¿SERÉ UNA BUENA MADRE?
Hace unas semanas vi en la consulta a Yolanda. En ese momento estaba embarazada de 2 meses y me había pedido cita porque tenía problemas de ansiedad. ‘Me siento feliz con mi embarazo’ –me contó nada más sentarse–. Pero, no sé, al mismo tiempo estoy muy nerviosa y me pregunto si he hecho bien en dar este paso. Me preocupa todo, incluso cosas como si sabré elegir el mejor nombre para mi bebé. Tengo miedo, pienso que si no doy con un buen nombre, todo irá mal’. Escuchándola hablar fui descubriendo que lo que en realidad le daba miedo era no ser una buena madre. ¿Cómo fue la relación con tu madre?’ le pregunté. Ante la cuestión aparecieron las lágrimas que hasta ese momento había intentado retener. ‘Nunca tuve una buena relación con ella. Es una persona distante, fría y crítica. Si voy a ser como ella, me muero’.

La ansiedad que sentía Yolanda desde que se había quedado embarazada se entendía fácilmente: como niña nunca se sintió a gusto con su progenitora. Y el dolor que sintió entonces se acrecentaba con la nueva situación, acompañado por el miedo a ser como ella. Afortunadamente tuvo una abuela que la quería mucho, así que encontró un ejemplo de amor materno. Y esto es positivo.
La situación que vivió Yolanda no tiene por qué repetirse. En mis siguientes sesiones con ella voy descubriendo que es una persona muy distinta a su madre; es cariñosa, afectiva, mimosa… Pero es lógico que sintiera este miedo, ya que a fin de cuentas los patrones familiares que hemos vivido en nuestra infancia quedan grabados en nuestro interior y es fácil repetirlos. Por fortuna, Yolanda ha sabido reconocer el problema y enfrentarse a él con valentía. En estas semanas, a lo largo de varias sesiones, ha ido analizando y reviviendo todo lo que sentía sobre su pasado. Como adulta, ha sido capaz de desengranar los entresijos de su infancia y llegar a entender que la actitud de su madre escondía en realidad una dificultad para amar profundamente. Al mismo tiempo ha comprendido por primera vez que esto no tiene que ver con ella como persona. Gracias a este trabajo interior se ha liberado de decepciones y de un dolor que había calado profundamente en ella.
Así, poco a poco, Yolanda ha ido liberándose y despejando el camino para disfrutar y vivir plenamente su propia maternidad. No tengo dudas de que va a ser una madre estupenda. Y el buen vínculo que establecerá con su bebé suavizará en parte el dolor de no haber tenido una buena madre.




