Jul
DISFRUTAR DEL AGUA
Ahora es la época por excelencia para que vuestro hijo disfrute del agua. A la mayoría de los niños les encanta, y es lógico, al fin y al cabo antes de nacer vivieron nueve meses felizmente mecidos en un medio líquido.
Aun así, hay niños que temen al agua. Fue el caso de mi primogénito. Cuando tenía 16 meses, alquilamos una casa al lado del mar. La primera mañana de nuestras vacaciones, ilusionados, nos dirigimos a la playa. Hacía sol y el mar estaba como una balsa de aceite: era un día perfecto. “Agua” exclamó asombrado mi hijo al ver la enorme superficie azul que se extendía ante él. Pero inmediatamente se volvió hacia mí con cara de susto y me dijo: Aúpa, mamá”. Lo que le ocurría era que se sentía atemorizado ante una imagen completamente nueva para él. Así que lo llevé en brazos hasta que encontramos un lugar en la arena, bastante lejos de la orilla.
Los primeros días no se acercó para nada al agua. Al tercer día pudimos llevarlo en brazos hasta la orilla, pero cuando quisimos bañarnos con él, protestó. Decidimos no insistir y nos pusimos a jugar con él en la orilla. A la semana chapoteábamos con él en brazos, dentro del mar. Y al final de las vacaciones el peque ya iba solo con un cubo para coger agua. Cada vez que se acercaba una ola se alejaba corriendo, pero cuando el mar estaba tranquilo, aprovechaba para llenar rápidamente su cubo. Era gracioso observarlo.
Al año siguiente ya no tenía ningún miedo y con 5 años le apunté a un curso de natación. El monitor estaba encantado con él. “No tiene miedo, se tira todo el tiempo de cabeza y sin saber nadar, buceando o nadando como los perros, llega al borde”, me comentaba. Su actitud le gustaba. En cambio, en su grupo había otro niño que no tenía la misma suerte. Le daba miedo el agua y se aferraba al borde, implorando que le dejaran salir. “No”, le decía el monitor y, sin miramientos, lo empujaba hasta el centro de la piscina. Lejos de ayudarle a perder el miedo, la actitud del monitor lo acrecentó. El niño siguió llorando hasta que salió, y estoy segura de que desde ese instante cogió fobia al agua.
En mi opinión, nunca es bueno forzar un aprendizaje, y menos aún cuando hay miedos de por medio. En el caso de mi hijo, por ejemplo, su fase del miedo coincidió con un periodo en el que muchas cosas le impresionaban: los perros, la luna, los bichos… Y a muchos niños les sucede lo mismo. El mundo puede ser muy apabullante para un pequeño que a diario tiene que asimiliar un montón de cosas nuevas. Por eso, es importante es que su entorno más cercano sea seguro, para que él se sienta protegido.
Mi consejo es que procuréis que el primer contacto de vuestro hijo con el agua sea placentero. Y, si tiene miedo, ya sabéis que esto no implica que vaya a tenerlo siempre. Es probable que, con el tiempo, ¡sea un gran amante del agua!
Coks




1 comentario
1. mamá currante | August 3, 2009 at 13:01
Es normal que al principio tengan miedo pero enseguida se acostumbran, el problema de mi peque es más a nivel pijerio jejeje, el señorito con 2 años no quiere meterse al agua porque está fiaaaaaaa, como dice el. Así que a ver si me dais consejillos para que no me salga el chiquillo tan fino, jajaja
Un saludo y disfrutar de la playa estas vacaciones
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