Archivo de March, 2009

March 26, 2009

NIÑOS CON AUTO-CONFIANZA

Sentada en un banco de un parque disfruté del sol y de una buena revista.  A mi alrededor había muchas madres con sus hijos. Absorta en un buen artículo, percibí sus gritos y sus risas como un agradable sonido de fondo.

Es curioso, pensé, mientras miré un rato a los niños, que estos griteríos sueñan igual en todas las partes. No importa si estoy aquí o en un parque en Nueva York. Los niños jugando, columpiándose y corriendo unos tras otros, siempre montan el mismo alegre alboroto.

tobogan2.jpgEn este momento me llamó la atención una pequeña niña que cuidadosamente y con cierto miedo subía un tobogán, mirando de vez en cuando a su madre. Ésta, a su lado, la animaba. ‘Sí, súbete, ¡vas bien!’. La niña subía, peldaño por peldaño de la pequeña escalerita. Tendría unos 2 añitos. Finalmente, ante la impaciencia de los que iban detrás de ella, bajó. Al ‘aterrizar’ quedó mirando sorprendida y orgullosa al mismo tiempo. ‘He bajado solita, mamá. Otra vez’. La madre la sonreía felizmente y la seguía de nuevo a la cola del tobogán.

Obviamente la experiencia fue positiva para la pequeña: había superado su miedo y ahora su cara reflejaba alegría y orgullo sobre sí misma. Un pequeño ejemplo de cómo la auto-confianza se va forjando en una persona. Tenerla está determinada en un 30 a 40% por los genes. Unos la tienen más que otros. Pero también se va forjando gracias a las experiencias que el niño vive.


Un niño se ve y se aprecia a sí mismo como otros lo ven y lo aprecian, sobre todo sus papás. Si el niño vive en un entorno cariñoso y positivo, absorbe como una esponja sus reacciones positivas. Si reconocen sus sentimientos, como esta madre, el niño se siente apoyado. Pero si se muestran  la mayor parte del tiempo críticos con él, hará lo mismo consigo mismo y desarrollará una vocecita interior crítica como ‘no podrás, no lo harás bien….’.

Algunos niños rebosan auto-confianza: son los que se atreven a preguntar, a acercarse a las personas, a inquirir, a descubrir, etc. Otros son más tímidos y guardan cierta distancia; no hablan a la primera, miran primero y sienten más vergüenza. Pero para todos la actitud de los padres es primordial: los primeros pueden perder su auto-confianza si son continuamente criticados y los otros pueden ir adquiriéndola, si son elogiados y apoyados.

Cuando me levanté para irme, eché una última mirada a la niña. Seguía subiendo y bajando del tobogán.

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March 9, 2009

El amigo invisible

cooks.jpgEsta semana estuve con mi sobrino, el más pequeño de todos. Tiene 4 años, casi 5, como él dice. No lo veo mucho (la mayoría de mi familia vive en Holanda) así que los momentos con él los disfruto al máximo.

‘¿Juegas conmigo, tía?’. ¡Cómo no! Nos tumbamos en el suelo con las piezas de lego desperdigados a nuestro alrededor. Montamos una casa, mientras hablamos un poco. Me cuenta de su amigo del alma, de su maestra, de los barcos pirata…. ‘Y ¿cómo les va a Bun y Max?, le pregunto. Bun y Max son sus amigos invisibles que más o menos hace un año emergieron de su fantasía.

Fue curioso, porque entraron en su vida de un día para otro con estos nombres nada conocidos. Su  madre me consultó sobre el tema, preocupada por una fantasía que no parecía tener límites. ‘Les habla como si estuvieran a su lado, les deja un sitio en la mesa e incluso nos hizo volver a casa, porque les habíamos olvidado’, me contó.

Le expliqué que tener un amigo invisible es algo normal y útil en la vida del niño. Le sirve para la formación de su conciencia: si él mismo hace algo malo, la culpa es para este amigo invisible. Además, este amigo es un punto de apoyo.

Tener un amigo invisible es señal de una rica fantasía y de gran sensibilidad. ¡Ah! Éstos…….. se han muerto’ me contesta sin pestañear. Me quedo un poco desconcertada por la facilidad con la que trata el tema de la muerte. ¿Entenderá ya este concepto? me pregunto.

Hasta los 6 años los niños no entienden el estado definitivo de la muerte y piensan que, lo que se ha muerto, puede volver a vivir. ‘Bueno, Max ya no viene, pero Bun de vez en cuando. Pero mira tía, ¡qué bien me sale el techo con la ventana!’. Ya veo que el tema de los amigos invisibles ha dejado de ser importante para él. Nos centramos los dos en la construcción de la casa.

¡Qué rápido crecen los niños! Siento una ligera nostalgia. Adiós Bun y Max.

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