January 29, 2009
Acabo de pasar por una experiencia aterradora: mi pareja enfermó de forma alarmante y pasamos horas de angustia hasta que nos dieron el diagnóstico: un síndrome poco frecuente que paraliza los músculos. Desde el primer momento nos explicaron lo que significaba y su pronóstico, que es alentador. ¡Qué alivio!
Sin embargo, unos días después, entré en su habitación del hospital y encontré a Fred aterrado: ¡estaba convencido de que tenían que operarle, porque iban a trasladarle a la planta de cirugía!
Yo sabía que la razón del traslado era la falta de plazas en su planta, pero era algo que él desconocía y que por lo visto nadie le había explicado. Cuando se lo dije, vi cómo el miedo desaparecía de su cara. “¿Estás segura?”-me preguntó de nuevo. “Segurísima”.
Os cuento esto porque la situación me hizo pensar en los niños y en lo importante que es explicarles en todo momento todo lo que se les va a hacer cuando los llevamos al médico: una vacuna, un punto para cualquier herida, un pinchazo, etc. Por muy pequeño que sea, el niño necesita saber qué es lo que va a vivir y para qué. Así que, si hay que ingresarlo, es mejor decírselo con antelación.
Y si le tienen que operar, vacunar o ponerle puntos, también hay que contárselo y explicarle que esto dolerá. Lógicamente se asustará y quizás llore, pero al mismo tiempo irá preparándose para lo que viene y la situación ya no le pillará por sorpresa. Los estudios confirman que los pequeños a los que se prepara para cualquier intervención sufren menos. Si no les decimos nada, se sentirán sorprendidos negativamente o incluso engañados.
Sigo pensando en todo esto, mientras Fred y yo nos reímos del malentendido con su operación… Ya veis, seamos pequeños o mayores ¡siempre necesitamos estar informados!
January 19, 2009
“Duerme poquísimo”, me dice una madre que ha venido a verme a mi consulta. “Y llora mucho”, añade después con cierta desesperación. Habla de su bebé de 4 meses, Julieta, a la que tiene en brazos. “Mira, durante el día no duerme casi nada y aun así por la noche le cuesta coger el sueño”.
Mientras hablamos y me va contando su día a día, yo la observo a ella y a su bebé. Y, poco a poco, voy descubriendo el patrón que posiblemente lleva a que la niña no duerma. La madre, primeriza y totalmente entregada a su pequeña, tiende a cogerla a la mínima señal de protesta o lloriqueo. Pero no solo la coge, sino que la aúpa, le hace carantoñas, juega con ella y le habla con tal de evitar su llanto.
“Es que no quiero dejarla llorar”, me explica. La entiendo y comparto su opinión, tal como sabéis (este tema lo traté hace unas semanas). Pero veo al mismo tiempo que su actitud hace que la niña no duerma lo que necesita dormir, lo cual a su vez conduce a más llantos.
Me explico: la mamá, sin darse cuenta, la excita demasiado. Al principio la niña parece estar contenta por estar en brazos, pero no por mucho tiempo: llora de nuevo, por lo que la madre busca más trucos para calmarla.
¿El resultado? Julieta está cada vez más excitada y sobreestimulada, y como consecuencia le cuesta todavía más dormirse.
Entonces, ¿cómo solucionar el tema? Le explico que es importante fijar un ritmo diario y mantenerlo: tras la toma y un rato de juegos, a la cuna, sobre todo a la primera señal de cansancio (frotarse los ojos, cogerse las orejas, bostezar, etc.). Si protesta o al momento se despierta, en lugar de levantarla de la cuna es mejor acariciarla un poco para no interrumpir su ritmo y para que vuelva al sueño cuanto antes. Para hacernos una idea, un bebé de 4 meses necesita de 19 a 23 horas de sueño, con una siesta por la mañana y otra por la tarde.
Mantener un ritmo fijo en cuanto a tomas y siestas es lo que más le beneficia, tal como demostró un estudio de un hospital infantil de Utrecht (Holanda), en el que participaron bebés que lloraban bastante. A la mitad del grupo comenzó a ofrecérsele un ritmo fijo y una rutina a la hora de dormir (el baño, la toma, unas canciones, etc). Todos los días la misma rutina. Al otro grupo no se le ofreció este programa. El resultado fue que al cabo de dos semanas, todos los bebés del primer grupo lloraban mucho menos que los del segundo.
Después de explicárselo a la madre de Julieta, le aconsejo que pruebe a hacer lo mismo. Ya os contaré cómo le va.