El síndrome del armario loco
En estos días de desconcierto climático, en los que hace frio al salir por la mañana pero al mediodía te tienes que empezar a quitar capas de encima y al caer el sol te quedas helado (por no hablar de cuando entras en una tienda o casa en la que tienen la calefación a tope), pues bien, en esos días, digo, no te libras del “síndrome de la cebolla” ni de lo que mi abuela llamaba el “mes del armario loco” en el que conviven prendas de otoño-invierno con las de primavera-verano (aunque entre mis amigas haya algunas cuyo armario padece todo el año dicho caos).
Y como un vestidor en condiciones es un privilegio de muy pocos, lo normal es que en dicho mes se multipliquen las incursiones al trastero, maletero, contenedores debajo de la cama o dondequiera que tengamos guardada la ropa de otra temporada. El resultado final es un desorden de padre y muy señor mío en el que ya no encuentras nada y una desazón en la que ya no sabes qué ponerte.
En esta época, son aliados imprescindibles los chales y las gabardinas sobre una chaqueta no muy gorda y, para darle un aire nuevo a la de toda la vida, no hay nada mejor que un broche, cuanto más grande meor y, este año, en forma de flor (los hay de tela espectaculares). Es más económico que comprarse una chaqueta nueva y creedme cuando os digo que salir a la calle, en un lunes gris, con un bonito broche en la solapa, puede hacer que te parezca que ha salido el sol. Y no pasarás desapercibida. Palabra.
6 Comentarios Marzo 10, 2008

