Las dos (o más) caras del Ché

Por Manu Yáñez Murillo

che.gifEl personaje del día. ¿Existe alguna duda? Después de Indiana Jones, el otro personaje al que se esperaba con desatadas expectativas en la 61 edición del Festival de Cannes era el Ché, cuya vida ha llevado a la pantalla el norteamericano Steven Soderbergh (director de Traffic y de la saga de los Ocean Eleven) y a quién ha encarnado el imponente Benicio del Toro. Ambos se pasearon triunfalmente por la alfombra roja de Cannes justo antes de desvelar ante el público y la crítica las más de cuatro horas del filme, proyectado en Cannes con un intermedio de quince minutos y todavía sin títulos de crédito. De este modo, la película ocupó toda la tarde del miércoles y despertó toda clase de impresiones, desde el apasionamiento de los que aplaudieron al final de la extensa sesión hasta los que abandonaron la sala con cierta apatía.

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Dos películas, muchos rostros. En realidad la aproximación de Soderbergh al Ché está compuesta de dos películas que se distribuirán de forma separada. Hace tiempo que se hace referencia a estas películas con los títulos de The Argentine y Guerrilla, pero aquí en Cannes se han presentado como Ché, Parte 1 y Parte 2. De hecho, lo que más llama la atención al observar la obra en su conjunto es la disparidad de estrategias narrativas y formales que despliegan los dos filmes. Así, mientras la Parte 1 se centra en la recreación de la figura mítica del revolucionario, la Parte 2 se encarga de retratar la intimidad del hombre en guerra. En concordancia con este planteamiento, la primera parte se erige como una suerte de collage impresionista en el que confluyen diferentes texturas y formatos, de las imágenes de apariencia documental (con entrevistas y discursos del Ché) a la recreación del avance armado de la revolución cubana, del blanco y negro al color, de 1952 a 1962, justo antes de la entrada triunfal a La Habana. Por el camino, se desvelarán las múltiples dimensiones del personaje: médico, político, ideólogo, profesor y revolucionario. En fin, un amalgama de materiales que se sirven muy agitados, directamente sacados de la dinámica coctelera con la que monta sus películas el Soderbergh. El problema surge si se espera del filme algo más que una didáctica coronación del mito, para eso hay que rebuscar en Ché, Parte 2.

El guerrillero asmático. El segundo segmento del díptico arranca en 1965, cuando el Ché se traslada a Bolivia para iniciar allí otra revolución armada, a la postre, la misión que le llevará a la muerte. Aquí, Soderbergh parece entregarse a su auténtico objetivo: el retrato del ser humano tras el icono, el asalto a la intimidad del personaje y la búsqueda de su naturaleza más genuina. Finalmente, la representación del crepúsculo de un hombre a quién la fidelidad a sus principios convirtió de forma perpetua en un hombre en guerra. Y todo ello, en lo más profundo de la selva boliviana (rodada en parajes españoles) y perdido con una tropa de fieles revolucionarios que irán desapareciendo bajo la ofensiva del ejército nacional. De hecho, los momentos más interesantes de todo el conjunto se dan cuando Soderbergh se olvida por un momento de la ideología y consigue colocar al personaje en el corazón de una contienda por la supervivencia (rozando la estrategia que caracterizaba el cine bélico del gran Samuel Fuller). Perdido entre la maleza, abatido por el asma y antes de convertirse en un mártir, Soderbergh arranca del Ché una contundente idea del compromiso y la lucha interior. En el apartado de los defectos, cabe apuntar la irregularidad de las interpretaciones, la endeble caracterización de algunos personajes secundarios y la esporádica debilidad del guión.

La imagen del día. Nuestra postal del día está protagonizada por Madonna, la diva del pop, que viajó a Cannes para presentar, en calidad de productora, el filme I Am Because We Are (Soy porque somos) en el que se llama la atención sobre el destino de un millón de niños en Malawi que han quedado huérfanos debido a los estragos provocados por el sida. En el filme, aparece el hijo adoptivo de la cantante, David, a quien Madonna integró en su familia en 2006. Además, Madonna recorrió la alfombra roja de Cannes junto con Sharon Stone, ambas anfitrionas de una gala en el marco del festival para recaudar fondos contra el sida. Los ricos y famosos pagaron hasta 150.000 dólares por una mesa para diez personas en Mougins, cerca de Cannes.

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