Archivo de December, 2008
December 30, 2008
La celebración de Los Reyes Magos es para casi todos los niños un gran evento. Pero para algunos no está exenta de estrés, como en el caso de Adriana, de 5 años. Su madre me consultó hace unos días: ‘La niña no duerme y si finalmente lo consigue, se despierta muchas veces llorando por la noche. Creo que tiene que ver con Los Reyes, el año pasado en estas fechas ocurrió lo mismo. Por favor, mírame lo que le pasa’.
En varias sesiones intento averiguar qué le pasa. Con los niños la terapia transcurre mediante el juego y los dibujos. Para ello tengo muñequitos que representan la familia (los abuelos, los padres, hermanos, un bebé etc.) y también figuras como los Reyes, la Policía, los Bomberos, etc.
No es difícil averiguar qué le pasa a Adriana. Tiene, efectivamente, mucho miedo a Los Reyes: los considera personajes todopoderosos que lo ven todo. Y esto le preocupa, porque –según me cuenta- a veces se comporta mal con su hermanito y también alguna vez cogió caramelos sin permiso.
‘Y esto lo saben ellos ¿verdad? Mi madre piensa que soy buena, porque no me ha visto hacer estas cosas, pero ellos saben que no siempre soy buena’.
Le explico que Los Reyes son seres bondadosos que sólo quieren lo mejor para los niños y que no vienen a imponerles un castigo. Le explico que Los Reyes también han sido niños y que incluso ellos hicieron a veces trastadas o no obedecieron a sus papás, como todos los adultos. Pero que no por ello dejamos de ser buenos. Me mira con grandes ojos y poco a poco capta la idea.
Comento el tema también con sus padres para que lo tengan en cuenta. Es curioso, ya que éstos, a pesar de lo se pueda pensar, nunca habían utilizado a los Reyes como autoridades que venían a traer carbón a los niños malos. Aun así la niña había interiorizado esta idea seguramente por influencia externa.
En ello también influye que es una niña de por sí muy concienzuda, un rasgo genético y también ligado a la posición en la familia (los primogénitos suelen serlo más). Todos estos factores atribuyeron a que cogía miedo a esta fiesta. Pero no dudo que esta vez la disfrutará, tal como tiene que ser.
December 19, 2008
Ya es Navidad, la fiesta familiar por excelencia. Me acuerdo muy bien de las Navidades de mi infancia, ese ambiente tan especial, el olor a abeto y acebo que envolvía la casa y nuestra ilusión como niños. Éramos cinco hermanos, todos chicos y yo.

El momento más especial era por la noche cuando nos reuníamos alrededor del árbol. Un abeto natural con velas de cera, porque aún no existía otra cosa. Mi hermano mayor tenía el honor de encenderlas. Lo hacía con mucho cuidado; las velitas iban sujetas en pequeños soportes metálicos que no impedían que se movieran con cualquier roce. Mi padre vigilaba seriamente el proceso y siempre tenía preparado un cubo de agua tras el árbol por si acaso. Cuando las velas ya estaban todas encendidas, nos quedamos mirando la luz que reflejaban.
No sé mis hermanos, pero yo solía entrecerrar mis ojos, así las llamas parecían elevarse y la imagen aún era más bella. En este momento mi padre ponía el disco con las canciones navideñas en el gramófono. Cantaban niños y a lo lejos se oían las campanas de la iglesia. Nadie hablaba, hasta los pequeños estaban callados y saboreando estos momentos mágicos.
Al terminar las canciones mi madre cogía su libro de relatos navideños y nos leía. Siempre era una historia de dulce melancolía: algún niño huérfano sin casa o alguna niña pobre, deambulando por las gélidas calles nevadas. Tenía que esforzarme para no llorar, porque quería ser como mis hermanos y por lo de ‘los chicos no lloran’. Después del cuento llegó el momento del vaso con leche caliente y el tradicional dulce navideño. Y así lo celebrábamos año tras año.
Son recuerdos hermosos y estoy segura de que gracias a ello me gusta la Navidad. Me evoca una sensación de felicidad y gratitud. Con mi propia familia la celebro de un modo muy parecido. ¡Nunca falta el cuento!
Os deseo unos felices días con vuestr@(s) pequeñ@(s). Tened presente que los recuerdos suceden ahora. Vuestros hijos se acordarán para siempre de las costumbres y los hábitos que ahora introducís en su vida. Y esto hará que de adultos guarden un dulce recuerdo a la Navidad, tal como me pasó a mí, y que los actos de hoy marquen sus recuerdos de mañana.
December 12, 2008
Ayer me entrevistaron para una radio local y lo primero que me preguntó el locutor fue: “¿Qué es lo más importante en la educación de los hijos?” Me quedé pensando y la respuesta me salió sola: “No dejarles llorar”.
Esta contestación me salió porque unos días antes estuve en casa de mi sobrina, madre de una niña de 2 años y un bebé de 7 semanas. Cuando entré, el bebé estaba llorando y ella estaba enseñándo a su hija mayor para que servía el orinal. Acurruqué al pequeño en mis brazos que lloraba a pleno pulmón y le puse el chupete. Se calmó y se quedó dormido, pero de vez en cuando se despertaba y se estremecía de nuevo, moviendo sus piernas. No había duda: tenía cólicos. Le masajeé un poco su tripita, le di el chupete y se volvía a dormir.
Un bebé llora porque algo le pasa. Emilio, por ejemplo, sufría cólicos y necesitaba saber que había alguien allí para socorrerle. ¿Cómo puede confiar en el mundo si le privamos de lo más importante? La atención de sus padres significa para él seguridad y bienestar. Mi sobrina me comentó que a veces oía historias de niños que hacen con sus padres lo que quieren…
Le expliqué que un bebé no se va a convertir en un niño tirano por atenderle siempre que lo reclame durante el primer año. Al contrario: un bebé bien atendido es un niño más seguro y que llora menos que otros bebés que no han tenido la misma suerte. Este bebé ya no necesita el llanto, porque confía en los cuidados de sus papás y tiene un apego fuerte y seguro. Eso le hará un niño más fácil para educar.
Todo esto se lo conté a ella… y también al periodista de la radio, que puso cara de alegría, ya que justamente quería abordar el tema de los niños tiranos cuando me soltó la primera pregunta. Así que le hablé sobre las normas que son importantes a partir del primer cumpleaños.
Una buena educación consiste de muchos ingredientes y con el amor no basta. Pero en el primer año éste sí es el ingrediente más importante. Es la base sobre la que los demás deben extenderse.