La Corte de Cannes
Miércoles, 10 de Mayo de 2006
La inteligencia, la modernidad y la libertad de la “Marie Antoinette” de Sofia Coppola cayó bajo la guillotina de lo políticamente correcto encarnado en el viejo cine del ganador Ken Loach. Como compensación, el Jurado presidido por Wong Kar-wai premió el riesgo y la contemporánea mirada sobre la guerra que ofrece “Flandres”, de Bruno Dumont, además de reconocer al guión y a las actrices de “Volver” (otro de los films favoritos) y la dirección de Alejandro González Iñárritu (“Babel”). Entremos a examinar la corte donde brilló, pese al jurado, la reina Coppola. por Nuria VIDAL (enviada especial).
Dentro del Laberinto del reino de “Babel”
Se podían barajar varios títulos para esta crónica de Cannes 2006: Cannes Babel, en referencia al film de Alejandro González Iñarritu; Cannes, je t’aime, siguiendo la onda del colectivo Paris, je t’aime que inauguró Un Certain Regard; El laberinto de Cannes, como homenaje al imaginativo trabajo de Guillermo del Toro que clausuró la competición… Pero me he decantado por La Corte de Cannes porque resume bastante bien lo que ha pasado en esta 59ª edición en la que hubo dos películas reales (de realeza): “Marie Antoinette”, de la norteamericana Sofia Coppola, y la francesa “Flandres”, de Bruno Dumont. La primera, guillotinada sin piedad en el Palmarés; la otra, reivindicada como contrapunto a la Palma de Oro que se llevó inesperadamente la coproducción europea “The Wind That Shakes the Barley”, de Ken Loach. ¿Por qué resulta apropiado hablar de corte y de guillotinas? Porque para casi todos los que asistíamos a este maratón de cine estaba bastante claro que nos encontrábamos ante el final de una era. La era del cine de autor tal como se ha entendido durante casi 50 años, desde que los críticos de la revista Cahiers du Cinéma se inventaron el término.
El cine de autor y el cine independiente han dominado el Festival hasta esta edición, en la que la revolución de los géneros, los formatos y los temas anuncian el final de una forma de entender los festivales con sus enormes palacios de proyecciones, tan obsoletos en la época en que el cine circula ya por otros canales de información. Fin de una era, preludio de un cambio imparable en el rumbo de la historia.
Hace años que el festival de cine más grande el mundo intenta dar un viraje en su trayectoria: primero con el dibujo animado, después con el documental y ahora, por fin, con el cine abiertamente de género. En la ecléctica selección del 2006 convivían con toda naturalidad la fantasía desbordada de “El laberinto del Fauno”, rodada en España por el mexicano Guillermo del Toro, con el rigor casi paralizante de “Juventude em marcha”, de Pedro Costa (Portugal); la interesante mirada futurista de “Southland Tales”, de Richard Kelly (USA), con la vieja comedia política de la italiana “Il Caimano”, de Nanni Moretti; la descarnada visión de la guerra contemporánea de “Flandres”, de Bruno Dumont, con la clásica narración bélica de “Indigènes”, de Rachid Bouchareb (Francia); la feliz cotidianidad de las chicas de Almodóvar en “Volver”, con la vigilante cotidianidad de las calles en la británica “Red Road”, de Andrea Arnold… Mezcla heterogénea que no dejaba indiferente a nadie en la que, por desgracia, se han colado algunos títulos indignos de un Festival como Cannes.

