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Archivo para Enero 3, 2008

Cara y cruz de la culpa

Me han encantado las opiniones de Ana y de Mun. La primera,  madre de 2 niñas gemelas que, por decisión propia, ha dejado de trabajar. Es verdad que parece que las madres que no trabajan tuvieran que disculparse por no hacerlo o que no tuvieran derecho a quejarse ¡¡¡¡¡como no trabajan!!!!! De todas formas, el problema está en que hay muchas “quejicas profesionales”. Trabajar sólo dentro de casa es ingrato, solitario y poco reconocido, pero tiene sus enormes compensaciones: la primera  y fundamental, el tiempo; la segunda, poder organizar éste como se quiera, y la tercera, ver crecer a tus hijos sin perderte ni una sola de sus sonrisas, primeros pasos o palabras y otros grandes logros similares. Y poder hacer las cosas, cuándo, cómo y dónde te dé la gana, y no durante la hora de la comida (quedándote para ello sin comer), a toda velocidad y en el sitio que te pilla al lado del trabajo (aunque sea más caro o no tan bueno).
Las mujeres que trabajan, dentro y fuera de casa, están acostumbradas a salir de trabajar, parar de camino en la papelería, la mercería o el supermercado (porque faltan un cuaderno, calcetines o carne para la cena), llegar a casa, hacer la cena  y preparar los baños sin tiempo para escuchar con calma cómo les ha ido a sus hijos en el cole. Y se quejan de tener que hacer las compras y recados el sábado (como media humanidad que trabaja) y tragarse un atasco y tardar el doble que un martes por la mañana. ¡Y qué decir de las compras navideñas! Desde luego, el estrés se les supone, como se decía antes del valor en la mili. Por eso, las “quejicas profesionales” -que viven como quieren-, que dejen el victimismo para las personas que realmente sufren porque no llegan a fin de mes, tienen hijos enfermos o padres ancianos que cuidar y nadie en casa para echarles una mano.
Pero estoy TOTALMENTE de acuerdo en que, trabajar o no trabajar no tiene nada que ver con la calidad de la atención que se le presta a los hijos, es más cuestión del grado de implicación de cada persona en su proyecto de vida.
La otra divina que nos escribió, Mun, cambió hace tres años, sin embargo, un empleo con horario de mañana por uno de jornada partida. Ya imagino que fue una decisión difícil de tomar, renunciar a las tardes libres para estar con sus hijos. Pero su hija pequeña ha repetido primero de primaria y ella no puede dejar de sentirse culpable. Sin embargo, me ha conmovido cómo describe lo mucho que disfrutó, un día que era fiesta local en la localidad donde trabaja y no en la localidad donde van al colegio sus niños,  ejerciendo de mamá y al poder estar con ellos por la tarde como antaño.
Son esos pequeños grandes momentos que dan sentido a nuestras vidas de mamás trabajadoras ¡atesoradlos!

7 Comentarios Enero 3, 2008


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