Enojado presidente
Por delante vaya, presidente, que aquí un servidor, y los cabales de la prensa, entendemos que la infancia es sagrada, o sea, intocable, y por tanto merece el anonimato exigible. Lo dicta la ley, de arranque, y lo aconseja el sentido común. Con toda la polémica de las fotos de sus hijas, Alba y Laura, junto al matrimonio Obama, lo que uno ve, modestamente, es que se confunden, a tiro de flash, la vida pública y la privada, y así es difícil saber cuándo una imagen es un documento oficial y cuándo es una postal para guardar en el íntimo álbum de familia. La Casa Blanca difundió por un rato la imagen de sus hijas, en la web oficial de la presidencia de EE.UU., y se armó el terremoto mundial. Daba ya igual que luego la prensa escrita velara por la privacidad de sus hijas, y también que se esfumara la foto difundida en la Red, por la vía de urgencia. La foto estuvo ahí, y los curiosos de Internet se dedicaron a poner pies a esa foto bajo la alegría verbal que procura el anonimato, ese exceso escalofriante. No hay como pretender la privacidad para desencadenar lo contrario. No hay como esconder una foto para que todo el mundo la busque. A los hijos de Aznar se les fotografió a menudo. Al hijo de Sarkozy, menor de edad, le acaban de inmortalizar para las hemerotecas, al costado de Carla Bruni. La primera vez que fotografiaron al hijo de Felipe González también hubo mucho jaleo periodístico. Quiero decir que la foto de los mandatarios en familia es siempre un documento de interés social o histórico, pero la familia es asunto íntimo, por encima de todo. A mi juicio, que es el suyo, mejor que la foto no se hubiera publicado. Pero cometido el error, mejor no haber cometido más errores. Sólo traen morbo y desorden. Maledicencia.
Añadir Comentario Septiembre 30th, 2009
