Dos miradas hiper-realistas y una fiesta surrealista
Jueves, 17 de Mayo de 2007David Fincher deslumbra con la disciplina y sobriedad de su Zodiac, mientras Christian Mungiu no consigue llevar a buen puerto su 4 Months, 3 Weeks & 2 Days. Cannes no son sólo películas. En paralelo a las proyecciones existe un competido mercado de fiestas. Me invitan a la exclusiva fiesta de inauguración, que se convierte en un banquete de interesantes manjares. My Blueberry Nights sigue flotando en el ambiente.
Por Manu Yáñez Murillo
Cannes tiene la capacidad de trastornar de forma violenta tu noción del transcurso del tiempo. Llevo solo dos días de festival y sin embargo, la cantidad de experiencias vividas y emociones experimentadas rebasa fácilmente las que se suelen acumular en una semana de vida ordinaria. En lo referente a lo cinematográfico, dos son las películas que he visto desde la escritura de la anterior crónica. Se trata de dos filmes que, encontrándose en polos opuestos del espectro geográfico, industrial y referencial, comparten una cierta disposición y disciplina a la hora de enfrentarse de manera hiper-realista al estado de frustración que embarga a sus respectivas naciones, la norteamericana en el caso de la magnifica Zodiac de David Fincher, y la rumana en la mas discutible 4 Months, 3 Weeks & 2 Days de Cristian Mungiu.
Zodiac llegaba al festival con el revuelo de las estupendas criticas cosechadas por la película en Estados Unidos y con una importante representación del equipo de la película movilizad0 para su promoción (entre los que destacaban Jake Gyllenhaal y Chloe Sevigny). Y debo reconocer que las expectativas creadas (siempre peligrosas) no quedaron defraudadas por un filme que asombra y golpea con fuerza al espectador con principios y mecanismos que generalmente cotizan a la baja en el panorama del Hollywood actual: la sobriedad y la disciplina. Sobre esas dos propiedades motoras, Fincher reconstruye con mano quirúrgica y mirada distante dos décadas (de finales de los sesenta a finales de los ochenta) de investigación policíaco-periodística en torno a los crímenes de un popular y mediático asesino en serie, Zodiac. La película también sorprende al erigirse como una pieza de carácter casi artesanal sobre profesionales ejerciendo su trabajo. Gran parte del filme centra su atención en los procedimientos y costumbres laborales de sus protagonistas, todos interpretados por actores en estado de gracia, desde el periodista Paul Avery (Robert Downey Jr.) al policia David Toschi (Mark Ruffalo), pasando por el dibujante de viñetas Robert Graysmith (Jake Gyllenhaal), que en la vida real escribió el libro en el que esta basado el guión de la película.
Justamente, de ese registro pormenorizado de la investigación para descubrir al Zodiac surge la potencia dramática de la cinta. Es a través de su observación microscópica de los acontecimiento de donde terminan aflorando los diferentes registros expresivos que propone la película. Pero uno debe ser paciente, una exigencia, de nuevo, poco habitual en el cine made in Hollywood (Zodiac podría considerarse casi un OVNI en ese marco). Porque las diferentes capas de la película no emergen hasta su tercer acto. Los dos primeros (la investigación periodística y la policial) son de marcado acento realista, mientras en el tercero, protagonizado por Gyllenhaal, Fincher deconstruye lo que ha ido componiendo hasta el momento y pone en crisis la consistencia del relato exponiendo una gran paradoja: mientras, en la mayor parte del filme, los profesionales no consiguen mas que hundirse en sendas obsesivas y frustrantes, será un dibujante aprendiz de investigador el único que encontrara cierta calma para su desasosiego existencial. Es entonces cuando la película revela toda la amoralidad contenida en su estructura de “grand guignol”, así como su discurso cargado de amargura y desilusión acerca de una nación sumida en una cadena de funestos sucesos: la eclosión de la televisión como gran gestor de la información, la decadencia del post-hippismo (con sus victimas de carne y hueso), y la crisis de valores de una América compuesta por familias disfuncionales y seres al borde del autismo.
Fincher, contenido y sobrio (lejos del manierismo de Seven, El club de la lucha y La habitación del pánico), trabaja sobre tres registros formales. Uno que persigue la objetividad (la matriz del filme), otro que esboza un cierto subjetivismo (con el que la película se abre a la crueldad y la incertidumbre) y un tercero que lo observa todo desde las alturas, completando el complejo retrato social del filme, que, no cabe olvidar, es ante todo una deslumbrante muestra de genero (thriller policíaco), que consigue sus objetivos gracias a su humildad narrativa y a la riqueza de sus influencias (desde el cine de Alan J. Pakula o Sydney Lumet, al cine de profesionales que hace poco fue abordado por George Clooney en Good Night and Good Luck, pasando por la exploración poliédrica de las obsesiones humanas de La Dalia Negra de De Palma).
La otra película en competición del dia fue la rumana 4 Months, 3 Weeks & 2 Days de Cristian Mungiu, que se ha convertido en una especie de gran descubrimiento para gran parte de la prensa acreditada. En mi opinión, el filme esboza una interesante estrategia para la denuncia de una situación particular en un momento concreto (el aborto ilegal en 1987 en Rumania), pero la falta de disciplina a la hora de la aplicación del método escogido y la predisposición a la crueldad y al golpe melodramático oculto del director descompensan la película. Compuesta, en su mayor parte, por planos secuencia (estáticos en interiores y móviles en exteriores), la película se pierde en el tratamiento irregular de la elipsis y del tiempo narrativo. En lo que se refiere a las atrocidades expuestas en la película (se filma de forma detallada un aborto realizado en penosas condiciones de higiene, seguridad y control), no se le puede reprochar al director su deseo de hacer visible un drama humano soterrado por el gobierno comunista rumano, sin embargo sí se le puede reprochar la forma en que lo ha hecho. Utilizar, para la exposición en pantalla de un feto humano, una panorámica vertical casi ausente de todo el resto de la cinta y mantener ese plano sostenido a la espera de acontecimientos, me parece que bien podría abrir el debato sobre el cuestionamiento moral de la forma cinematográfica que tan bien evocaron Rivette y Godard.


La fiesta lucía una decoración a la americana de lo más pintoresca. A lo largo del enorme recinto, habían repartidas varias caravanas-tenderetes desde los que se servían variedades yankis caseras de hamburguesas y hot dogs. Jacques, con su desbordante desparpajo (foto 3), me sirvió una hamburguesa que me hizo revivir de mi estado catatonico alcanzado tras un largo día sin ingesta. Luego vino el turno de un interesante batido de limón y naranja, y poseído por la gula, la cosa fue rematada por un helado de chocolate servido con inigualable encanto por Celine y Julie (Foto 4). El evento fue rematado por una copa de champán, obsequio del serio Olivier (foto 5). Todo acabo saliendo bien, incluso pude capturar a Wong Kar-wai a su llegada al evento, con sus inseparable y características gafas de sol (foto 6). Aunque la tentación era grande, no caí a la tentadora tarta de arándanos (blueberry) que la gente se estaba sirviendo cuando marché.Para finiquitar la noche, fuimos con Mark Peranson (editor de Cinemascope) a tomar una cerveza a la terraza del Grand Hotel, donde nos encontramos con el maestro filipino Raya Martin, que a sus 23 anos ya lleva dirigida al menos una obra maestra (A short Film about the Indio Nacional). Fue curioso encontrarse con Raya en Cannes. Que un cineasta tan radical y alejado, aparentemente, de cualquier modelo de cine industrial asista a Cannes (sin película para exhibir) habla de la potencia que tiene este festival para absorber (casi succionar diría yo) todo lo que huele, sabe o parece cine.Con Raya, al que la película de Kar-wai le parecía detestable, confirmamos una interesante teoría de Mark según la cual My Blueberry Nights funciona como película espejo. Cada persona tiene una parte favorita (de las 3 que componen el filme), y dicha decisión habla a las claras de la personalidad de cada uno. También son filmes espejo Three Times de Hou Hsiao-hsien, o las trilogías de El padrino o La guerra de las galaxias. Esta manana decidí poner a prueba la teoría y funciono a las mil maravillas. Partiendo de que mi favorita es la segunda parte (la mas melodramática, protagonizada por David Strathairn y Rachel Weisz) el dibujo se completo rápidamente con Scott Foundas, de Los Angeles Weekly, al que la tercera parte (la road/movie con Natalie Portman) le parece lo único salvable del filme, y con el compañero Jordi Picatoste (de La Vanguardia) que se queda con el romanticismo naif de la primera (con Jude Law y Norah Jones de protagonistas). En cualquier caso, a un dia vista, la película de Kar-wai sigue generando discusiones, refutando la opinión de que My Blueberry Nights es una película que se olvida rápidamente. Aunque quizás este sea un argumento demasiado apresurado. A la velocidad que pasa todo por aquí, puede que en dos dias (2 semanas de las del mundo real) ya todos nos hayamos olvidado de Kar-wai. Seguiré informando al respecto.





