La maternidad y el trabajo
Esta mañana ha venido a verme a casa aquella amiga de la que os hablé hace unas semanas, a la que visité en el hospital porque acababa de tener un niño. Ya os conté que, tras un parto un poco difícil, ella me había dicho que este iba a ser su único hijo (“tanto dolor…”).
Hoy la he visto muy bien; ya está mucho más delgada y su cara, aunque cansada, irradiaba felicidad. “¿Cómo te va?”, le he preguntado mientras ella destapaba un poco a su bebé, plácidamente dormido en su carrito. “Muy bien. Es muy bueno y solo quiere dormir y comer. Bueno, de vez en cuando llora por algún que otro cólico, pero nada. De verdad, estoy feliz”. “Así que aquello de no tener más hijos…”, he continuado con un pelín de ironía. ‘“Ah, eso… –se ha reído ella–. Ya ni siquiera me acuerdo del dolor. ¡Qué curioso! ¿verdad? Ahora solo recuerdo lo bonito, estar de repente con mi pareja y nuestro bebé, los tres juntos y solos por primera vez. De repente éramos padres ¡y casi no sabíamos qué hacer con Miguel!”.
Se ríe de nuevo y yo con ella. Ya había imaginado que ocurriría así. Está demostrado que nuestro cuerpo se encarga de borrar el recuerdo del dolor gracias la influencia de las endorfinas, analgésicos naturales que hacen que a la vez que vamos vinculándonos con el bebé, vayamos olvidándonos del mal rato que pasamos con las contracciones y el parto. Menos mal que es así, porque gracias a ello nacen los segundos y los terceros hijos.
“¿Y qué ha pasado con el trabajo? ¿Has vuelto ya?”, le pregunto cuando nos sentamos a tomar un café. Ella tiene una tienda y antes de dar a luz me había contado que pensaba volver a su puesto en cuanto se encontrara recuperada. “Bueno… la chica que me sustituye lo está haciendo muy bien ¿sabes? Voy por allí alguna vez, pero de momento no mucho. Es que para despertar a Miguel… El niño me necesita todavía, y yo también a él. No me gusta mucho dejarlo en manos de otra persona”.
Habla como si le sorprendieran sus propias palabras. Por lo visto, los planes que tenía antes de que naciera el bebé no coinciden con su realidad actual. Es lógico, les ocurre a muchas madres, por no decir a todas. Hasta que no se tiene un hijo no se sabe cómo cambian las prioridades, lo distintos que son los sentimientos y lo difícil que es hacer compatible el amor y el afán de protección del bebé con las aspiraciones profesionales o el deseo de no perder tiempo para una misma.
Mi amiga tiene la posibilidad de elegir: de momento ha optado por ser madre al cien por cien y lo está disfrutando. Pero, lamentablemente, su caso no es habitual, hay muchísimas madres que se ven obligadas a volver al trabajo cuando su bebé es todavía pequeñísimo y desearían no separarse de él en todo el día. A pesar de todo lo que ha avanzado la sociedad, en este sentido queda muchísimo por hacer para que las madres puedan conciliar de verdad. ¿Qué opináis vosotras?




