Archivo de November, 2009

November 30, 2009

La maternidad y el trabajo

Esta mañana ha venido a verme a casa aquella amiga de la que os hablé hace unas semanas, a la que visité en el hospital porque acababa de tener un niño. Ya os conté que, tras un parto un poco difícil, ella me había dicho que este iba a ser su único hijo (“tanto dolor…”).

Hoy la he visto muy bien; ya está mucho más delgada y su cara, aunque cansada, irradiaba felicidad. “¿Cómo te va?”, le he preguntado mientras ella destapaba un poco a su bebé, plácidamente dormido en su carrito. “Muy bien. Es muy bueno y solo quiere dormir y comer. Bueno, de vez en cuando llora por algún que otro cólico, pero nada. De verdad, estoy feliz”. “Así que aquello de no tener más hijos…”, he continuado con un pelín de ironía. ‘“Ah, eso… –se ha reído ella–. Ya ni siquiera me acuerdo del dolor. ¡Qué curioso! ¿verdad? Ahora solo recuerdo lo bonito, estar de repente con mi pareja y nuestro bebé, los tres juntos y solos por primera vez. De repente éramos padres ¡y casi no sabíamos qué hacer con Miguel!”.

Se ríe de nuevo y yo con ella. Ya había imaginado que ocurriría así. Está demostrado que nuestro cuerpo se encarga de borrar el recuerdo del dolor gracias la influencia de las endorfinas, analgésicos naturales que hacen que a la vez que vamos vinculándonos con el bebé, vayamos olvidándonos del mal rato que pasamos con las contracciones y el parto. Menos mal que es así, porque gracias a ello nacen los segundos y los terceros hijos.

maternidad-y-trabajo“¿Y qué ha pasado con el trabajo? ¿Has vuelto ya?”, le pregunto cuando nos sentamos a tomar un café. Ella tiene una tienda y antes de dar a luz me había contado que pensaba volver a su puesto en cuanto se encontrara recuperada. “Bueno… la chica que me sustituye lo está haciendo muy bien ¿sabes? Voy por allí alguna vez, pero de momento no mucho. Es que para despertar a Miguel… El niño me necesita todavía, y yo también a él. No me gusta mucho dejarlo en manos de otra persona”.

Habla como si le sorprendieran sus propias palabras. Por lo visto, los planes que tenía antes de que naciera el bebé no coinciden con su realidad actual. Es lógico, les ocurre a muchas madres, por no decir a todas. Hasta que no se tiene un hijo no se sabe cómo cambian las prioridades, lo distintos que son los sentimientos y lo difícil que es hacer compatible el amor y el afán de protección del bebé con las aspiraciones profesionales o el deseo de no perder tiempo para una misma.

Mi amiga tiene la posibilidad de elegir: de momento ha optado por ser madre al cien por cien y lo está disfrutando. Pero, lamentablemente, su caso no es habitual, hay muchísimas madres que se ven obligadas a volver al trabajo cuando su bebé es todavía pequeñísimo y desearían no separarse de él en todo el día. A pesar de todo lo que ha avanzado la sociedad, en este sentido queda muchísimo por hacer para que las madres puedan conciliar de verdad. ¿Qué opináis vosotras?

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November 11, 2009

Gemelos: ¿juntos o separados en el colegio?

La Universidad de Amsterdam, Holanda, acaba de concluir un estudio sobre el efecto de separar en clases diferentes a hermanos gemelos. Muchos colegios aplican esta medida basándose en la idea de que una separación temprana ayuda a estos niños a la hora de buscar su propia identidad, pero hacerlo es una equivocación.

El estudio, como otros anteriores, ha venido a demostrar que estar en clases distintas influye mucho menos a la hora de hacer a los hermanos más independientes entre sí que otros factores, como la educación que reciben en casa. Y, sin embargo, lo que sí provoca la separación es que los niños se sientan más inseguros.
No es extraño: los gemelos (y trillizos) están juntos desde el inicio de su vida intrauterina y entre ellos se crea un vínculo especialmente estrecho, parecido al que los une a sus padres e incomparable con el que existe entre hermanos de distintas edades. Como dice John Bolwby, experto en el tema del vínculo, para el gemelo la persona de apego no es sólo su mamá, sino también su hermano. Por lo tanto, cuando en el colegio se separa a gemelos o a trillizos se enfrenta a estos niños a una doble separación.
Mientras leo estos datos, pienso en unos padres de trillizos que me consultaron hace unas semanas. Cuando sus hijos, de 3 años, empezaron el colegio, hablaron con los responsables del centro para pedir expresamente que les permitieran estar juntos. Sin embargo, en el centro existía la norma de separar a niños en esta situación y decidieron hacerlo así. Resultado: los trillizos lo pasaron muy mal y sufrieron un importante retroceso en su desarrollo (de repente volvieron a hacerse pis en la cama, a aferrarse a sus mascotas, a llorar y protestar por todo…). Fueron unas semanas duras para toda la familia.
Ahora, gracias a la paciencia y al amor de los padres, los niños van haciéndose a la situación (menos uno de ellos, que todavía no ha vuelto a ser el de antes). Pero yo me pregunto: ¿a qué precio? ¿Y con qué objetivo? Los niños necesitan vivir un periodo de dependencia antes de poder ser independientes.
Con los gemelos y trillizos hay que entender que en ellos esta fase puede ser más larga y más intensa, y que forzarlos a estar separados  no conseguirá que la superen antes, sino todo lo contrario Si les dejamos vivir este periodo, ellos mismos se irán haciendo más independientes con el tiempo, el mejor aliado de la madurez infantil. Y esto es justo lo que el estudio de la Universidad de Ámsterdam acaba de confirmar. Ahora falta que en la vida real se tengan en cuenta estos resultados.

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