17
Aug

Armonía en las vacaciones

Me consulta una madre. Tiene tres hijas, una de 6 y gemelas de 5 años. ‘No es que tenga un gran problema, pero las niñas riñen mucho entre ellas y esto me pone de mal humor. Ahora con las vacaciones recién empezadas, me desespero la idea de tener que soportar estas riñas a diario’. 

celos-hermanosLe pregunto cómo son estas peleas. ‘Empiezan por ejemplo ya en el desayuno. Una de ellas está canturreando una canción y la otra le dice que pare, tras lo cual la hermana empieza a canturrear más fuerte. Y cosas por el estilo. Se controlan, se irritan, se pican entre ellas y se quejan ante mí de la otra u otras’. ¿Qué haces tú?, le pregunto.‘Intento mediar, aportar una solución….sin éxito. También reflexiono por qué lo hacen, qué les faltará..…con tanta atención que les presto’. ‘¿Sabes? Quizás esto sea exactamente el problema’, le contesto.

Me mira extrañada. Pero es así: los hijos de padres que reciben mucha atención, suelen pelearse más entre ellos que los que no cuentan con tanta, según un reciente estudio. Los que sí reciben mucha atención, parece que la miden, haciendo carrera de quien recibe más. Por el contrario, los que reciben menos, se necesitan más entre ellos para solucionar sus cosas y comparan menos.

‘Desde luego, el motivo por el que los niños suelen pelearse, es la competitividad por la atención paterna. Cada uno quiere ocupar un lugar especial en tu corazón. Por ello te aconsejo dos cosas: procura tener para cada niña momentos de intimidad. Lleva por ejemplo cada vez que vayas de compras,  a una contigo en un sistema rotativo. Esto les garantiza atención individual y disminuirá la competitividad. Y en los momentos de irritaciones, hazte la desentendida. No reacciones. Deja que ellas mismas se las apañen (menos en caso de que se hagan daño). Si te resulta imposible, sal de la habitación’. ‘Ah, me gustaría mucho tener más armonía en nuestra vida familiar’, contesta suspirando. La entiendo, pero le animo a ser realista.

No es fácil la convivencia con tres niñas pequeñas que todavía no saben ponerse bien en el lugar de la otra y que quieren todas lo mismo: atención materna en grandes raudales. ‘Intenta no obsesionarte con la idea de la familia armoniosa. No es que no exista, pero no es un estado permanente, más bien son momentos cortos, tal como la felicidad es un cúmulo de instantáneos felices. Al tener esta idea de la armonía familiar, quizás no disfrutes de los momentos en que sí existe’. Espero que le vaya bien. En tres semanas me contará cómo le va.

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8
Jun

No le gusta el cochecito

Me han llegado estos días dos preguntas a nuestro consultorio (www.crecerfeliz.es) que en un principio me parecen iguales. ‘Mi bebé, de 3 meses, llora mucho cuando le saco de paseo’, me escribe Carla. Y Maribel, madre de un bebé de 9 meses, me escribe algo similar. Pero curiosamente la causa es distinta para cada uno.

cochecitosEl bebé de Carla, de muy corta edad, se asusta cuando sale de casa. Es un bebé, según la madre detalla en su carta, fácilmente irritable y asustadizo. Esto es un rasgo genético, una característica con la que un bebé nace. Seguramente al estar al aire libre este bebé se asusta ante la avalancha de estímulos: el viento que le sopla en la cara, el ruido de los coches, los gritos de los niños que juegan en el parque, el sol que le vislumbra la vista etc. Son demasiadas impresiones que le hacen sentirse vulnerable. Le aconsejo a su madre llevarlo de momento solo en un marsupio, primero con su cabecita hacia ella y más adelante con la cara hacia el exterior. De este modo su bebé se sentirá seguro y se irá familiarizando con los estímulos. El siguiente paso será el cochecito, pero conviene sacarle al principio en las horas de menos afluencia y evitando zonas de mucho tráfico.

La causa en el caso del bebé de Maribel es distinta: su bebé es un auténtico rabo de lagartija que nunca para quieto. Hasta incluso por las noches ¡desplaza su cuna con sus movimientos! Lo que a él no le gusta, es sentirse limitado en su afán por moverse. Le aconsejo a su madre colocar un volante de actividades en el cochecito. Le permitirá a su bebé manipularlo y sentirse ‘el conductor’. Le servirá –claro está –hasta que se aburra. Pero como su bebé ya anda cogiéndose a los bordes,  no tardará mucho en soltarse del todo, así que es cuestión de paciencia. Cuando el niño ya ande, se lo pasará estupendo yendo de mano con su mamá.

Así que las dos cartas tienen una problemática parecida, pero con causas bien distintas. Y esto es justo lo que hacen tan amena mi comunicación con las mamás.

Si tienes alguna duda o pregunta relacionada con tus hijos, no dudes en escribirnos a nuestro consultorio. ¡Intentaremos ayudarte con nuestros consejos!

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7
Apr

¿Cuándo le digo que es adoptado?

Muchas veces me llegan consultas relacionadas con la adopción y, más concretamente, sobre cuál es el momento idóneo para decirle al niño adoptado que sus progenitores (ambos o uno de los dos, en el caso de las nuevas parejas que aportan hijos de relaciones anteriores) no son sus padres biológicos. Dudando sobre esta cuestión van pasando los años sin que el pequeño sepa la verdad.  

adopcion“Nunca se presenta la ocasión idónea y cada vez me parece más difícil decírselo”, me cuenta una mujer que tuvo un hijo con su anterior pareja antes de casarse con su actual marido, con el que tiene dos niños más. “Mi hijo mayor tiene ahora 6 años. Lleva los apellidos de mi marido, porque lo adoptó, pero debería saber que no es su padre biológico ¿verdad?”, me pregunta.  

Le respondo que no hay que esconderle la verdad, que el niño debe saberlo, aunque en realidad el momento ideal para decírselo habría sido cuando el niño hubiera empezado a preguntar sobre sus orígenes. En torno a los tres años, la mayoría de los niños comienzan a tener interés por este tema; preguntan cómo llegaron al mundo o dónde estaban antes. Es entonces el momento adecuado para explicarles su origen.  

Si el niño de la madre que me consulta hubiera oído la verdad a esa edad, le habría afectado mucho menos de lo que va a afectarle ahora, a los 6 años. Un niño pequeño asimila los hechos de la vida tal como se presentan. Puede entender que hubo otro hombre que vivía con su madre, pero que no eran felices y que después llegó otro que se convirtió en su papá. Así que tiene “un papá del nombre” y otro que es “el papá del corazón”’. Si lo oye desde pequeño, cuando tiene edad para entender estas cosas (en torno a los 3 años), crece con la realidad de su situación, mientras que de otro modo crece en una realidad falsa, y cuando la descubre esto le duele y afecta a su confianza en sus padres y en el mundo: si sus papás no le cuentan la verdad… ¿en quién podrá confiar? 

Por ello, en todas las situaciones de este tipo, es muy importante decir la verdad en el momento adecuado y no posponer esta tarea. Se le puede contar al niño las cosas tal como son, en palabras sencillas y sin muchos detalles. Él mismo, a medida que madure, preguntará lo que quiera saber y lo que sea capaz de entender. Volverá sobre el tema, ya que necesita ir asimilando la noticia paso por paso, según su nivel de entendimiento. Pero en ningún momento pensará que no le han dicho la verdad, lo que es básico para su confianza en sus padres y para su seguridad en sí mismo.

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23
Feb

¡Socorro! Sólo ve la tele

Es curioso: cuando una madre me consulta sobre un tema, muchas veces al poco tiempo recibo más preguntas sobre lo mismo. Esta semana el tema es: ¡Socorro! Mi hijo no juega, sólo ve la tele. Una madre me cuenta en su carta que su hijo, de 3 años, deambula por el salón sin saber qué hacer y sólo está contento cuando la mamá le pone la tele. Otra viene a mi consulta porque su hija, de 6 años, tiene problemas de concentración en clase. “Y además –me explica–, en casa no juega con nada, sólo ve la televisión, unas cuatro o cinco horas al día”. Y otra me escribe porque su hijo, de 4 años, está “enganchado” a la videoconsola: “Juega con ella en todos los sitios y se enrabieta cuando no le dejo”.
Estas noticias, de tres madres en una sola semana, me preocupan. El juego en contacto con sus iguales es muy importante para el niño. Los tiempos pueden haber cambiado, y sin duda así es, pero los niños siguen teniendo las mismas necesidades emocionales de siempre. Los niños en sí no cambian, sólo su situación. El juego libre, no dirigido, es muy importante para un buen desarrollo social, emocional e intelectual del pequeño. Es una manera de asimilar vivencias, aprender y madurar. También es diversión, pero no debemos olvidar su aspecto terapéutico. Todo lo que el niño vive, lo refleja en su juego. Cuando está aprendiendo a controlar los esfínteres, sienta a sus muñecos en el orinal y los castiga cuando tienen un “percance”. Cuando le vacunan, juega en casa a médicos. Cuando entra en el colegio, juega a “maestros”. El juego le ayuda a poner orden en su mundo, a entender las relaciones sociales y a asimilar lo que oye y lo que le preocupa. Ahora mismo seguramente muchos niños juegan a que sus casitas, construidas con mucho esmero, se derrumben en un plisplas ¡por un gran terremoto! Sin el juego no podrían asimilar las trágicas imágenes que sin duda muchos habrán visto.
Así que aconsejé a estas madres, como a todos los que me leéis, que limiten la cantidad de tiempo que sus hijos pasan ante las pantallas. Ya sé que vivimos en una sociedad donde la tele tiene mucha influencia, pero vosotros en vuestro hogar podéis reducir su presencia. Limita su uso a media hora durante la semana y a una hora en el fin de semana. Y procura que tu hijo no sólo juegue con la maquinita o la consola (es más de lo mismo), sino que saque sus bloques de construcciones, el duplo, los muñequitos, los soldaditos etc. y los desparrame por el salón. ¡Debe haber desorden! Es señal de que juega libremente y da rienda suelta a su imaginación y fantasía. Cuando juega así, está haciendo algo que beneficia a su salud emocional y física y hasta incluso mejora su sueño.

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25
Jan

“Mis hijos no me obedecen”

Recibo en mi consulta a una madre desesperada con sus hijos, de 3 y 2 años de edad. “El mayor me pide todo llorando, se coge un berrinche cuando le prohíbo algo y si le mando a su cuarto me dice que no le quiero. Y el pequeño no para quieto un momento y nunca me obedece. No pasa un día sin que me enfade con ellos y acabe gritándoles. Me siento fatal, no soy para nada la madre que quiero ser”, me explica antes de romper en un llanto angustiado. 

Dejo que llore un rato, necesita descargar toda la tensión acumulada. Después, cuando ya está más calmada, le digo algo con lo que no contaba: no es la única madre que se siente así, de hecho su caso es mucho más habitual de lo que piensa. Y tiene solución. Pero, eso sí, hay que plantear una estrategia a seguir en función del estadio madurativo de cada niño (y luego, claro, aplicarla). 

coks2Así que nos ponemos manos a la obra. Después de escuchar y analizar lo que me cuenta le explico mis conclusiones sobre lo que está ocurriendo y le doy varias pautas, empezando por sus problemas con el hijo de 3 años. El niño ha aprendido a conseguir atención con su llanto y es necesario romper este círculo: para conseguirlo lo más efectivo es que a partir de ahora su madre no le haga ningún caso cuando llore y, sin embargo, le preste atención cuando se porte bien. En cuanto al pequeño, está en plena fase de afianzar su ‘yo’ y es normal que no obedezca demasiado, que actúe con rebeldía y que siempre tenga el “no” en la boca . Lo más conveniente es que sea estricta con él en temas importantes y que actúe con flexibilidad, dejándole más margen, en asuntos triviales. De esta forma el niño no tendrá tanta necesidad de afianzar su ‘yo’, con lo que colaborará con más facilidad.

Al mismo tiempo, debe ser firme a la hora de poner límites a sus dos hijos. El método que aplica con el mayor cuando no le obedece o se porta mal (mandarle unos minutos a su cuarto o a un rincón para que piense en lo que ha hecho) es uno de los que más recomendamos los psicólogos, porque resulta muy efectivo. El problema es que cuando recurre a él y el niño la acusa de no quererle se siente mala madre. Le explico que debe pasar por alto el comentario del niño: poner límites forma parte de su labor como madre y es una muestra de su amor por sus hijos

Para terminar, le aconsejo que se cuide bien a sí misma. Tener a dos pequeños a su cargo es una tarea complicada, así que no le vendría mal contar con más ayuda y más compañía. Le propongo que todos los días quede con alguna otra madre para salir a pasear con sus respectivos hijos: hacerlo puede marcar la diferencia entre un buen o un mal día, ya que ayudará a que todos se relajen. 

Deja mi consulta mucho más relajada de lo que venía. Hemos quedado para vernos de nuevo en dos semanas y estoy segura de para entonces el problema habrá mejorado: unas cuantas pautas y nuevas directrices pueden cambiar la situación en cuestión de días. Está pasando por un bache difícil, pero normal. Todos conocemos esos momentos en los que no sabemos qué hacer con los hijos. ¿O no?

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22
Dec

Recuerdos de Navidad

El árbol está puesto y la casa limpia: la fiesta puede empezar. Solo me falta perfeccionar un poco el cuento que suelo leer a los míos en Nochebuena después de cenar (como es de propia invención, todavía tengo que hacer algunos retoques). Pero por lo demás estoy lista: incluso he recogido leña y he buscado piñas en la montaña para que la estufa se encienda fácilmente; la vamos a necesitar en estos días de auténtico invierno. Tampoco faltan las velas ni la cestita navideña con mirto y setas sobre la mesa.

Navidad niños

Me gusta esta fiesta y creo que es por la manera en que la viví de pequeña. En nuestra casa también había un árbol que desprendía este aroma tan agradable, y también mi madre nos leía un libro especial que sólo sacaba en Navidad. Debe ser que a ella también le gustaban estas fechas, de otra forma no me evocarían recuerdos tan entrañables. Aun siento de algún modo, aunque ahora sea menos intensa, aquella expectación que me invadía a mediados de diciembre.

Los recuerdos se suceden en estos días; es sabido que, en la memoria de los adultos, los días normales con sus rutinas se convierten en un recuerdo global en el que destacan las celebraciones especiales, como las fiestas de cumpleaños, las noches de Reyes… Seguro que a vosotros os pasa lo mismo, por eso os esforzáis tanto por lograr que vuestros hijos disfruten de la Navidad.

Sed conscientes de que todo lo que ahora hacéis con ellos, todas las costumbres que retomáis cada año en estas fiestas, formarán para ellos recuerdos indelebles. Al año siguiente pedirán de nuevo ese árbol, ese belén, la cena en familia, el paseo con los primos para ver Belenes… Y, cuando sean adultos y tengan hijos, en sus hogares seguirán vivas las mismas costumbres.

Por ello os deseo unas muy Felices Fiestas. Recordad que, aunque la sociedad nos haga olvidarlo muchas veces, no son importantes los regalos ni la comida, sino el ambiente y el espíritu. Así que no dejéis que os agobien los asuntos triviales ni que las prisas os quiten la ilusión. Disfrutad de estar con los que más queréis, vuestros hijos.

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30
Nov

La maternidad y el trabajo

Esta mañana ha venido a verme a casa aquella amiga de la que os hablé hace unas semanas, a la que visité en el hospital porque acababa de tener un niño. Ya os conté que, tras un parto un poco difícil, ella me había dicho que este iba a ser su único hijo (“tanto dolor…”).

Hoy la he visto muy bien; ya está mucho más delgada y su cara, aunque cansada, irradiaba felicidad. “¿Cómo te va?”, le he preguntado mientras ella destapaba un poco a su bebé, plácidamente dormido en su carrito. “Muy bien. Es muy bueno y solo quiere dormir y comer. Bueno, de vez en cuando llora por algún que otro cólico, pero nada. De verdad, estoy feliz”. “Así que aquello de no tener más hijos…”, he continuado con un pelín de ironía. ‘“Ah, eso… –se ha reído ella–. Ya ni siquiera me acuerdo del dolor. ¡Qué curioso! ¿verdad? Ahora solo recuerdo lo bonito, estar de repente con mi pareja y nuestro bebé, los tres juntos y solos por primera vez. De repente éramos padres ¡y casi no sabíamos qué hacer con Miguel!”.

Se ríe de nuevo y yo con ella. Ya había imaginado que ocurriría así. Está demostrado que nuestro cuerpo se encarga de borrar el recuerdo del dolor gracias la influencia de las endorfinas, analgésicos naturales que hacen que a la vez que vamos vinculándonos con el bebé, vayamos olvidándonos del mal rato que pasamos con las contracciones y el parto. Menos mal que es así, porque gracias a ello nacen los segundos y los terceros hijos.

maternidad-y-trabajo“¿Y qué ha pasado con el trabajo? ¿Has vuelto ya?”, le pregunto cuando nos sentamos a tomar un café. Ella tiene una tienda y antes de dar a luz me había contado que pensaba volver a su puesto en cuanto se encontrara recuperada. “Bueno… la chica que me sustituye lo está haciendo muy bien ¿sabes? Voy por allí alguna vez, pero de momento no mucho. Es que para despertar a Miguel… El niño me necesita todavía, y yo también a él. No me gusta mucho dejarlo en manos de otra persona”.

Habla como si le sorprendieran sus propias palabras. Por lo visto, los planes que tenía antes de que naciera el bebé no coinciden con su realidad actual. Es lógico, les ocurre a muchas madres, por no decir a todas. Hasta que no se tiene un hijo no se sabe cómo cambian las prioridades, lo distintos que son los sentimientos y lo difícil que es hacer compatible el amor y el afán de protección del bebé con las aspiraciones profesionales o el deseo de no perder tiempo para una misma.

Mi amiga tiene la posibilidad de elegir: de momento ha optado por ser madre al cien por cien y lo está disfrutando. Pero, lamentablemente, su caso no es habitual, hay muchísimas madres que se ven obligadas a volver al trabajo cuando su bebé es todavía pequeñísimo y desearían no separarse de él en todo el día. A pesar de todo lo que ha avanzado la sociedad, en este sentido queda muchísimo por hacer para que las madres puedan conciliar de verdad. ¿Qué opináis vosotras?

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11
Nov

Gemelos: ¿juntos o separados en el colegio?

La Universidad de Amsterdam, Holanda, acaba de concluir un estudio sobre el efecto de separar en clases diferentes a hermanos gemelos. Muchos colegios aplican esta medida basándose en la idea de que una separación temprana ayuda a estos niños a la hora de buscar su propia identidad, pero hacerlo es una equivocación.

El estudio, como otros anteriores, ha venido a demostrar que estar en clases distintas influye mucho menos a la hora de hacer a los hermanos más independientes entre sí que otros factores, como la educación que reciben en casa. Y, sin embargo, lo que sí provoca la separación es que los niños se sientan más inseguros.
No es extraño: los gemelos (y trillizos) están juntos desde el inicio de su vida intrauterina y entre ellos se crea un vínculo especialmente estrecho, parecido al que los une a sus padres e incomparable con el que existe entre hermanos de distintas edades. Como dice John Bolwby, experto en el tema del vínculo, para el gemelo la persona de apego no es sólo su mamá, sino también su hermano. Por lo tanto, cuando en el colegio se separa a gemelos o a trillizos se enfrenta a estos niños a una doble separación.
Mientras leo estos datos, pienso en unos padres de trillizos que me consultaron hace unas semanas. Cuando sus hijos, de 3 años, empezaron el colegio, hablaron con los responsables del centro para pedir expresamente que les permitieran estar juntos. Sin embargo, en el centro existía la norma de separar a niños en esta situación y decidieron hacerlo así. Resultado: los trillizos lo pasaron muy mal y sufrieron un importante retroceso en su desarrollo (de repente volvieron a hacerse pis en la cama, a aferrarse a sus mascotas, a llorar y protestar por todo…). Fueron unas semanas duras para toda la familia.
Ahora, gracias a la paciencia y al amor de los padres, los niños van haciéndose a la situación (menos uno de ellos, que todavía no ha vuelto a ser el de antes). Pero yo me pregunto: ¿a qué precio? ¿Y con qué objetivo? Los niños necesitan vivir un periodo de dependencia antes de poder ser independientes.
Con los gemelos y trillizos hay que entender que en ellos esta fase puede ser más larga y más intensa, y que forzarlos a estar separados  no conseguirá que la superen antes, sino todo lo contrario Si les dejamos vivir este periodo, ellos mismos se irán haciendo más independientes con el tiempo, el mejor aliado de la madurez infantil. Y esto es justo lo que el estudio de la Universidad de Ámsterdam acaba de confirmar. Ahora falta que en la vida real se tengan en cuenta estos resultados.

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9
Oct

Siéntate conmigo

Acompaño a mi sobrino, de 5 años, a su clase de natación. Es la segunda vez que va. Mucho antes de entrar ya huelo este olor característico de las piscinas cubiertas. ¡Qué recuerdos de infancia! El niño también lo nota y exclama entusiasmado: “Ya huelo el agua, tía”.

piscinaNos dirigimos a la salita donde los niños se desvisten. Mi sobrino ya es ‘mayor’ y lo hace todo solo. Cuando suena la musiquita que indica que podemos entrar, le acompaño hasta la puerta y, después de darle un beso, me dispongo a marcharme.

Pero, de repente, me coge de la mano. “Mamá, a ti también te dejan entrar… ¿te sientas un poco conmigo?” me susurra al oído. Debe estar nervioso y por ello me llama “mamá”. Me enternece esta equivocación y entro con él. Dentro, una madre consuela a su hijo, que llora en su regazo. “Tiene miedo”, me explica “pero en cuanto está dentro del agua se lo pasa genial”.

Mi sobrino, reconfortado por mi presencia, se sienta ya con los niños. Mientras le miro pienso con ternura en lo tímido que es, igual que su padre. Me hace gracia porque en algunos aspectos es mayor, habla y razona como un niño de 7 u 8 años, pero a nivel emocional es más pequeño. Le da apuro, por ejemplo, sentarse con personas que apenas conoce.

La monitora de natación coge su libreta y va leyendo los nombres de los niños. Mi sobrino se levanta alegre cuando oye su nombre. Me parece que ya puedo irme, así que le hago un gesto de despedida y me lo devuelve alegremente.

Me dirijo al bar para esperar a que salga tomándome un café y reflexionando sobre los miedos de los niños pequeños. Solemos decir que la infancia es la época más feliz de la vida humana y, afortunadamente, para muchos niños, en los países desarrollados, es así. Pero también tienen que enfrentarse a retos y a situaciones nuevas que les causan angustia, también se preocupan por cuestiones que a nosotros nos parecen tonterías y que para ellos son enormes escollos. Y eso es algo que olvidamos con mucha frecuencia.

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17
Sep

¿SERÉ UNA BUENA MADRE?

Hace unas semanas vi en la consulta a Yolanda. En ese momento estaba embarazada de 2 meses y me había pedido cita porque tenía problemas de ansiedad. ‘Me siento feliz con mi embarazo’ –me contó nada más sentarse–. Pero, no sé, al mismo tiempo estoy muy nerviosa y me pregunto si he hecho bien en dar este paso. Me preocupa todo, incluso cosas como si sabré elegir el mejor nombre para mi bebé. Tengo miedo, pienso que si no doy con un buen nombre, todo irá mal’. Escuchándola hablar fui descubriendo que lo que en realidad le daba miedo era no ser una buena madre. ¿Cómo fue la relación con tu madre?’ le pregunté. Ante la cuestión aparecieron las lágrimas que hasta ese momento había intentado retener. ‘Nunca tuve una buena relación con ella. Es una persona distante, fría y crítica. Si voy a ser como ella, me muero’.

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La ansiedad que sentía Yolanda desde que se había quedado embarazada se entendía fácilmente: como niña nunca se sintió a gusto con su progenitora. Y el dolor que sintió entonces se acrecentaba con la nueva situación, acompañado por el miedo a ser como ella. Afortunadamente tuvo una abuela que la quería mucho, así que encontró un ejemplo de amor materno. Y esto es positivo.

La situación que vivió Yolanda no tiene por qué repetirse. En mis siguientes sesiones con ella voy descubriendo que es una persona muy distinta a su madre; es cariñosa, afectiva, mimosa… Pero es lógico que sintiera este miedo, ya que a fin de cuentas los patrones familiares que hemos vivido en nuestra infancia quedan grabados en nuestro interior y es fácil repetirlos. Por fortuna, Yolanda ha sabido reconocer el problema y enfrentarse a él con valentía. En estas semanas, a lo largo de varias sesiones, ha ido analizando y reviviendo todo lo que sentía sobre su pasado. Como adulta, ha sido capaz de desengranar los entresijos de su infancia y llegar a entender que la actitud de su madre escondía en realidad una dificultad para amar profundamente. Al mismo tiempo ha comprendido por primera vez que esto no tiene que ver con ella como persona. Gracias a este trabajo interior se ha liberado de decepciones y de un dolor que había calado profundamente en ella.

Así, poco a poco, Yolanda ha ido liberándose y despejando el camino para disfrutar y vivir plenamente su propia maternidad. No tengo dudas de que va a ser una madre estupenda. Y el buen vínculo que establecerá con su bebé suavizará en parte el dolor de no haber tenido una buena madre.

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