NIÑOS CON AUTO-CONFIANZA
Sentada en un banco de un parque disfruté del sol y de una buena revista. A mi alrededor había muchas madres con sus hijos. Absorta en un buen artículo, percibí sus gritos y sus risas como un agradable sonido de fondo.
Es curioso, pensé, mientras miré un rato a los niños, que estos griteríos sueñan igual en todas las partes. No importa si estoy aquí o en un parque en Nueva York. Los niños jugando, columpiándose y corriendo unos tras otros, siempre montan el mismo alegre alboroto.
En este momento me llamó la atención una pequeña niña que cuidadosamente y con cierto miedo subía un tobogán, mirando de vez en cuando a su madre. Ésta, a su lado, la animaba. ‘Sí, súbete, ¡vas bien!’. La niña subía, peldaño por peldaño de la pequeña escalerita. Tendría unos 2 añitos. Finalmente, ante la impaciencia de los que iban detrás de ella, bajó. Al ‘aterrizar’ quedó mirando sorprendida y orgullosa al mismo tiempo. ‘He bajado solita, mamá. Otra vez’. La madre la sonreía felizmente y la seguía de nuevo a la cola del tobogán.
Obviamente la experiencia fue positiva para la pequeña: había superado su miedo y ahora su cara reflejaba alegría y orgullo sobre sí misma. Un pequeño ejemplo de cómo la auto-confianza se va forjando en una persona. Tenerla está determinada en un 30 a 40% por los genes. Unos la tienen más que otros. Pero también se va forjando gracias a las experiencias que el niño vive.
Un niño se ve y se aprecia a sí mismo como otros lo ven y lo aprecian, sobre todo sus papás. Si el niño vive en un entorno cariñoso y positivo, absorbe como una esponja sus reacciones positivas. Si reconocen sus sentimientos, como esta madre, el niño se siente apoyado. Pero si se muestran la mayor parte del tiempo críticos con él, hará lo mismo consigo mismo y desarrollará una vocecita interior crítica como ‘no podrás, no lo harás bien….’.
Algunos niños rebosan auto-confianza: son los que se atreven a preguntar, a acercarse a las personas, a inquirir, a descubrir, etc. Otros son más tímidos y guardan cierta distancia; no hablan a la primera, miran primero y sienten más vergüenza. Pero para todos la actitud de los padres es primordial: los primeros pueden perder su auto-confianza si son continuamente criticados y los otros pueden ir adquiriéndola, si son elogiados y apoyados.
Cuando me levanté para irme, eché una última mirada a la niña. Seguía subiendo y bajando del tobogán.





