguir ser un poquito feliz, hay que tener claras las prioridades, guiarse por la brújula del sentido común, pedir ayuda a la familia y los amigos de verdad, y creer firmemente en que el tiempo es oro.

Estoy casada; supongo que a nadie le importa, pero es un dato relevante porque mi marido, que es también es divino, me da mucho juego en las conversaciones con mis amigas. Tengo una familia extensa (padres, suegros, hermanos, cuñadas, primos, sobrinos…), y estoy en deuda con todos ellos por el cariño que me dan y lo mucho que aprendo de lo que me cuentan. Y especialmente tengo que agradecerles a mis amigas, Angela, Ana, Carmen, Cris, Eva, Elena, Fefa, Garbiñe, Gorete, Isa, Macarena, Teresa… (las he puesto por orden alfabético, para no herir susceptibilidades…) que sean para mí esa hermana que nunca tuve y con la que siempre soñé. Con ellas consulto, comento, río, lloro, sueño, pienso, investigo, pruebo, viajo, busco, comparo pero no compro porque ¡no tengo tiempo!…

Así que, con esta vida loca que llevamos, necesito el móvil y el email para estar en contacto con ellos, tanto, que el día que me olvido mi teléfono en casa siento que me falta algo. Eso sí, en el mensaje del contestador he grabado. “Hola, soy Cristina, en este momento no puedo atenderte, pero si me dejas tu mensaje te llamo en cuanto pueda. Ahora bien, si me llamas para dar malas noticias o criticar a alguien, piénsate dos veces si es imprescindible que yo lo sepa o te dé mi opinión. Gracias”

Creo en la gratitud, en la lealtad y en la buena educación, puesto que sin ellas el mundo es más feo y más sucio, y francamente, está mejor libre de abusones, maleducados, caraduras, pesados, esnobs y predicadores de la honestidad brutal. Con la gente bien educada todo es más fácil, más bonito, más divertido.


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