Y ya está aquí otra semanita. Una nueva semana marcada, en lo cinematográfico, por los estrenos de El Perfume, Casino Royale y las recientes muertes de Philippe Noiret y Robert Altman.
Los dos, ambos primeros espadas, formarán ya para siempre en nuestro imaginario cinematográfico colectivo.
Hoy hablaré del nuevo Bond y en el siguiente texto, si me apetece, ya lo haré de El Perfume,
una coproducción internacional en gran parte rodada en Catalunya y donde podréis ver a mi vecina Lourdes. Quien, por cierto, me ha dicho que os diga que sale en la escena final. Sí, el rumor es cierto, ella es una de las que se propasó en el rodaje de la orgía multitudinaria.
Lourdes, solterona ella, tiene las manos muy largas. ¡Y tan largas! Cada dos por tres me desaparece calzoncillos del tendedero. Pero yo la entiendo, porque con mi cuerpo, su soltería y con la pasta que me pagan los de Fotogramas para llenar este blog de paridas, me puedo comprar las mejores picardías del mercadillo y esto, claro está, se comenta en el vecindario.
Y esto me lleva a Bond, a Daniel Craig, quien también –como yo mismo, por decir alguien- luce picardías y musculitos en la playita de las Bahamas a lo Bo Derek.
Hablaré de Bond. Y empezaré fuerte: Creo que es el mejor Bond en 40 años, solo comparable
con Dr. No o Goldfinger. ¿Por qué? Porque es el más humano, el más sincero, no tiene las cucamonerías de coches invisibles ni relojes con garfios, porque va al grano y porque sí; porque tiene un actorazo que encima está muy mazas, porque la chica tiene cerebro; porque es la única peli de Bond donde llueve, porque es la segunda más larga y se pasa como la más corta; porque te deja agarrado a la butaca y no mueves el culo en más de dos horas; porque sale un tipo que trepa por las paredes; porque el guión –pese a que en una escena resbala por cursi- está firmado por un guionista que ha puesto la directa hacia los libros de historia del cine, Paul Haggis; y porque se presta a hacer una crítica descerebrada pero desacomplejada sin las típicas pedanterías de contextos, intertextualidad y comparaciones que muchos críticos hacen para quedar ellos más que bien que las películas que critican (¡y que todos veamos cuantísimo saben… ooooh cuánto saben!) usando datos que hasta mi hurón encontraría en Wikipedia.
Por todo ello, y por la revolución que conlleva, no solo en el actor, si no también en el tratamiento del personaje, en la trama y por renacer al personaje del desastre que hizo Lee Tamahori en Muere otro día salvándole in extremis como hizo Christopher Nolan con su Batman Begins, digo que Casino Royale (a la que le atizo un 7’5) es la mejor peli de Bond, al menos, desde los 60.
Fechas en las que, para curiosos, se hizo otra adaptación –a lo Aterriza como puedas-de Casino Royale con, atención, Orson Welles, Peter Sellers, David Niven y… ¡Woody Allen! Y codirigida por John Huston, co-escrita por Billy Wilder… menudo pastiche…
Así que el bueno de Woody es un chico Bond. En cierta medida.

Por eso, animo a los señores de la MGM –señor Cruise, por favor, pase por recepción- a que le recuperen y en la próxima entrega de la serie, Bond 22, le incluyan como el malo de turno.
Craig Vs Allen en un duelo fraticida en un jet a reacción.
Woody Allen dándose de puñetazos con James Bond.
Esto sí que sería una buena scoop, o un buen match point.
Y de paso que la dirija David Trueba y que la chica sea Ariadna Gil, para variar.
¿Y a que venía yo aquí? Ah sí, los cortos.
Hoy no tenemos una cosecha para denominación de origen.
ZAPATOS LIMPIOS
Un corto discreto que juega con el metacine. No es nada del otro mundo pero resulta bastante simpático, que al fin y al cabo es lo que busca, porque no tiene pretensiones de ser mucho más.
Lo mejor es el orondo protagonista, creo que se llama Jose L. Adserías (si éste no es su nombre ruego que me corrijan en el foro), otro de los actores casi desconocidos que tanto suelo reivindicar y que en Barcelona ha triunfado con la obra “Zapping”, todo un éxito en los jueves del Teatreneu gracias a su proeza de improvisación.
Estoy seguro de que éste tipo tendrá su lugar en nuestro cine.
EL ANTÍDOTO.
Éste si que tiene más pretensiones, y ésta es precisamente su lacra, un handicap que no puede disimular en ningún momento y que se recuerda en cada plano. Durante todo su visionado se tiene la sensación de estar viendo un cuarto de lo que el director había concebido inicialmente. La foto y la ambientación están bastante bien, pero flaquea por demasiadas patas. Y la trama te hace moverte bastante sobre tu asiento, o sea, que no te deja ahí pegado. ¡Los polis solo hablan así en las pelis de serie!
