Archivo de Mayo de 2007

James Gray siembra la discordia con We Own the Night

Viernes, 25 de Mayo de 2007

We Own the Night de James Gray genera una intensa disparidad de opiniones tras su pase en Cannes. Tras los abucheos del primer pase de prensa, la película es recibida calurosamente en el segundo. Le Petit Majestic se convierte en el lugar oficial de reunión nocturna en el festival.
Por Manu Yáñez Murillo

Y llegó la película de la discordia. Suele suceder más de una vez durante cada edición del festival. Hallarse súbitamente sólo en la defensa de una película denostada por gran parte de los amigos y compañeros con los que se comparten los días de festival. Ya me pasó algo parecido con el filme rumano de la competencia, 4 Months, 3 Weeks & 2 Days de Cristian Mungiu, que despertó toda clase de elogios por parte de todo el espectro crítico desplazado a Cannes (desde los críticos más “radicales” hasta los de un perfil más “industrial”, parece que hasta le encanta a Todd McCarthy, mandamás de Variety), y que a mí me pareció que bordeaba una cierta mediocridad. Ayer experimenté el caso contrario.

james-gray.jpgDespués de no llegar a tiempo al pase de las 19:00 de la película We Own the Night de James Gray, protagonizada por Joaquin Phoenix, Mark Wahlberg, Eva Mendes y Robert Duvall, tuve que esperar a cazarla en el segundo pase, el de las 22:00 en la pequeña sala Bazin. Las noticias se extienden por Cannes a una velocidad vertiginosa, y aunque me aposenté en uno de los primeros lugares de la cola para ver la película, un buen rato antes de su inicio, con la intención de evitar la llegada de impresiones procedentes de la salida del pase de la Debussy, no hubo manera. La noticia se extendió como la espuma: la recepción de la película en el pase de las 19 había sido más que fría, gélida, y encima rematada con abucheos aparentemente generalizados. Así entre a ver la película de Gray, con el miedo en el cuerpo. Era difícil imaginar a esas alturas que se convertiría en una de mis preferidas de la competencia.

James Grey (que ya compitió en Cannes en 2000 con The Yards) hace cine a la vieja usanza, confiando en la fuerza organizadora de un sólido guión y en el nervio cinético de la gestualidad de los actores. Esa es, sin duda, su máxima virtud: entablar una sinuosa dialéctica entre la palabra y los cuerpos. Sobre ese férreo pacto y sobre una puesta en escena generalmente sobria, We Own the Night despliega una fascinante narración sostenida sobre tres centro temáticos (familia, culpa y redención) que transita desde una épica romántica e intimista (de los micro-mundos de la policía de Nueva York y el negocio del ocio nocturno) hasta una parte final operística, en la que se desarrolla un drama de proporciones casi bíblicas (o televisivas, si se piensa la serie 24). En ese trayecto narrativo, que se vuelve súbitamente abrupto cuando se despliegan las tres soberbias set-pieces de acción del filme, está contenido el drama de dos hermanos (Phoenix y Wahlberg) cuyas circunstancias los empujan a situarse en puntos diametralmente opuestos de la ley. Cuando el peso de la tragedia, gestionada por Gray con una pertinaz economía de medios, hace acto de presencia, la senda vital de los hermanos toma un nuevo rumbo lleno de obstáculos y que culmina en una reconciliación que no hace más que ocultar un profundo estado de frustración. Ese fue seguramente el malentendido que ha confundido a gran parte de la crítica cannoise: tras los valores familiares y de rigidez moral (policial) que dominan la superficie del relato se esconde una profunda sensación de fracaso y condena.

gray-phoenix.jpgWe Own the Night no es la primera película que en Cannes ha dibujado un perfil fatalista del presente americano. Aunque la película de Gray está ambientada a finales de los 80, su mensaje puede aplicarse al momento presente, y compartir así una perspectiva común con películas como No country For Old Man de los Coen, Zodiac de David Fincher o incluso Sicko de Michael Moore. ¿Será que, como ha pasado tantas veces a lo largo de la historia del cine, la crisis moral o ideológica de un país empuja a sus artistas a afilar sus miradas dirigidas a su propia realidad? Se trata sólo una hipótesis por confirmar.

Al salir de la proyección de la de película de Gray, los ánimos estaban encendidos. La discusión subía de tono y era necesario amenizarla con unas cervezas en el ya mítico Petit Majestic, donde nos reunimos el grupo de habituales (Jaime, Jose y Lorena). Se nos sumó Álvaro, y como se podía pronosticar, allí encontramos a los incansables colegas del FICCO (Max y Michel) acompañados por varios amigos que habían trabajado en la película de Carlos Reygadas. También correteaba por allí Raya Martin, futuro habitante del panteón de grandes autores del Planeta Cine, que nos dejó a todos de piedra cuando nos rebeló su edad: 22 añitos tiene el chaval, y eso que hace películas propias de una sabio de 80.

Luego llegaron el dúo dinámico formado por Mark Peranson y Francisco Ferreira (gran crítico portugués, conocido popularmente como “el duro” por sus contundentes y originales apreciaciones cinéfilas). Ferreira anda loco con la película de Tarantino, y va soltando a los cuatro vientos que es la película más importante de lo que llevamos de siglo XXI. Sin darnos cuenta, nos dieron casi las tres, con lo que decidimos volver a casa para estar frescos al día siguiente, sobretodo para ver la esperadísima nueva película de Naomi Kawase, su siguiente largo tras la majestuosa Shara (2003).