25
Jun

CON ESTE CALOR AÚN COME MENOS

blog.jpgUna madre viene a mi consulta con su hijo de 2 años. Unos días antes me había llamado, desesperada. “No come nada”, me dijo con preocupación. Siempre me llama la atención este comentario, ya que si el niño no comiera, no sobreviviría… y hasta ahora nunca hemos conocido ningún caso así, hablando de países desarrollados.
Después de compartir con ella esta reflexión, le animé a que anotara durante 4 días todo lo que tomaba el pequeño.
Por eso viene con una libreta bajo el brazo. Y comienza a hablar con una frase que esperaba: “Come más de lo que pensaba”, me dice entre sorprendida y aliviada (es justo el motivo por el que le pedí que lo escribiera: los niños suelen comer más de lo que las madres creen).
Miramos juntas lo que toma: le cuestan las verduras, pero come mucha fruta y tomate. Le explico que, como verduras y fruta pertenecen al mismo grupo alimenticio, unas compensan a las otras. “Lo que no hay manera de que tome razonablemente bien son las comidas calientes”, me comenta. Le propongo que las sustituya por comidas frías, pero nutritivas, como ensaladilla, ensalada de macarrones, arroz, gazpacho y batidos a base de leche, yogur y fruta.

Después, pasamos a hablar de las razones de la inapetencia del niño. Y le cuento que hay tres factores que influyen en ella: por una parte, está en la edad del ‘yo’ y utiliza la comida como medio para imponer su voz y voto, algo completamente lógico y normal; además, después del primer año el crecimiento infantil se ralentiza, por lo que el pequeño necesita comer menos. Por último, en verano a muchos niños les disminuye el apetito. Apetecen más los alimentos ligeros.

“Así que si no quiere más no debo insistir ¿verdad?”, me pregunta entonces. “Es cierto, es mejor que no le fuerces, porque con ello no consigues que tu hijo coma más. Procura solamente que todo lo que le pongas sea nutritivo y sano. Prepárale buenos tentempiés, como un pequeño bocadillo con tomate y jamón york o tortilla, dale trozos de fruta, comidas frías… Recuerda que a un niño poco comedor le va mejor tomar varias raciones a lo largo del día en lugar de tres comidas copiosas y procura que el ambiente en la mesa sea distendido, sin el ruido de la tele. Ponle poca cantidad y deja que coma solo. A los 20 minutos, déjale volver a sus juegos; un niño pequeño no debe estar mucho tiempo sentado, no le va”.

“Suena fácil”, me dice con voz cansada (sé lo que piensa: no lo es en absoluto). La entiendo perfectamente, porque a la consulta me llegan casos como el suyo casi a diario. Pero hay algo que puede ayudarla a llevar mejor el problema, a ella y a cualquier madre de hijo inapetente: todos los niños nacen con un instinto de supervivencia y por eso todos comen lo que necesitan. A veces es muy poco –en ello influyen los genes–, pero siempre es suficiente. Repetid esta frase cada vez que os invada la preocupación. Os tranquilizará y os ayudará a enfocar de otro modo la situación. Y, aunque cueste creerlo, será el primer paso para solucionar el problema.

Coks

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