Archivo de November, 2008

November 28, 2008

Queridos mamás y papás,

¡Bienvenidos a mi blog! A partir de ahora nuestro contacto va a ser más personal, porque ya no os hablaré sólo como psicóloga,  sino también como madre. Es cierto que mis hijos ya son adultos y que mis preocupaciones (¿tendrá cuidado con el coche? ¿me gustará su nuevo novio?) son un tanto diferentes a las vuestras (¿llorará en la guardería? ¿comerá bien?). Pero nuestro objetivo es el mismo: que sean felices.

coks_hijos21.jpgSin embargo, vuestro día a día es más ajetreado el niño duerme mal, la niña te desorganiza el salón… Son situaciones que sólo se viven en los primeros años. Y sí, son años agotadores. Pero os cuento algo curioso: según un estudio holandés, es la fase que las mamás recuerdan después como la más cansada… y la más bonita.¿Una contradicción? No, porque se acuerdan sobre todo de la dependencia enternecedora del niño que caracteriza esa etapa y que luego nunca vuelve del mismo modo. Y es lo que más les llena el corazón: su sonrisa al vernos llegar, su inocencia, sus comentarios…

Por cierto, os animo a que anotéis las ocurrencias de vuestros pequeños para no olvidarlas. Conozco una madre que en los momentos difíciles con sus hijos ya mayorcitos saca su libreta y lee las anécdotas. Funciona, ya que se ríen y se rompe la tensión. Y hay otro motivo por el que conviene detenerse de vez en cuando en las ocurrencias de los niños. Hoy nuestro ritmo de vida es demasiado acelerado, pero ellos no tienen prisa y nos enseñan a disfrutar del momento, a admirar lo bonita que es una piedra… Vividlo con ellos.

Y las demás fases… ¿no son hermosas? Claro que sí: cada una tiene su encanto (y sus dificultades). Según el mismo estudio, hay dos periodos que destacan: el de los primeros años, en el que estáis vosotros, y el de la primera adultez, cuando los hijos empiezan a dejar el nido. Es en el que estoy yo. De pronto me encuentro con seres autónomos, que dialogan conmigo, me piden opinión, me aconsejan…

Es muy enriquecedor, aunque os adelanto un detalle: el silencio sin ellos en casa es abrumador. Seguro que vosotros a veces lo anheláis pero yo, cuando los míos vuelven al nido, disfruto del alboroto, de las cosas por el suelo… Y cuando se van, vuelve el silencio. Pero me voy acostumbrando. Además, ahora tendré más tiempo para oír el alboroto de vuestros hijos, vuestras experiencias y vivencias. ¡Hasta pronto!

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