Jan
“Mis hijos no me obedecen”
Dejo que llore un rato, necesita descargar toda la tensión acumulada. Después, cuando ya está más calmada, le digo algo con lo que no contaba: no es la única madre que se siente así, de hecho su caso es mucho más habitual de lo que piensa. Y tiene solución. Pero, eso sí, hay que plantear una estrategia a seguir en función del estadio madurativo de cada niño (y luego, claro, aplicarla).
Así que nos ponemos manos a la obra. Después de escuchar y analizar lo que me cuenta le explico mis conclusiones sobre lo que está ocurriendo y le doy varias pautas, empezando por sus problemas con el hijo de 3 años. El niño ha aprendido a conseguir atención con su llanto y es necesario romper este círculo: para conseguirlo lo más efectivo es que a partir de ahora su madre no le haga ningún caso cuando llore y, sin embargo, le preste atención cuando se porte bien. En cuanto al pequeño, está en plena fase de afianzar su ‘yo’ y es normal que no obedezca demasiado, que actúe con rebeldía y que siempre tenga el “no” en la boca . Lo más conveniente es que sea estricta con él en temas importantes y que actúe con flexibilidad, dejándole más margen, en asuntos triviales. De esta forma el niño no tendrá tanta necesidad de afianzar su ‘yo’, con lo que colaborará con más facilidad.
Al mismo tiempo, debe ser firme a la hora de poner límites a sus dos hijos. El método que aplica con el mayor cuando no le obedece o se porta mal (mandarle unos minutos a su cuarto o a un rincón para que piense en lo que ha hecho) es uno de los que más recomendamos los psicólogos, porque resulta muy efectivo. El problema es que cuando recurre a él y el niño la acusa de no quererle se siente mala madre. Le explico que debe pasar por alto el comentario del niño: poner límites forma parte de su labor como madre y es una muestra de su amor por sus hijos.
Para terminar, le aconsejo que se cuide bien a sí misma. Tener a dos pequeños a su cargo es una tarea complicada, así que no le vendría mal contar con más ayuda y más compañía. Le propongo que todos los días quede con alguna otra madre para salir a pasear con sus respectivos hijos: hacerlo puede marcar la diferencia entre un buen o un mal día, ya que ayudará a que todos se relajen.
Deja mi consulta mucho más relajada de lo que venía. Hemos quedado para vernos de nuevo en dos semanas y estoy segura de para entonces el problema habrá mejorado: unas cuantas pautas y nuevas directrices pueden cambiar la situación en cuestión de días. Está pasando por un bache difícil, pero normal. Todos conocemos esos momentos en los que no sabemos qué hacer con los hijos. ¿O no?
Coks




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