Archivo de June, 2009
June 25, 2009
Una madre viene a mi consulta con su hijo de 2 años. Unos días antes me había llamado, desesperada. “No come nada”, me dijo con preocupación. Siempre me llama la atención este comentario, ya que si el niño no comiera, no sobreviviría… y hasta ahora nunca hemos conocido ningún caso así, hablando de países desarrollados.
Después de compartir con ella esta reflexión, le animé a que anotara durante 4 días todo lo que tomaba el pequeño.
Por eso viene con una libreta bajo el brazo. Y comienza a hablar con una frase que esperaba: “Come más de lo que pensaba”, me dice entre sorprendida y aliviada (es justo el motivo por el que le pedí que lo escribiera: los niños suelen comer más de lo que las madres creen).
Miramos juntas lo que toma: le cuestan las verduras, pero come mucha fruta y tomate. Le explico que, como verduras y fruta pertenecen al mismo grupo alimenticio, unas compensan a las otras. “Lo que no hay manera de que tome razonablemente bien son las comidas calientes”, me comenta. Le propongo que las sustituya por comidas frías, pero nutritivas, como ensaladilla, ensalada de macarrones, arroz, gazpacho y batidos a base de leche, yogur y fruta.
Después, pasamos a hablar de las razones de la inapetencia del niño. Y le cuento que hay tres factores que influyen en ella: por una parte, está en la edad del ‘yo’ y utiliza la comida como medio para imponer su voz y voto, algo completamente lógico y normal; además, después del primer año el crecimiento infantil se ralentiza, por lo que el pequeño necesita comer menos. Por último, en verano a muchos niños les disminuye el apetito. Apetecen más los alimentos ligeros.
“Así que si no quiere más no debo insistir ¿verdad?”, me pregunta entonces. “Es cierto, es mejor que no le fuerces, porque con ello no consigues que tu hijo coma más. Procura solamente que todo lo que le pongas sea nutritivo y sano. Prepárale buenos tentempiés, como un pequeño bocadillo con tomate y jamón york o tortilla, dale trozos de fruta, comidas frías… Recuerda que a un niño poco comedor le va mejor tomar varias raciones a lo largo del día en lugar de tres comidas copiosas y procura que el ambiente en la mesa sea distendido, sin el ruido de la tele. Ponle poca cantidad y deja que coma solo. A los 20 minutos, déjale volver a sus juegos; un niño pequeño no debe estar mucho tiempo sentado, no le va”.
“Suena fácil”, me dice con voz cansada (sé lo que piensa: no lo es en absoluto). La entiendo perfectamente, porque a la consulta me llegan casos como el suyo casi a diario. Pero hay algo que puede ayudarla a llevar mejor el problema, a ella y a cualquier madre de hijo inapetente: todos los niños nacen con un instinto de supervivencia y por eso todos comen lo que necesitan. A veces es muy poco –en ello influyen los genes–, pero siempre es suficiente. Repetid esta frase cada vez que os invada la preocupación. Os tranquilizará y os ayudará a enfocar de otro modo la situación. Y, aunque cueste creerlo, será el primer paso para solucionar el problema.
June 17, 2009
Tocan a mi puerta. Cuando abro, Pablo, un niño de mi pueblo de unos 7 años, intenta apresuradamente pasar por mi lado. ‘¿Puedo ver a tu perrito?’ me pregunta. ‘¿El perro?’ le digo extrañada.
Algo en sus prisas me da a entender que no ha venido a ver a mi perro. Cuando veo de repente un grupito de unos 5 niños acercándose a mi casa, empiezo a atar cabos. ‘¿Te persiguen Pablo?’ ‘Sí, me quieren pegar’ me dice cabizbajo.
Miro a los niños. A algunos los conozco, sobre todo a una niña de la que sé que es la sensibilidad en persona. Es ella la que empieza a hablar: ‘Es que nos insulta todo el tiempo. Nos dice ‘cabr…….’ y más cosas, ya sabes. ¡Estamos hartos!’. Los demás asienten y también cuentan su versión.
¿Les insultas? le pregunto al niño a mi lado. ‘Pero ellos empezaron’ contesta en un intento de defenderse. Ya los tiene aún más indignados. ‘No es así Pablo. Lo sabes. Hasta que tu hermana dice que eres malo’ resume la niña la opinión de todos. Pablo mira con cara triste.
En este momento los niños ven algo interesante al otro lado de la calle y se alejan. Aprovecho el momento para hablar con Pablo.. ‘Oye, cariño, no eres malo, pero sí te comportas mal, me parece. Si todos lo dicen, algo de verdad debe haber, ¿no crees?’ Asiente con una ligera inclinación de cabeza. ‘Mira, si tú les dices estas cosas, lógicamente se van a enfadar contigo. Intenta no hacerlo. Debes morderte la lengua’ le explico. 
¿Morderme la lengua?’ me pregunta incrédulo sacándose la lengua. ‘No, esto solo es una expresión. Quiero decir que antes de decirlo, debes pensar. Si estas palabras te vienen a la cabeza, debes guardártelas. ¿Entiendes? Puedes dar una patada a una piedra o algo así, pero no decir esto. Conozco a Ana y sé que es muy buena y justa. No querrá hacerte daño por que sí’. Parece lo que entiende. ‘Tú también eres bueno, pero recuerda: muérdete la lengua’. Sonríe, mientras busca con la mirada a los niños. ‘Voy a jugar con ellos ¿vale?’. Y se va corriendo.
Me quedo un rato observándolos. Parece que la armonía ha vuelto. ¡Qué importantes y normales son estas fricciones! El contacto social entre niños jugando por la calle es la sociedad en miniatura: se pelean, se discuten y se reconcilian. Como la vida real. No existe mejor preparación.
Me gustó la honestidad con la que estos niños expresaron sus sentimientos y la facilidad con la que hablaron. A Pablo le conozco como un niño muy energético y nervioso. Por un lado no me extraña que se meta en líos, pero por otro estoy segura de su buen carácter. Espero de todo corazón que Pablo aprenda a controlarse. Estar apartado es lo peor que le pueda pasar a un niño en su infancia.
June 9, 2009
Recibo la llamada de un amigo: “¡Ya ha nacido nuestro hijo, vente a conocerlo!” Suspiro aliviada al oír sus palabras. La mamá (también amiga mía) había salido de cuentas sin que hubiera señales de que el bebé quisiera nacer, y yo empezaba a inquietarme. Ella es delgada y bajita y su bebé se adivinaba grande. Al observar su barriga en las últimas semanas, yo casi podía sentir los dolores que los movimientos de su inquilino le provocaban.Rápidamente me dirijo al hospital, deseosa de verla a ella y de conocer a su hijo. La encuentro acostada en la cama con el bebé en una pequeña cunita a su lado. Mientras la beso, me dice: “Ya ha nacido mi bebé. Pero nunca más. No quiero tener más”.
La miro sonriendo… siempre me había hablado de tener dos o tres hijos. Pero no es la primera vez que escucho este comentario de una madre que acaba de dar a luz a su primer hijo. Me cuenta cómo fue:
“Las contracciones vinieron desde el principio con mucha intensidad y muy seguidas. Me dolía una barbaridad, pero aguanté. La enfermera me propuso ponerme la epidural varias veces, pero pensé que tenía que soportarlo, hasta que no pude más y le dije que sí. Tenía 6 cm de dilatación y no sabía cómo iba a llegar a los 10. Me la pusieron enseguida. ¡Qué alivio! De verdad, es el invento del siglo. En el momento del expulsivo volvieron los dolores. Nos dejaron una hora solos en la habitación hasta que finalmente me llevaron al paritorio.
Me dijeron que el bebé tenía que salir rápido, si no me harían la cesárea. Así que, como comprenderás, volqué todas mis fuerzas en las siguientes contracciones y en solo 3 ya había nacido el bebé”. Ahora entiendo mejor su comentario: ¡su niño pesa 4 kilos y mide 53 cm!

“Nunca más”, vuelve a decirme. Su pareja me mira y nos sonreímos.
Nuestro cuerpo es sabio. A las pocas semanas o incluso a los pocos días se olvida el dolor y solo queda el recuerdo de lo positivo: la emoción del nacimiento del bebé. Casi ninguna madre es capaz de recordar este dolor hasta que no lo viva de nuevo (y en este momento ya es demasiado tarde para echarse atrás). No se lo digo a mi amiga, pero sé que a ella también le pasará así. Nuestra memoria se encarga de ello: todos tendemos a recordar mejor lo positivo de nuestras vivencias que lo negativo. ¡Menos mal! Si no, tendríamos principalmente familias de un solo hijo.
¿Y su bebé? Es una preciosidad. Solo tiene 6 horas de vida, pero ya tiene una carita redonda y sonrosada. Al verlo pienso en la frase que alguien alguna vez escribió: “Un bebé es la prueba de que dos personas normales y corrientes pueden crear un milagro”.
June 5, 2009
Una consulta que muchos lectores me hacen trata el tema del divorcio y sobre todo qué decir a sus hijos. Es importante ser honestos sobre este tema. Los niños deben saber qué ocurre en sus vidas y por qué papá y mamá ya no viven juntos. No hay respuestas que mitiguen el dolor de esta noticia. Creo que es justo por esta razón por la que cuesta tanto encontrar una manera para explicarle lo ocurrido. Pero al no hacerlo, la situación en realidad empeora: el niño no sabe qué ocurre y empieza a imaginarse de todo (¿será mi culpa?) o a fantasear (algún día volverán a estar juntos), lo cual es más doloroso aún.
Así que es mejor hacer de tripas corazón y explicarle en términos sencillos la verdad. Por ejemplo “Papá y mamá ya no estamos felices juntos, y por eso vamos a vivir cada uno en una casa, pero a ti te queremos mucho y los dos queremos verte. Así que irás a casa de papá muchas veces˝. Para un niño pequeño, lo más importante es saber cómo va a ser su nueva vida y cuándo verá al otro progenitor. No es necesario darle muchos detalles, es más sabio atenerse a sus preguntas. Así no le daréis información que no entienda o malinterprete.

A ningún niño le gusta que sus padres se separen, y casi todos mantienen la esperanza de que vuelvan a unirse. Lógicamente pasan por una etapa difícil con conductas problemáticas (tienen muchas rabietas, lloran por todo, desobeden continuamente, están tristes, duermen mal, no tienen apetito). Incluso puede que sufran algún retroceso en su desarrollo y que se enfrenten de nuevo a problemas que ya tenían superados, como el miedo a la oscuridad, hacerse pis en la cama…
Es una manera de expresar sus sentimientos a una edad en la que aún no sabe hacerlo con palabras. Pero hay algo que podéis hacer por vuestro hijo que le será de gran ayuda. Procurad que ninguno de los dos hable mal del otro y que las visitas transcurran de un modo armonioso y regular. Los hijos de padres que consiguen actuando conjuntamente como padres son los que menos sufren. Así que sobreponeos a los propios sentimientos de tristeza, frustración, rabia y dolor y esforzaos por ser una buena madre y un buen padre.
Esto sí mitigará en gran parte su dolor. Sabrá que todavía cuenta con los dos.